'Look away', el #MeToo de la música: un documental que hace tambalearse a los dioses del Olimpo del Rock

Steven Tyler junto a Julia Holcomb, una de las mujeres entrevistadas en el documental – ABC

‘Look away’, el #MeToo de la música: un documental que hace tambalearse a los dioses del Olimpo del Rock

Emitido el pasado lunes por Sky News, recoge durísimas acusaciones de agresiones sexuales, violaciones múltiples y otros abusos que incluyen a menores, y en los que estarían involucradas estrellas como Axl Rose, Steven Tyler o Kim Fowley

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Había expectación con el estreno de ‘Look Away’ el pasado lunes. Prueba de ello es que al día siguiente había pocos medios británicos que no hubiesen publicado una crítica del documental, emitido por Sky News y realizado por Sky Documentaries, y basado en los testimonios de una serie de varias mujeres que acusan a varias estrellas del rock de cometer terribles abusos en los años setenta y ochenta.

Tal como estará pensando el lector, esto no sorprende a nadie porque todo el mundo lo sabía. Era una de esas cosas que se aceptaban, y punto. Pero que ahora, con la mirada del mundo post-MeToo, son objeto de una revisión que podría hacer caer muchos mitos.

La película está basada principalmente en extensas entrevistas con dos miembros de The Runaways, Kari Krome y Jackie Fuchs, y con Julia Holcomb, que se hizo novia de Steven Tyler cuando tenía quince años. La historia de esta última, aunque ya se hizo pública hace años, resulta escalofriante.

En 1973, Holcomb y una amiga suya se propusieron conocer al líder de Aerosmith, Steven Tyler. Fueron a verle actuar a un concierto, y con la ayuda de una groupie consiguieron colarse entre bastidores y presentarse al cantante, que debió quedar prendado de ella porque se la llevó de gira y le dio un curso acelerado en drogas. «Era casi como si la ley no se aplicara a nosotros, estábamos por encima de todo», dice Holcomb en el documental. «El manager de la gira de Aerosmith decía que siempre estaba ‘esperando a que se cayera el zapato’ (‘waiting for the shoe to fall’, expresión inglés que viene a decir ‘esperando lo inevitable), y yo no era quien para cuestionarlo».

Incluso peleó judicialmente para que su madre firmara la custodia para poder cruzar las fronteras estatales con ella sin ser arrestado, y poco después le pidió matrimonio. La dejó embarazada, pero en un momento de la gira, la dejó en un apartamento de Boston y no supo nada de ella hasta pasados unos días, cuando se enteró de que el piso se había incendiado. Afortunadamente el accidente no tuvo consecuencias, pero Tyler cambió de actitud y la obligó a abortar en malas condiciones. «Me sentí realmente impotente», recuerda Holcomb. «Le rogaba a Steven que me dejara quedarme con mi bebé… Me sentía tan víctima como mi bebé, porque estaba perdiendo algo que quería». Después de la intervención, Tyler ni se despidió de ella: contactó con sus abogados para que le pidieran un taxi que la llevase al aeropuerto, y de ahí vuelta a casa. «La verdad es que estaba muy perdida», confiesa Holcomb. «Me metí en un mundo mi peligroso, y creo que salí viva de milagro».

Esta escabrosa historia ya era conocida, así que el verdadero potencial de ‘Look Away’ (‘Mira para otro lado’, título inspirado en una canción de Iggy Pop en la que relata cómo se acostó con una groupie de 13 años, la famosa Sable Starr) reside en las declaraciones de las dos componentes de The Runaways, que para empezar, señalan que los rockeros han hecho demasiadas canciones sobre ‘little girls’ (niñas pequeñas). La guitarrista Jackie Fuchs narra cómo fue violada en una habitación llena de gente por parte del mánager de su banda, Kim Fowley, después de que la drogara. «Me dieron un Quaalude, y cuando yo ya estaba mareada nuestro manager me empezó a violar mientras otros miraban. Había tres hombres adultos en la habitación, uno de ellos estaba ayudando a otro a cometer horribles actos de violencia sexual contra otra adolescente». Fuchs lo cuenta con dureza pero sin pestañear, porque «hay gente que se alimenta de ver a las mujeres llorar hablando de su agresión sexual. Solo quiero decir, si eres uno de ellos: vete a la mierda. Vuestro tiempo se ha acabado».

Su compañera de grupo, Kari Krome, relata que estando en un hotel con Fowley «salió del baño desnudo, y masturbándose. Lo hizo, y lo hizo sobre mí. Sí, definitivamente fue pedofilia, pero cuando eres joven no piensas eso porque ni siquiera sabes qué es la pedofilia. Solo sabes que no es bueno». Por entonces Krome ya tenía su propio historial de abusos, ya que también cuenta cómo fue violada cuando era una niña por un miembro del personal en la trastienda de Rodney Bingenheimer’s English Disco, un lugar de moda en el Sunset Strip de Los Ángeles frecuentado por artistas como David Bowie o Led Zeppelin, en el que según la leyenda se ‘servían’ menores a las estrellas del rock: «Aquel tipo me atrapó, y después me dio una Coca-Cola. Actuó como si no fuera gran cosa… En aquella época muchos de los chicos creían que no estaban haciendo nada malo. En el rock and roll está bien visto ser un chico malo, y cuando ves a todos a tu alrededor haciéndolo, se normaliza. Hay tantas historias sobre lo que sucedió allí.. chicas jóvenes caminando sin la blusa y los chicos jugando con sus tetas y esas cosas». El dueño del local se defiende en el documental diciendo que ‘no estaba para pedir el carné de identificación a nadie’.

Axl Rose y Sheila Kennedy – ABC

Sheila Kennedy, otra mujer que aparece en el documental, habla de una experiencia con Axl Rose a fines de la década de 1980. Se la presentaron al cantante de Guns ‘N’ Roses después de ser elegida la ‘Mascota del año’ de Penthouse, y según su testimonio, él la maltrató físicamente durante una relación sexual no consentida. Kennedy lo denunció, pero el caso se desestimó por falta de pruebas, entre otras cosas porque la manager de la banda permitió a Rose esconderse de la policía en su casa hasta que pasara la tormenta. «Mi trabajo era proteger al grupo», se defiende la representante.

Y he ahí la verdadera raíz del problema: las estrellas del rock eran máquinas de hacer dinero. Por eso se camufló el problema durante tanto tiempo. Tal como dice la directora del documental, Sophie Cunningham, «Hay tantas historias que simplemente no se pueden contar, y eso se debe al dinero y al poder, el éxito y la fama son muy poderosos para mantener a la gente callada. Había estructuras de poder que se lo permitían todo a las estrellas del rock; mientras vendieran discos y ganaran dinero para las grandes compañías discográficas, la norma general era que podían salirse con la suya con cualquier cosa, y también que todo podría excusarse como un exceso de aquella época».

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