Lola Blasco: «Detesto que me incluyan en ciclos de teatro de mujeres»

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Un texto original -«Siglo mío, bestia mía», una revisión de un texto clásico -«En palabras de Jo… Mujercitas»- y el libreto de una ópera -«Marie»- han dado a Lola Blasco (Alicante, 1983) un sonado protagonismo en los escenarios españoles en los últimos meses. «Se han juntado los estrenos que estaban previstos para la época del confinamiento y por eso parece que no paro», explica. Al margen de esta coincidencia, Blasco es una de las puntas de lanza de la joven dramaturgia española, y de ello da fe el premio Nacinal de Literatura Dramática obtenido en 2016, precisamente por «Siglo mío, bestia mía».

Vaya racha ha encadenado.

Está siendo un momento agridulce; agradezco mucho poder estar trabajando, pero por otro lado los estrenos durante la pandemia los puede ver menos gente y hay además un ambiente triste. Pero no me puedo quejar…

Seguir con la actividad puede servir de ejemplo y de empujón para otros.

He tenido muchísimas ganas de tirar la toalla; estamos todos tocados, y yo también. Pero sí, es importante seguir adelante, dar ejemplo a los demás y resistir pase lo que pase. Es momento de resistencia, de resiliencia. Sacar ahora adelante cualquier proyecto cuesta cuatro veces más, pero es importante que lo sigamos haciendo; la cultura es la que nos está salvando en estos momentos.

¿Cree que hay que contar ya desde los escenarios este momento o hay que masticarlo todavía?

Yo no he podido todavía digerirlo del todo. No pude escribir una sola palabra durante el confinamiento. Sí creo que debo escribir sobre lo que estamos viviendo, es una manera de dar testimonio de nuestro tiempo, pero yo aún no he podido procesarlo. Necesito más tiempo. Escribiré, sí. Tal vez una novela y no una obra de teatro, para dejarle escrito a mi hija todo lo que estamos viviendo; tal vez en forma de fábula para contárselo a ella.

¿Ha cambiado su escritura desde que es madre?

Muchísimo. Antes era mucho más combativa y menos empática; la maternidad me ha dado la posibilidad de amar incondicionalmente, que es algo muy difícil, porque siempre amamos con condiciones. Y a partir de ese momento se puede comprender mejor a los demás y su sufrimiento. A partir de ser madre empecé el camino de la compasión y a acompañar a los demás en sus sufrimientos.

A la hora de escribir, ¿es más de expresar ideas o sentimientos?

Las dos cosas, cuando hago un teatro de ideas no renuncio a ser emocional. La emoción engancha con el espectador más que las ideas. Mis obras son muy diferentes: de encargo, experimentales… Y en mis textos están las dos cosas, ideas y emoción.

Sus obras tienen un lógico componente feminista. ¿Se siente militante cuando escribe?

Yo no milito en nada… No me gusta que me incluyan en ningún grupo. Sí me considero feminista, tengo dificultades como mujer, y creo que lo tengo que mostrar en el arte porque es una manera de que las cosas cambien. Muchas han cambiado, pero hay otras en las que parece que vayamos hacia atrás. Y me apetece reflejar a la mujer de este tiempo, dar voz a mujeres de más de 50 años, para las que no hay papeles a pesar de que en ese momento es cuando la mujer es más interesante, cuando puede dar otro tipo de visión de lo que supone ser mujer en este mundo. Si siempre colocamos damitas de 25 años los papeles van a ser inexpertos y la mujer va a parecer un ser menos interesante que el hombre. Y eso cada vez lo tengo más en cuenta.

¿Usted ha tenido que hacer, como dramaturga, un esfuerzo mayor que si fuera hombre?

Ahora sí me siento valorada dentro de la profesión, pero durante mucho tiempo me resultó muy difícil que se abrieran determinadas puertas. Yo he llevado mis textos a los teatros, he hecho de todo, sin conseguir nada. Hasta que no me dieron el premio Nacional no tuve la oportunidad de tener una producción en condiciones.

¿Pero esas dificultades se han agravado por el hecho de ser mujer?

Creo que sí, que tenemos que demostrar más que el hombre. En la dirección sobre todo; yo he dejado de dirigir porque no había manera de que me dejaran, me decían que si era autora no podía dirigir, pero luego he visto a otros autores a los que se les daba la oportunidad de dirigir cuando antes no lo habían hecho. Era como si no confiaran en una mujer pudiera dirigir un texto complejo creado por esa misma mujer. Cada vez menos, pero sí creo que hay diferencias entre el hombre y la mujer en el teatro. Es verdad que ahora parece lo contrario, que hay un «boom» de mujeres, y eso es tampoco es normal. Ahora la política es incluir autoras y directoras, estamos viendo mujeres que dirigen teatros… Te promocionan más por ser mujer; pero en lo que tiene que ver con el poder todavía cuesta mucho. Incluso las directoras de los teatros a veces confían más en los hombres que en las mujeres. Tenemos también un discurso diferente -y sé que me van a criticar por decirlo-, una forma de escribir distinta. No sé, quedan cositas… Lo que yo no quiero es que me metan en un ciclo de mujeres, lo detesto, ni que me den visibilidad por ser mujer. No quiero que se mencione el hecho de que soy mujer -y, menos aún, por ser joven- cada vez que estreno una obra. Lo que hay que hacer es analizar profesionalmente el trabajo que yo hago. El día en que no destaquen que la autora es mujer o que un equipo es femenino estaremos hablando ya de igualdad.

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