Los grandes museos reivindican su condición de servicio público

Fachada del Museo del Prado – ABC

Los grandes museos reivindican su condición de servicio público

La protección a las artes en tiempos de crisis, a debate en un simposio online

Madrid Actualizado: Guardar

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Los directores de cuatro grandes museos españoles y el director artístico del Teatro Real debatieron ayer sobre la complicada situación que atraviesa la cultura en el seminario online «Arte y Estado. La protección a las artes en tiempos de crisis», dirigido por Fernando Checa y Pablo Salvador Coderch. La charla virtual, a la que se sumó Javier García Fernández, secretario general de Cultura, estuvo moderada por Encarnación Roca, vicepresidenta del Tribunal Constitucional, quien subrayó que «la cultura es un derecho fundamental y, según la Constitución, debe ser promocionada y tutelada por los poderes públicos, entre ellos el Estado. No se puede retirar, porque es titular de una obligación constitucionalmente impuesta».

Pepe Serra, director del Museo Nacional de Arte de Cataluña (MNAC), celebra que «vuelva lo público». El modelo antes del Covid, dice, «ya no era bueno, pero la pandemia ha acelerado el debate sobre el cambio de modelo. Hemos aprovechado una oleada mágica de turismo, de grandes ingresos y numerosos visitantes, pero ha alterado la sostenibilidad de los museos. Es tiempo de reformas profundas». Apuesta por que el Estado «considere los museos servicios públicos de primera necesidad, como la educación y la sanidad». Unos museos que entiende como «espacios de libertad, de memoria, de pensamiento crítico. No pueden estar sujetos a presiones economicistas, pero deben ser más exigentes con su misión social, educativa y científica».

¿Cómo sobrevivir?

Manuel Borja-Villel, director del Reina Sofía, coincide con Serra en la necesidad de cambiar el modelo de museo y de reivindicarlo como servicio público:«Se priorizó el espectáculo en los museos, se vaciaron de ideas, se externalizaron los servicios, que sufrieron una progresiva precariedad; primó el marketing, hubo competición por tener más visitantes, por aparecer más veces en los periódicos… Surgieron instituciones clónicas. Todos querían tener su Pompidou, su Prado, su Reina Sofía». Por contra, él apuesta por museos «más sostenibles, solidarios y conectados, menos narcisistas», pero se pregunta: ¿Cómo sobrevivirán muchos museos?

Guillermo Solana, director artístico del Museo Thyssen, también cree que «estamos al final de un modelo de relación museo-Estado». Disparó con bala a diestro y siniestro: a Thomas Krens, cuando dirigía el Guggenheim de Nueva York, por «inventar el museo como marca global. Los Estados europeos compraron el modelo Krens: se decidió importar turistas y exportar obras de arte. Pero, paradójicamente, siendo modelos de globalización privatizadora y neoliberal, reproducen formas de neocolonialismo imperial. Europa y América llevan patrimonio a zonas de Asia y Oceanía con dinero, pero sin patrimonio. Aparecen museos imperiales y ciudades neocoloniales, como Málaga, receptora de sucursales de museos internacionales. Y surge una nueva figura de director de museo, el director imperial, que aspira a ser un empresario transnacional, como Guy Gogeval, ex presidente del Orsay parisino. La autonomía privatizadora que se ofreció a los museos públicos europeos fue un regalo envenenado. Entraron en una dinámica insostenible de búsqueda de fondos, de visitantes… Y en el camino se destruyó la noción de bien público».

Destinos turísticos de masas

Pese a «la progresiva conversión de los museos en destinos turísticos de masas, los blockbusters (exposiciones de gran tirón mediático) y las ampliaciones de los museos con grandes proyectos arquitectónicos», Miguel Falomir, director del Prado, rompe una lanza por el modelo actual de museo:«No es tan negativo, no lo daría por finiquitado. Este sistema mixto tiene sus fortalezas. En los museos de Estados Unidos ha habido despidos masivos y recortes tremendos». Cree que la ley del Prado ha sido muy beneficiosa para la pinacoteca, pero lamenta que se pasó, por parte del Estado, del «tanto más consigues, tanto más te doy» al «tanto más ganas, tanto menos te doy», que redujo la aportación pública a la mitad entre 2010 y 2018. «Con la pandemia, se han desplomado los visitantes y los ingresos. El Prado ha sobrevivido gracias a su remanente de tesorería. En un escenario poscovid, debería haber un equilibrio 50-50 entre lo público y lo privado».

Joan Matabosch, director artístico del Teatro Real, cree que la pandemia «ha destruido el modelo. Habrá que defenderlo antes de discutir si hay que cambiarlo o no. La aportación estatal al Teatro Real es un 24% del presupuesto, el resto procede de aportaciones privadas, patrocinadores, taquilla, alquiler de espacios… Los ingresos han caído en picado. Si se quiere recuperar el modelo, hace falta que el Estado intervenga de forma muy activa. Se cambie o no el modelo, el Estado debe estar ahí».

Javier García Fernández advierte que la crisis del Covid «ha provocado que todos los sectores culturales miren al Estado para pedir ayudas, a veces con agresividad. La crisis va a ser duradera. El Estado no se puede retirar, tendrá que seguir subvencionando a las instituciones durante mucho tiempo».

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