Los 48 folios del «maleficio» de Federico García Lorca

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Fue hace algo más de un siglo. El 22 de marzo de 1920. Un jovencísimo Federico García Lorca (21 años), que había llegado a Madrid dos años antes desde Granada, rendía cuentas por primera vez ante el «gran público» con el estreno de «El maleficio de la mariposa». Lo hacía, nada más y nada menos, que en el Teatro de Arte, emplazado en el mismo lugar donde se halla hoy día la discoteca Joy Eslava, en la céntrica calle Arenal. Un espacio emblemático, gestionado por el matrimonio formado por Gregorio Martínez y María de la O Lejárraga, donde se programaban propuestas comerciales y «lo que no cabía en ninguna parte». Y ahí es donde entraba un García Lorca nada conocido y que hasta la fecha sólo había publicado «Impresiones y paisajes» gracias al patrocinio de su padre.

«El maleficio de la mariposa», una «comedia» dividida en dos actos y un prólogo protagonizada por personajes que representaban a insectos hablando en verso sobre temas trascendentales como el amor o la muerte, fue un absoluto fracaso. Las críticas de la prensa de la época fueron demoledoras, aunque, como explica Emilio Peral, profesor de la Universidad Complutense de Madrid, también hubo quien vio algo más «y dijo, cuidado que aquí hay un poeta». El tiempo les dio la razón.

Carta remitida por Gregorio Martínez Sierra a Federico García Lorca

Recibido con abucheos

En este 2020 se cumplen cien años de aquel momento amargo para García Lorca –tuvo que escuchar incluso los abucheos del respetable en las cuatro representaciones que se programaron–, pero que tiene una enorme importancia en la literatura del propio Federico y, en consecuencia, en la literatura española por un motivo: porque «El maleficio de la mariposa» permite entender de dónde viene el teatro de Lorca y, por tanto, los orígenes del teatro español moderno. Por esta razón, la Fundación Federico García Lorca planteó una exposición, coorganizada por el Consorcio Centro García Lorca, que se podrá disfrutar a partir de esta semana y que gira en torno «a una de las piezas menos conocidas y estudiadas de Federico», como señala la directora del Centro Lorca, Sara Navarro.

Fotografía de Catalina Bárcena (1920), con dedicatoria manuscrita: «Para Federico García Lorca recuerdo cariñoso de su admiradora y amiga Catalina Bárcena»
Fotografía de Catalina Bárcena (1920), con dedicatoria manuscrita: «Para Federico García Lorca recuerdo cariñoso de su admiradora y amiga Catalina Bárcena» – Archivo Fundación Federico García Lorca/Centro Federico García Lorca

El manuscrito de «El maleficio de la mariposa», compuesto por cuarenta y ocho folios, es una de las grandes joyas que se guardan en la cámara acorazada del edificio de la plaza de la Romanilla. Emilio Peral, que también ejerce como comisario de esta nueva muestra del Centro Lorca, conoce perfectamente de la primera a la última letra de este documento. «Es limpio, se ha conservado bien», asegura. El manuscrito se perdió durante muchos años. Una vez aparecido, se comprobó que estaba incompleto. Le faltaban las últimas hojas, lo que obligó a presuponer el desenlace. Según Francisco García Lorca, termina con el suicidio del protagonista, una hipótesis que parece deducirse también de los comentarios aparecidos en los periódicos. La fábula transcurre entre cucarachas –«curianas» en el lenguaje lorquiano–. Curianito, que sufre el desprecio por su vocación poética, se enamora de una mariposa con un ala rota que acaba de llegar a la colonia, un amor que nunca fue correspondido. Cuando Curianito se declara, mariposa inicia una danza que agotará sus fuerzas y acaba con su fallecimiento.

«Llama la atención –explica Emilio Peral– la letra de Lorca, que evolucionó con el paso del tiempo». «Una letra joven, nítida y legible, muy redonda, que evidencia el deseo de que se le entienda bien, pero donde también se observa un modo de escritura que no era constante», dice Peral. «Cuando se ponía, lo hacía de forma muy pulsional y con trazo violento, con tachaduras cuando algo no le gustaba o no le salía bien, reescribiendo encima todo lo que pretendía decir».

Rafael Barradas. Cuartilla con figurín de la Mariposa Blanca. Lápiz verde – Archivo Fundación Federico García Lorca/Centro Federico García Lorca

Catalina Bárcena y la Argentinita

Respecto a aquella puesta de largo de «El maleficio de la mariposa», redactado en cuatro momentos creativos, Emilio Peral aclara que Federico sopesó previamente dos títulos, primero «La estrella del prado» y posteriormente «La ínfima comedia». «Lorca no era nadie entonces, sólo contaba con el aval de Fernando de los Ríos y de los miembros de la tertulia del Rinconcillo», comenta Peral. Gregorio Martínez quedó cautivado por una poesía de Lorca y le pidió que elaborara un texto completo. La intención de Federico era hacer algo para títeres, que en ese momento no se asociaban a niños sino a adultos y vanguardia, y al final, a instancias del propio Gregorio Martínez, que era empresario y que buscaba los mayores réditos, tuvo que plantearlo para actores convencionales disfrazados de animales.

Cartel para «The Butterfly’s Evil Spell», bajo la dirección de Johnny Simons (Duke, Estados Unidos, 1991)
Cartel para «The Butterfly’s Evil Spell», bajo la dirección de Johnny Simons (Duke, Estados Unidos, 1991) – Archivo Fundación Federico García Lorca/Centro Federico García Lorca

Entre ellos, Catalina Bárcena, primera actriz del Teatro de Arte, una de las grandes damas de la escena nacional junto a Margarita Xirgú y una mujer bellísima. Bárcena encarnó el papel masculino de «Curianito el Nene». También actuó la Argentinita como la «Mariposa». «’Curianito el Nene’ muere, que es el final perseguido por Federico, pero no el final que se ve en el escenario», resume Emilio Peral. Éste fue otro de los grandes motivos del fiasco. El original de «El maleficio de la mariposa» está sometido a unas «estrictas condiciones de conservación», indica Sara Navarro. Se guarda en una cámara para que mantenga un grado de humedad relativa del cincuenta por ciento, una temperatura de veinte grados y unos parámetros de calidad de aire garantizados gracias a unos filtros especiales –hay dos para que, en caso de que uno se averíe, comience a funcionar el segundo de forma automática–. La particularidad de los archivos en papel, según Sara Navarro, es que «son materiales muy frágiles y sensibles». Si la luz incide directamente sobre ellos, se queman. Si el grado de humedad es superior al aconsejado, se generan mohos. Y si no se emplean guantes de algodón, se manchan de grasas. «La incidencia de estos agentes puede provocar que se pierda el documento en poco tiempo», advierte Navarro.

José Francisco Corrales, boceto para el montaje de «El maleficio de la mariposa» (2002), dirigida por Shía Arbulú en la Huerta de San Vicente – Casa-Museo Huerta de San Vicente. Ayuntamiento de Granada

Manipulación y traslado

Igual de importante es la manipulación y el traslado desde la segunda planta, donde está la cámara, hasta la sala de exposiciones, en el sótano. En el caso de la exposición, que se inauguró ayer, este proceso lo llevan a cabo tres personas: Rocío Liñán, archivera del Centro Lorca; Javier Álvarez, director de la Biblioteca de Andalucía; y Sonia Manganell, conservadora del Ayuntamiento de Granada y eventualmente adscrita al Centro Lorca para este tipo de cometidos. «Todos los movimientos los hacemos con todo el cuidado del mundo y siempre provistos de guantes», explican. Lo normal es que se espere hasta que todas las vitrinas estén instaladas para hacer el depósito. La superficie de estos expositores tiene PH neutro para evitar que el contacto con el papel produzca reacciones químicas que puedan dañarlos. En el interior también hay unos sensores que informan, en tiempo real, de que las condiciones ambientales son óptimas.

Con esta exposición, con la que se conmemora los cien años de «El maleficio de la mariposa», el Centro Lorca pondrá fin a su programa expositivo para este 2020. «Para nosotros –dice Sara Navarro– esta actividad es clave porque es la manera de poner el ‘zoom’ sobre una obra y que los granadinos puedan aproximarse hasta un legado que, por su enorme relevancia y la necesidad de mantenerlo siempre en perfectas condiciones, es de acceso limitado para investigadores».

La presidenta de la Fundación García Lorca, Laura García-Lorca, señala que «cada vez que acercamos la lupa a esa cámara del Centro Lorca, llena de papeles, encontramos una historia nueva; es un fondo que no tiene fondo». Un legado impresionante, catalogado como Bien de Interés Cultural (BIC), que está conformado básicamente por manuscritos como «El maleficio de la mariposa» y por otros elementos de enorme relevancia como la biblioteca personal de Federico García Lorca con sus anotaciones personales, fotos, partituras, dibujos y también elementos de vestuario.

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