Los otros catalanes de la operación Volhov

La nota de prensa enviada por la Guardia Civil para informar de las detenciones del llamado Estat major del expresidente Carles Puigdemont bautizaba esta actuación bajo amparo judicial como Operación Volhov . De inmediato se desencadenaron las reacciones, tanto por la desmesura de las detenciones y acusaciones como por el nombre escogido: el del río ruso Volhov, escenario en otoño de 1941 de una cruenta batalla del ejército nazi, reforzado por los voluntarios españoles de la División Azul, contra el ejército soviético.

Fuentes extraoficiales quisieron rebajar la polémica señalando que se trataba de un error ya que cuando se empezó a hablar de esta operación, en noviembre del 2019, se la llamaba Voloh , nombre de un dios eslavo de la tierra. Entretanto se había grabado la delirante conversación en la que el activista Víctor Tarradellas asegura que un emisario del Kremlin le había prometido “diez mil soldado rusos” (sic) de apoyo a la causa independentista. Y de aquí pudo surgir el lapsus linguae, ¿si es que lo es?

En Barcelona, el falangista Luys de Santa Marina impulsó la entidad Amigos de Alemania

El historiador Xavier Moreno Julià (Voluntaris catalans ‘contra el boltxevisme’, 1941-1954) ha escrito que “la División Azul forma parte de nuestra historia”, refiriéndose a Catalunya. De los 47.000 voluntarios españoles, unos dos mil eran catalanes, con distintas razones para alistarse a la División Azul. Por una parte, el sector falangista más comprometido lo veía, como Franco, una manera de retornar a Hitler el favor de su ayuda durante la guerra y continuar la cruzada anticomunista. En Barcelona, en un contexto de germanofilia, se había creado además la entidad Amigos de Alemania, que tenía como ideólogo a Luys de Santa Marina, director de Solidaridad Nacional y presidente del Ateneo barcelonés. Pero a la División Azul también se apuntaron soldados de leva que preferían una paga superior a la de la legión y civiles que querían borrar a su pasado republicano o simplemente huir de la posguerra o del servicio militar. Con todo, el reclutamiento en Catalunya fue escaso y se tuvo que completar la unidad con voluntarios valencianos. Y un detalle curioso: para equipar a aquellos voluntarios se tuvo que recurrir a guerreras, pantalones, botas y gorros incautados al ejército republicano.

Los voluntarios tuvieron que recorrer 900 kilómetros a pie para llegar hasta el frente ruso

El desplazamiento ya fue ya una tortura: protestas en Francia al pasar en tren; un mes de instrucción en Alemania, 53 días de viaje en tren y a pie hasta Rusia. Hicieron 900 kilómetros a pie, soportando bajísimas temperaturas. Hasta llegar al frente del río Volhov, no lejos de Leningrado. Allí empezaron los sangrientos combates. Y las muertes, también por el frío. Solo en un día, el 10 de febrero de 1943, murieron 1.125 hombres de la División Azul. En total dejaron la vida unos cinco mil divisionarios.

El general Moscardo durante una visita al frente ruso para dar ánimos a los voluntarios de la División Azul
El general Moscardo durante una visita al frente ruso para dar ánimos a los voluntarios de la División Azul (Culture Club / Getty)

El primer muerto barcelonés, Tiburci Borràs, fue tratado como un héroe. Lo m ismo que el soldado leridano Jaume Farré, que salvó a un herido y fue condecorado con la Medalla Militar Individual (después hizo carrera militar, llegó a general y fue defensor de uno de los encausados del 23-F). Otros héroes reconocidos fueron el capitán Salvador Massip o el cura Josep Comas Gros que estuvo en el infierno verde, junto al Volhov (después fue secretario del obispo Modrego y canónigo de la catedral de Barcelona).

Luis Romero, Tomás Salvador y Dionisio Ridruejo escribieron sobre la experiencia en Rusia

Entre los voluntarios había también gente de letras, como el cineasta García Berlanga, el director de La Codorniz Alvaro de la Iglesia o el sociólogo José Luis Pinillos. De entre los catalanes, Luis Romero describió la experiencia en la novela Tudá (1957), cuando ya había ganado el premio Nadal. Y también Tomás Salvador, policía y escritor, autor de División 250 (1954). Años más tarde el falangista Dionisio Ridruejo, ya reconvertido en demócrata y amigo de Catalunya, publicaría Los cuadernos de Rusia (1978).

Este dramático episodio de guerra inspiró a la escritora barcelonesa Carmen de Rafael Marés ( Carmen Kurtz ), que ganó el premio Planeta de 1956 con El desconocido. Narra la historia de uno divisionario que llega al puerto de Barcelona, el 2 de abril de 1954, con el barco Semiramis , junto con otros prisioneros liberados del gulag (habían sido capturados por los soviéticos). Un año antes, Jaume Salom había estrenado la obra El mensaje, que hablaba también de uno de los prisioneros retornados del gulag.

Llegada a Barcelona de los últimos voluntarios de la División azul, en 1954. Eran los que habían sido capurados por los soviéticos y enviados al Gulag.
Llegada a Barcelona de los últimos voluntarios de la División azul, en 1954. Eran los que habían sido capurados por los soviéticos y enviados al Gulag. (CARLOS PEREZ DE ROZAS)
Las imágenes del desembarco de prisioneros del barco 'Semiramis' eran de Carlos Pérez de Rozas, que cubría el evento, y falleció repentinamente
Las imágenes del desembarco de prisioneros del barco ‘Semiramis’ eran de Carlos Pérez de Rozas, que cubría el evento, y falleció repentinamente (CARLOS PEREZ DE ROZAS)

Y una de las últimas novelas entorno a la División Azul ha sido la de Antoni Munné-Jordà titulada Dins el riu, entre els joncs (1978), basada en el testimonio de su padre y un tío que también participaron. Ellos, y los dos mil voluntarios de aquella División Azul, son los verdaderos y únicos protagonistas del Volhov.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *