Los museos también «mutan» por el coronavirus

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Hace unos meses que las tres Gracias de Rubens posan más que nunca ajenas a las miradas indiscretas. En 2020, muchos menos visitantes han pasado por delante de ellas en el Museo del Prado, y los que lo han hecho, se han escondido detrás de una mascarilla. El cierre de los museos durante el confinamiento, la caída del turismo y la reducción de aforos se han traducido en un año récord – esta vez a la baja – en el número de visitantes a los principales museos de nuestro país. Si bien con ciertas diferencias, las visitas han caído entre el 60 y el 70%, y los ingresos que han dejado se desploman incluso más, en algunos casos hasta el 80% frente a lo recaudado en el año anterior.

Esta caída de público afectará de manera diferente a los cerca de 1500 museos con los que cuenta nuestro país. La titularidad pública garantiza la provisión de fondos – eso sí, en el caso de los estatales ligeramente reducidos en los últimos Presupuestos Generales – para el pago de las nóminas, conservación o suministros que aseguran su actividad. Sin embargo, la imagen cambia para el 25% restante, de titularidad privada. Su viabilidad depende, principalmente, de los ingresos que son capaces de generar por sí mismos, en la mayoría de los casos, a través de la venta de entradas o gastos en su tienda. Ante este panorama, no es de extrañar que el ICOM, Comité Internacional de Museos dependiente de la UNESCO, estime que en Europa, el 65% de los museos reducirá su programación, el 25% llevará a cabo despidos en su plantilla y hasta el 4% tendrá que echar el cierre permanente.

El cierre de marzo supuso la caza y captura del único visitante posible: el digital. En este caso, la cifra récord sí ha sido al alza. Frente al año anterior, museos como el Prado han captado un 15% más de seguidores en redes sociales o registrado un 37% más de visitas a su web, consiguiendo, además, una interacción con usuarios mayor que la de otros iconos como el Louvre de París o el MoMA de Nueva York. Y aunque el canal aún no ha encontrado la manera de contribuir a la sostenibilidad financiera de sus instituciones, diferentes museos se han lanzado a cobrar por lo que antes se hacía de manera física: desde cursos digitales a tours guiados en los que el visitante pasea por el museo a través de un robot que el usuario maneja desde casa. Y si el confinamiento trajo al visitante digital, la reapertura hizo lo propio con el visitante local. Ante la falta de las típicas colas de turistas internacionales y nacionales, hay quien ha aprovechado para reencontrarse con la oferta cultural de su ciudad o simplemente para disfrutar de galerías vaciadas de palos selfie. El éxito entre el público autóctono – y las limitaciones de aforo de entorno al 70%- permitieron llenar las salas más allá de los primeros fines de semana de post-confinamiento, con centros como los CaixForum de Madrid y Barcelona colgando el cartel de entradas agotadas durante los últimos meses del año.

Con la vista puesta en el visitante local y no en los aviones y cruceros que copaban las taquillas, los esfuerzos se centran ahora en reconquistar al vecino del museo. La Casa Batlló en Barcelona, centro de gestión privada, en una difícil búsqueda por sustituir los ingresos perdidos por la falta de turismo, replanteó su propuesta de cara al público local a través de iniciativas como eventos nocturnos en la terraza o visitas escolares a puerta cerrada. A estas iniciativas se unen otras como las de la National Gallery de Londres, que amplió dos horas su cierre para atender la demanda de visitantes. Medidas para adaptarse a las necesidades de un nuevo público y que contrastan con la pasividad de otro centros que llegan a cerrar sus puertas durante la tarde de los domingos, uno de los momentos clave para la visita del local.

El corto plazo de nuestros museos pasará por encontrar la manera de atender y monetizar la demanda digital, y por hacer que el ciudadano local no solo visite el museo, sino que vuelva. El medio plazo necesitará replantear el modelo vigente hasta hace apenas unos meses. No es posible esperar a 2022 para volver a poner en marcha un sistema atrapado en el turismo y en el que el museo ha llegado a convertirse en una atracción ajena a su comunidad. Es el momento de equilibrar el modelo y construir la “nueva relación entre cada ciudadano y el patrimonio histórico de su país” que menciona Alberto Garlandini, presidente del ICOM.

Sea cual sea la hoja de ruta de su casa, las tres Gracias seguirán esperando a que visitantes locales y foráneos, con o sin mascarilla, sigamos disfrutando de su presencia.

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https://www.abc.es/cultura/abci-museos-coronavirus-nsv-202101131922_noticia.html

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