Luca Guadagnino: "La belleza de Instagram es un instrumento de opresión"

Con el estreno de la serie ‘We are who we are’ y su no menos inminente aterrizaje en el Festival de San Sebastián como presidente…

Luca Guadagnino (Palermo, 1971) padece una especie de pánico a la inactividad. No es tanto horror vacui como el firme convencimiento de que la velocidad se demuestra agotando al adversario. Llámese éste pereza, conservadurismo o, simplemente, cansancio.

En la Mostra de Venecia acaba de presentar un cortometraje, Fiori, fiori, fiori, que es también una reivindicación de la infancia y un ajuste de cuentas con la pandemia que nos arrasa. «No abrazarse es morir», dice.

Además, paseó por la alfombra roja hace dos días calzado con un documental, Salvatore. Shoemaker of dreams, dedicado tanto al zapatero prodigioso Ferragamo como a una forma de entender un oficio que es también la suya.

Y todo esto, con ser mucho, no es más que el principio. La semana que viene llega a San Sebastián para oficiar de presidente del jurado del festival a la vez que presenta la monumental serie We are who we are -que se estrena en HBO en los próximos días-, una exploración de la adolescencia donde se dan cita buena parte de las obsesiones de un director cada vez más convencido de sí y de su cine como herramienta de transformación del mundo. Para seguir a Guadagnino, que prepara una vuelta a Call me by your name, premiada con el Oscar, hacen falta buenas piernas. Ahora sabremos lo que es correr, que diría el poeta.

¿Qué significa ser presidente de un jurado?
Es la posibilidad de decir algo sensato. Creo que hablar de cine, escribir de cine y discutir de cine son partes esenciales de la actividad cinematográfica. Todo ello es cine, no sólo las películas… Por lo demás, es un reencuentro con una ciudad en la que estuve una vez para la financiación de Yo soy el amor. Hice de todo menos conseguir el dinero.
¿Tiene una explicación tanta actividad acumulada de golpe?
Siempre he trabajado muchísimo y en muchas cosas a la vez. De niño leía monografías que se editaban en una colección de grandes directores como Raoul Walsh, Howard Hawks o Rainer Werner Fassbinder. Me fascinaba ver que la filmografía de cada uno tenía un sentido, unos lugares comunes, una evolución… Y eso me interesa mucho. Suena muy autocelebrativo o autoconsciente, pero es así. No es una necesidad ahora de expresarme ni tengo en este momento más ganas de trabajar que antes. Tiene que ver con el deseo privado de trazar una filmografía como si fuera toda ella un solo cuadro.
¿Qué aporta a un cineasta rendirse a la moda, con perdón, de las series de televisión?
No tengo televisión ni estoy abonado a ninguna plataforma. Bueno, a Amazon, sí, porque compro cosas y me las dan. He visto poquísimas series más allá de Twin Peaks y alguna otra olvidable. No comprendo la fascinación por las series. Las historias no me interesan, me interesa el lenguaje cinematográfico. Ylas series sólo son narración y diálogo.
¿Se ha pasado al enemigo con ‘We are who we are’?
Cuando acepté hacer la serie puse como condición que no se basara en un plot o argumento, sino en el comportamiento. Cómo se comportan los jóvenes es en este caso lo relevante. No se trata de contar los rollos que tienen entre ellos. Lo que me mueve es la posibilidad de observarles simplemente.
El filósofo Byung-Chul Han habla de que las series reproducen el modelo de autoexplotación del neoliberalismo en el que se consume una y otra vez lo mismo; la alienación de lo idéntico…
Es así. Vivimos esclavizados por lo idéntico. ¿Cuántos años tiene Instagram? Si tomamos la cronología de una persona en todos estos años, veremos que se repite siempre lo mismo. Es algo mortífero.
¿Qué le ha hecho detenerse de nuevo en esa edad de la adolescencia?
Lo diré honestamente:mi primer acercamiento a ese mundo en Melissa P. (2005) fue un fracaso y quería volver a retratarlo de una manera que no fuera estúpida. Por otro lado, la adolescencia es un momento de desplazamiento y eso me interesa. Siempre. Y una cosa más, me gusta la idea de cometer errores. Las redes sociales te crucifican si detectan una sola contradicción en tu vida. El rigor de esa existencia fija es verdaderamente uno de los horrores de este tiempo.
Hablaba de observar a sus personajes. ¿Cuál es la línea que separa la observación curiosa del mucho más simple y morboso ‘voyeurismo’?
Se observa para participar en lo que se ve o para robarlo. Michael Powell hablaba del ojo que asesina. Para mí, no basta con convertirse en un testigo de lo que se rueda; lo que me interesa es el sentimiento de compasión, de compenetración, de curiosidad profunda por lo que sucede delante. Entiendo que lo justo se encuentra entre la mirada que exalta y el voyeurismo que te permite apasionarte.
Reiteradamente ha criticado la obsesión de la estetización de la imagen, esa obsesión por la belleza…
El cine y la belleza no son buenos compañeros, se oponen. El cine tiene que ver con la posibilidad de conocimiento. Vivimos esclavizados por las imágenes bonitas, supuestamente bellas. Y vuelvo a Instagram. La belleza tal y como se comercializa hoy es un instrumento de opresión. Cuando oigo hablar de belleza absoluta o grande bellezza me vienen en mente las películas nazis de Leni Riefenstahl; me vienen a la mente esas personas reaccionarias que se visten de un solo color. El concepto de belleza, por concluir, es muy conservador.
Una pregunta clásica ahora mismo. ¿Cómo nos cambiará la pandemia?
De momento, hemos redescubierto la necesidad del abrazo, del consuelo, de la caricia… En todo lo que he hecho en 2020, relacionado o no directamente con la Covid-19 como lo está el corto, hay un deseo de regresar al padre, de observar al padre de una manera quizá impúdica. Y eso, creo, es un síntoma. Pero lo cierto es que no creo que gente como Silvio Berlusconi cambie su visión del mundo cuando salga del hospital.
A un lado Berlusconi, lo que apunta es un cambio…
No perdamos de vista que la mayoría siempre es reaccionaria. Siempre. El instinto de la mayoría está equivocado. El problema es que vivimos un mundo en el que existe la derecha de verdad y una izquierda falsa que ha acabado por asumir los principios de la derecha. No hay una izquierda de verdad. Se ha cambiado el concepto de derecho por el de tutelaje.
¿Sabe que en su entrada en la Wikipedia, en el apartado de vida personal, se lee: «Luca Guadagnino es gay»? ¿Es una elección personal y militante que aparezca así?
No tengo nada que ver con eso. No soy militante, pero jamás he tenido problema en vivir conciliado con la identidad de mis deseos. Y eso me convierte probablemente en militante. Lo que no soporto es el victimismo. Truman Capote contaba que una vez le llamaron faggot, maricón [en español], y se volvió, dio un puñetazo al que le insultó y siguió. Con ese gesto me identifico. Truman nunca se lamentaría.
¿Siente que Almodóvar le ha robado a Tilda Swinton [trabajó con él en ‘Yo soy el amor’ y acaba de hacerlo en ‘La voz humana’, el último corto del español]?
Me gustaría ser amigo de Pedro. Le amo. He crecido con sus películas. En La flor de mi secreto, Chus Lampreave recita una poesía y le dice a su hija: «Siempre has sido una vaca sin cencerro». Es un momento de cine sublime. Este año en el mes de mayo se murió mi padre y me dejó mi pareja. Me sentí exactamente así, como una vaca sin cencerro.

Conforme a los criterios deThe Trust Project

Saber más

SerieHBO lanza el tráiler de Patria recordando a las víctimas de ETA
CineJim Carrey, Renée Zellweger y… ¿Morante de la Puebla?
CineIcíar Bollaín arrebata con la película más cabal para el festival más extraño

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *