¿Los políticos franceses respetan más la tauromaquia? "No hay tantos complejos"

Tras ser elegido este verano, el primer ministro de Francia, Jean Castex, señaló que los toros son "historia y cultura". Nació en Vic-Fezensac, una ciudad…

Tras ser elegido este verano, el primer ministro de Francia, Jean Castex, señaló que los toros son «historia y cultura». Nació en Vic-Fezensac, una ciudad del sureste francés, donde «si no eres de rugby o toros estás proscrito», añadió. El pasado 8 de octubre, la Asamblea Nacional francesa tumbó tres iniciativas antitaurinas que pretendían prohibir la entrada de los niños a las plazas. Hace unos días, el ministro de Cultura español, José Manuel Rodríguez Uribes, advirtió que no podía «recomenda

r ni fomentar ir a los toros: no son pacíficos»

. Esas declaraciones, junto a la intención de Podemos de

vetar la entrada a las corridas a los menores de 18 y vaciar las escuelas taurinas

, han hecho saltar las alarmas. ¿Francia respeta más la tauromaquia? ¿Los políticos franceses son más respetuosos con los toros? «Sencillamente en Francia no se cuestiona que sean cultura. Las regiones de tradición taurina tienen su cabida, legitimidad», comenta François Zumbiehl, vicepresidente del Observatorio francés de las culturas taurinas, un lobby. «En Francia, desde 2012, el Consejo Constitucional
considera que los toros son una excepción cultural del sur
, que forman parte de su sensibilidad». Zumbiehl coordinada al comité científico para la argumentación a favor de la tauromaquia. El Observatorio trabaja en la sombra para recabar apoyos entre los políticos.
«Aquí ni los intelectuales ni los representantes públicos tienen el complejo que sí sufren en España»
, dice tras observar qué ocurre a un lado y a otro de la frontera. «Los toros no se consideran franquistas», ríe en castellano. Uno de los éxitos del Observatorio es haber logrado inscribir la tauromaquia en la ficha del Patrimonio Cultural Inmaterial. «Todos los intentos de prohibición y censura han sido rechazados». Desde hace unos años, Francia es un mito para los aficionados españoles. Todo se hace bien. Que si están más callados, que si se autogestionan, que si se defienden mejor. La tradición frente a la justificación intelectual de la lidia. «Toda generalización desemboca en un cliché», considera Zumbiehl.
«Ni estamos a salvo de los ataques ni la tauromaquia tiene mejor salud en Francia».
¿Entonces, qué hacen bien?

«La fiesta no está politizada»

«El riesgo es el mismo. La protección no es mejor.

El único hecho diferencial es que la fiesta no está politizada

. Es una cuestión minoritaria. Mucha gente en España todavía no lo ha entendido», aclara el filósofo Francis Wolff, catedrático de la Escuela Normal Superior de la Universidad de París. Los toros ponen una raya al otro lado de los Pirineos. Nimes, Arles, Vic o Beziers tienen toros. La Camarga es una prolongación de Doñana. En esas ciudades se habla español. «El sur lucha contra el racionalismo del norte.

La fiesta no depende del Estado

. Sí de las ciudades taurinas, que autogestionan la producción de sus espectáculos. El hecho de que en España la protección dependa del Estado

los ponen en una situación muy complicada»

, asevera. Y señala dónde falla nuestra defensa: «No tiene sentido hablar de tradición.

Hay tradiciones buenas y malas. Las malas deben desaparecer

. A las nuevas generaciones no se les puede justificar la lidia del toro hablando de tradición», analiza. «Puede que sean más sensibles a la consideración de cultura minoritaria». La Fundación Toro de Lidia, por ejemplo, se desgañita ante las instituciones hablando de la fuerza que tiene la tauromaquia como espectáculo de masas. «Si una gran parte de la sociedad española no lo entiende, no se puede hablar de unanimidad.

Por esencia no tiene ese carácter

. La tauromaquia no debe luchar por ser un fenómeno mayoritario». Aunque concede que la FTL «dialoga con todos los sectores. Algo que no se hacía antes. Comprenden mejor a los jóvenes», señala el filósofo, que ha publicado

Filosofía de las corridas de toros

o

50 razones para defender la corrida de toros

. También ha protagonizado el documental

Un filósofo en la arena

, un ensayo humanista sobre el estado de la tauromaquia, que no se pudo estrenar de forma oficial en España.

«No se sale del armario»

«En España no se sale del armario», sitúa Araceli Guillaume Alonso, catedrática emérita de la Soborna, donde dio clase durante 24 años de Historia y Civilización de la España Moderna, y miembro del consejo asesor de la Fundación Casa de Medina Sidonia, el problema. «Aprovecho cualquier circunstancia para decir que soy aficionada a los toros». Araceli promovió la declaración como Patrimonio Inmaterial Cultural de la tauromaquia.

«Sólo está mal vista por los animalistas

. Los toros generan curiosidad. Son algo interesante,

snob

, intelectual. La gente me pregunta en España cómo pueden gustarme. Eso no me pasa en Francia». La aceptación de Francia como país taurino no fue fácil. Según Araceli, «no tuvo la consideración de España y México. Los toros se impusieron en el siglo XIX contra una oposición brutal». La evolución, por lo tanto, ha ido en dos sentidos muy diferenciados. «Hasta hace nada había tres plazas de toros en Barcelona. En Francia ha entrado poco a poco. Produce curiosidad.

Hay un interés creciente aunque siempre con oposición de los antis».

«Nunca hemos oído hablar a nuestros presidentes en contra de los toros», señala. «Las decisiones políticas no son antitaurinas. Hay una mayor protección oficial en Francia.

Por ejemplo, los policías nos protegen de las manifestaciones antitaurinas

. La sensación es que estamos más protegidos». Y sin diferencias ideológicas, insiste. «No existen los compartimentos estancos de España. Los comunistas y los ecologistas son también aficionados. No hace falta saber si alguien es de derechas o izquierdas. No es importante». En «la dicotomía norte y sur» está la clave. «El sur se opone a la dominación económica y política del norte. Los toros son una seña de identidad propia protegida. Cada día se habla más de toros en Francia, hay más ganaderías.

Son parte de la idiosincrasia de algunos lugares

«, explica Araceli.

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