Los grandes banqueros centrales alertan de que la crisis deja a jóvenes y mujeres como grandes perdedores

Christine Lagarde en el Foro del BCE sobre banca central.

Habituados a hablar de conceptos tan inasibles como la inflación o los tipos de interés, los magos de las finanzas de las grandes economías occidentales dejaron el jueves un recado hacia los más desfavorecidos. Los jefes de los bancos centrales de Europa, EE UU e Inglaterra temen que los colectivos que ya partían de una situación más complicada —jóvenes, mujeres y trabajadores poco cualificados— resulten los grandes perjudicados de la crisis. Y que continúen pagando las consecuencias incluso una vez haya comenzado la recuperación.

La imagen era inusual. Los máximos responsables del Banco Central Europeo (BCE), Christine Lagarde, de la Reserva Federal, Jerome Powell, y del Banco de Inglaterra, Andrew Bailey, no hablaban desde la localidad portuguesa de Sintra; ni en una sala que concentrara a la flor y nata de las finanzas mundiales. En esta ocasión —epidemia obliga— cada uno estaba en su cuartel general. Y todos esperaban desde el recuadro de su pantalla el turno de la moderadora, Roula Khalaf, directora del Financial Times.

Al igual que el escenario, tampoco los temas de los grandes banqueros centrales fueron los habituales. La crisis del coronavirus lo ha trastocado todo. Y la recesión a la que un ignoto virus ha empujado al mundo fuerza a Lagarde, Powell y Bailey a mirar hacia los grandes damnificados.

“Es cada vez más evidente que las mujeres y los jóvenes se ven significativamente más afectados. Es probable que esta crisis deje, sobre todo entre los más jóvenes, cicatrices duraderas”, aseguró Lagarde, la anfitriona del foro que cada año celebra el BCE. La idea es que, una vez perdido el acceso al mercado laboral, reengancharse puede costar 10 o 15 años. Y una vez que los jóvenes hayan logrando un nuevo empleo, seguramente este estará peor pagado y con condiciones menos ventajosas. Los mayores daños sufridos por las mujeres se explican por un virus que ha golpeado sobre todo en los sectores donde ellas están más representadas, como turismo, transporte, hostelería y restauración. Por ello Lagarde insistió en la necesidad de que las autoridades apoyen a los que han perdido su puesto de trabajo con políticas fiscales agresivas. Como ya había dicho el día anterior, no es el momento de que los Gobiernos empiecen a reducir gastos, sino de todo lo contrario. De impulsar aún más ayudas para evitar que la segunda ola del virus sea aún más destructiva que la primera.

Su compañero estadounidense apuntó en la misma dirección, pero centrándose en otro segmento: los trabajadores con menos formación. Powell constató que esta crisis ha acelerado cambios tecnológicos previos a la pandemia. E insistió en que, una vez recuperada, no se volverá a la situación previa, sino a una economía más basada en la tecnología, y en la que los trabajadores de sectores como los servicios —en EE UU ocupados en mayor proporción por minorías étnicas y mujeres— tendrán unas condiciones aún más duras que antes. “El proceso de automatización se va a acelerar. Y un número sustancial de trabajadores va a necesitar apoyo hasta que encuentren su camino en la economía posterior a la pandemia. Esta será distinta de la de antes en aspectos fundamentales”, concluyó el jefe del banco central de EE UU.

En este punto, Lagarde echó una cierta dosis de optimismo. Admitió los cambios que va a sufrir la economía mencionados por Powell. Pero ella cree que aquí también habrá elementos positivos. Como ejemplo, mencionó los avances en la telemedicina o en los pagos digitales, que han crecido sustancialmente durante la pandemia y que pueden suponer un impulso para modernizar y digitalizar la economía, algo sobre lo que las autoridades europeas llevan años hablando sin lograr avances tangibles.

“Hemos visto una recuperación muy desigual. Ha afectado sobre todo a los que se dedican a los sectores que necesitan interacción humana, que suelen ser los peor pagados”, añadió el gobernador del Banco de Inglaterra. La charla de los tres gobernadores centrales hizo de broche de un foro que ha mostrado en dos días los nuevos vientos sobre los que cabalgan los bancos centrales. Ya no se limitan a hablar de precios y tipos de interés, sino que entran a fondo en aspectos como el cambio climático o la brecha salarial entre hombres y mujeres. Y tienen que hablar de todo esto por videoconferencia.

Los tres banqueros centrales lanzaron un mensaje similar: que Pfizer cabalgue con éxito hacia una vacuna contra el coronavirus constituye una excelente noticia para la economía global. Pero la incertidumbre es aún muy alta y conviene no lanzar las campanas al vuelo. Y mientras tanto, es necesario seguir chutando a la economía de estímulos.

Tras mostrar su alegría por la vacuna, el presidente de la Reserva Federal recordó que quedan aún muchas dudas sobre su calendario, producción, distribución y eficacia. “Es demasiado pronto para valorar sus implicaciones en la economía”, dijo Powell.

Lagarde admitió, por su parte, que ve menos incertidumbre en distintos frentes, en referencia a la victoria de Joe Biden en las elecciones en EE UU y los avances en el Brexit. Pero alertó del riesgo de una nueva cepa del virus surgida en Dinamarca, que podría hacer no funcionar la vacuna. “Es alentador. Y necesitamos noticias alentadoras. Pero la verdad es que la vacuna todavía no está aquí”, añadió el gobernador del Banco de Inglaterra.

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