Los Picoletos: «No tenemos pudor en tirarnos al fango para obtener luego resultados muy pulidos»

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Nombre completo: Fabro Tranchida y Dante Litvak. Lugar y fecha de nacimiento: 1987 y 1990, en Buenos Aires (Argentina), respectivamente. Residencia actual: Bilbao. Formación: Fabro es licenciado en gestión de arte y cultura por la Universidad Nacional Tres de Febrero (UNTREF) y profesor de Historia del Arte en la Cátedra Historia de la Cultura I, en esa misma institución argentina. Por su parte, Dante es licenciado en artes visuales por la Universidad Nacional de las Artes (UNA) de Buenos Aires, y cuenta con la carrera de cine y televisión por el centro de investigación cinematográfica (CiC) de la capital argentina. Ocupación actual: Fabro forma parte del grupo de investigación «Narrativas neobarrocas en el arte contemporáneo argentino», dependiente del departamento de Arte y Cultura de la UNTREF. Ambos son colaboradores en Radio Euskadi en la sección «Jóvenes monstruos».

Qué les interesa. Para iniciar de manera solemne, podemos decirte que con nuestro trabajo investigamos y registramos diversas identidades juveniles disidentes de hoy y del pasado, analizando sus maneras de evolucionar y de contradecirse en el tiempo, a la vez que analizamos cómo estas subculturas luchan por sostenerse y reinventarse. Pero, ¡joder! Todo eso se resume en que ponemos el acento en la cultura punk, queer y skater

Cuando estas tres palabras van juntas y representan lo mismo, de puta madre, pero no siempre sucede así. En el skate, por ejemplo, todavía te encuentras muchos prejuicios que vienen de una masculinidad hegemónica que flipas. Así nos lo cuenta un skater de Algorta que entrevistamos para nuestra «Guía práctica para jóvenes monstruos», un libro con textos y dibujos que editamos este año.

Nos interesa la parte histórica de estos movimientos, pero más aún las pequeñas historias que sólo conocemos cuando nos hacemos amigos en los skateparks de las ciudades a las que llegamos. Eso comenzó en Buenos Aires y siguió por Madrid, Málaga, Barcelona, París y Bilbao, ¡ciudad que nos atrapó!

Detalle del montaje de «Fuegos fatuos» – L. P.

¿Por qué ese nombre para el grupo? Pues eso viene directamente del cine quinqui, de las pelis de  Eloy de la Iglesia. En muchas de ellas vemos a José Luis Manzano u otros chavales gritar «¡Cuidado, que ahí vienen los picoletos!». De modo que nos bautizamos así porque en Buenos Aires nadie sabe qué significa aquello. Allá la forma despectiva de referirse a la policía es «yuta», «cana» o «ratis», aunque hay varios más. Pero por la relación directa que hay entre Buenos Aires e Italia (la mezcla de dialectos de nuestros abuelos) muchos creen allí que picoletos deriva de piccolo o piccolini (pequeños)… Y ambos tenemos eso en común: que somos muy bajitos.

«Carro 6. Kontuz» – L. P.

De dónde vienen. Hemos trabajado en Buenos Aires, Madrid, Donosti, Bilbao, La Plata, la Córdoba argentina… Navajeros fue una experiencia bonita porque fue nuestra primera expo en Madrid, en la Factoría de Arte y Desarrollo dirigida por Toni Mondragón. La expo la comisarió Guillermo Martín Bermejo y, ¿qué decirte? El Guille es un crack. Tenemos muy buenos recuerdos porque Guillermo y Toni son muy majos. En esa expo presentamos los primeros retratos de la investigación sobre la chavalería que comenzamos en Bilbao. Fue un inicio de muchas cosas.

Otro proyecto a destacar es nuestra última expo, Incubadoras, que inauguramos a principio de año en BilbaoArte y concluyó justo antes de la cuarentena. Presentamos la investigación completa sobre la juventud de Bilbao, con una instalación de neveras con retratos de estos y una rampa de skate que construimos con cera votiva, entre otras piezas. Aquí también nos trataron super bien, desde Juan Zapater, el director de BilbaoArte a jefes de taller como Aitor Arakistain: ¡Unos grandes, en lo profesional y como personas. BilbaoArte es un lujo por la calidad profesional y humana que encuentras allí.

Detalle del montaje de «Incubadoras», para BilbaoArte – Jorge Isla

Supieron que se dedicarían al arte…

Dante: Desde niño me vi enganchadísimo al dibujo y nunca lo abandoné. Como a los 13 años me enamoré de los comics, pero en vez de arrancar con Batman flipe con «100 Balas», de editorial Vertigo, historias de pandilleros, mafia y cosas así. A partir de ahí mi termómetro de frikismo fue en aumento, sumándose a mi afición por el punk, el skate, luego la pintura o tocar la batería. Fui creando mi propio combo y experimentado mucho. Lo sigo haciendo hoy con el doctor Tranchida.

Fabro: Yo creo que me di cuenta cuando tenía como 8 años. Era una tarde de domingo en casa de mis abuelos —típica reunión de familión italiano completo— y yo estaba en mi mundo, dibujando unos comics con personajes que me inventaba. Entonces algún familiar interrumpiendo mi dibujo me hizo la típica pregunta: «Y vos, ¿qué querés ser cuando seas grande?». Yo dije que dibujante de comics. Pero me dijeron «bueno, pero eso es un hobby, porque trabajar de eso no da plata». Entonces desde ese día odié la palabra hobby y me dije «voy a ser dibujante de comics igual». Me acuerdo que mi abuela, que era la que mejor me entendía, me dijo: «A vos, si te gusta, estudias Bellas Artes y ya está. No le des un cazzo de bola a nadie». Así que seguí siendo ese pibe nerd que prefería quedarse dibujando. Es algo que nunca cambió, porque todos nuestros proyectos arrancan con un dibujo. Aunque nuestro tema sea la calle primero tenemos que dibujarla para entenderla.

L. P.

¿Qué es lo más extraño que han tenido que hacer en el arte para «sobrevivir»?

Dante: Como curro en relación al arte, de lo más loco que viví fue trabajar como asistente de Anish Kapoor para su instalación Destierro, en el Parque de la Memoria de Buenos Aires. Tuve que resolver levantar la pala hidráulica de un tractor bañado en pigmento azul, que funcionaba como núcleo de la instalación, el cual, al tener el motor roto, solo se la podía elevar cortando tacos de madera a toda velocidad he ir superponiéndolos para avanzar centímetro a centímetro, con cuidado de que la pala no cediera y se viniese abajo. Fueron momentos de suma tensión, con muy poco margen para inaugurar.

Fabro: Y te olvidaste mencionar que te hicieron vestir como un teletubbie blanco.

Dante: [Ríe] Bueno, era un traje especial para evitar quedar loco por inhalar el pigmento.

Fabro: En mi caso, ¿lo más raro? Hace unos años una tía muy pija me llamó para comisariar una colectiva en un hotel del barrio cerrado más pijo que existe en las afueras de Buenos Aires. Era todo un delirio astral. Yo creo que ella no sabía si era coleccionista o astróloga, como esas que tiran las cartas en la tele. Nos hizo hacer «ejercicios espirituales» a todos los que participábamos en el evento, en plan tomarnos de las manos, y, ¡joder!, sentía que eso era la secta de Osho. Por suerte no me secuestraron. La expo se hizo, pero jamás vi un duro. Pero oye, igual eso no es raro… Ahora que lo pienso, esto es de lo más común en el mundillo del arte…

Detalle de «Incubadoras» (2020) – Jorge Isla

Su yo «virtual». Le damos mucha caña a Instagram porque hoy todo pasa por allí y es el canal que te dirige a nuestra web, lospicoletos.com, donde están todos nuestros proyectos y una tienda que nos hemos montado con venta de obras y láminas (¡Compren compren!). Nos interesa poder comunicar todas nuestras movidas. Estamos más a favor que en contra de las redes. Por ejemplo, cuando estábamos aburridísimos en cuarentena hicimos tutoriales de acuarela en vivo y también dimos charlas en zoom sobre la cultura punk en el arte y sobre artistas skaters, entre otras cosas.

Fotografía del proyecto «Nudillos rotos», con El Niño de Elche – F. Castro Picazzo

Dónde está cuando no hace arte. Hhace poco comenzamos con nuestra propia sección en Radio Euskai que se llama «Jóvenes monstruos». Nos invitó nuestro querido Galder Pérez para incluirla como apartado en su programa Graffitti. Salimos todos los martes a las 18.30h y es un espacio donde ponemos en la mesa a todos nuestros monstruos favoritos. Desde El Pirri hasta River Phoenix. En un programa, por ejemplo, hablamos de las bandas sonoras de los videojuegos de skate; en otro, sobre el cine quinqui, y así… Estamos muy contentos con esto de salir en la radio porque también nos permite ampliar las investigaciones de nuestra obra.

Una de las piezas de «Incubadoras» (2020) – G. P.

Le gustarán si conoce a… Pasolini, Larry Clark, Eloy de la Iglesia, David Lynch… Son los autores de cabecera. Todos cineastas, pero que abordan otros lenguajes. En otro «mezcladito» se nos vienen a la cabeza Genesis P-Orridge, Philip-Lorca diCorcia, Gore Vidal, Bart Simpson, Val del Omar, Ed Templeton…

De los colegas, hay muchos destacables. Pero a uno al que queremos mucho es al Paco, El Niño de Elche. Es un máquina. Hicimos algunas colaboraciones con él. Él puso la voz a los discursos que regían nuestras acciones en Abanderados, la performance que hicimos el año pasado en la Juan Gallery, y en 2018 coincidimos los tres en Buenos Aires para grabar otra en una fábrica abandonada a puro punk y patín. Pero esto aún no se estrenó.

Otro colega al que queremos mucho es Adrián Castañeda, que tiene una obra que nos flipa. Su discurso visual nos recuerda a los conceptualismos de la década del 70 en Argentina, a la obra de artistas como Víctor Grippo u Horacio Zabala. Al Adri le invitamos para cerrar Incubadoras. Hizo una performance en la que cocinó una paella que luego repartió paella entre el público. Una pasada.

Los picoletos, durante algunas de las actividades de «Incubadoras» – L. P.

Qué se trae ahora entre manos. Ahora mismo trabajamos en una pieza que se titula Homenaje al skatepark de Deusto, que es un barrio de Bilbao. Resulta que este skatepark, que se inauguró en 1987, fue demolido convenientemente cuando aún no se podía patinar, en la fase 3 del estado de alarma. Esto nos cayó muy mal. Entonces, para corporizar la memoria de este sitio tan importante para la subcultura bilbaína, decidimos realizar una pieza escultórica que funcione como cápsula del tiempo y documento de cultura. Estamos trabajando otra vez con la práctica popular del exvoto en cera (algo muy típico en las iglesias latinoamericanas), moldeando un relicario que a su vez tendrá dos barandillas que aluden al park, de las que colgarán exvotos que hablan de cómo el cuerpo del patinador se modifica con el skate. El relicario tendrá la función de custodiar un pendrive que contendrá un trabajo de investigación en torno a la historia del lugar. Habrá entrevistas a skaters de Bilbo, material audiovisual y material de hemeroteca.

Una de las piezas de la serie «Incubadoras»
Una de las piezas de la serie «Incubadoras» – L. P.

Proyecto favorito hasta el momento. Fuegos fatuos, que es el proyecto que consideramos más importante por el hecho de habernos dejado una experiencia en el modo de trabajar, la cual marcó nuestros siguientes proyectos. La cosa en ese caso iba de skaters argentinos que habían tenido accidentes machacando sus patines. Fue una gran instalación en una sala del Centro Cultural San Martín, en Buenos Aires. Todo estaba pensado en generar una atmósfera, iluminando desde el suelo. Las piezas integraban una mezcla de fotografías producidas por nosotros de forma muy específica para cada personaje. Eso, a su vez, lo mezclamos con dibujo, material de archivo como radiografías de huesos rotos de los chicos, objetos y fotos caseras de la chavalería porteña. No abandonamos la imagen bidimensional de la foto y el dibujo, pero la pensamos y resolvimos en el espacio como nos dio la gana, siempre de la mano de la buena chatarra, con martillazos certeros.

Detalle de «Fuegos fatuos» – L. P.

¿Por qué tenemos que confiar en ellos? ¡Nunca confíes en un Picoleto! Nuestro aporte —o por lo menos es algo que captamos y aprovechamos— tiene que ver con saturar, hasta la muerte si lo vemos necesario, y a la vez pillar una lógica súper pulida para las imágenes. No nos planteamos seguir una línea muy determinada: más bien oscilamos entre técnicas y medios; lo que se mantiene pasa por lo conceptual. En otras palabras, no tenemos pudor en estirarnos desde un fango de lo neo-barroco, como diría Severo Sarduy (o, mejor, «neo-barroso», como decía Perlongher) hasta aquello que Byung-Chul Han llama críticamente «lo pulido».

Una de las «performances» integradas en el proyecto «Incubadoras» – L. P.

¿Dónde se ven de aquí a un año? En Bilbao como centro de operaciones y patín, aunque no descartamos la posibilidad de buscar nuevos destinos posteriores.

¿A quién cedería el testigo de esta entrevista? A Adrián Castañeda.

Defínase en un trazo. Pues nos ha salido este pokemón, que tiene lo peor de ambos…

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