«Luces de bohemia» frente a la censura

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Ambientada en aquel Madrid absurdo, brillante y hambriento de los albores del pasado siglo, la pieza se publicó por entregas en la revista España. Semanario de la vida nacional, entre el 31 de julio y el 23 de octubre de 1920. En esas trece entregas, sin embargo, no se publicó el texto íntegro, tal como lo entregó el dramaturgo arousano, sino vergonzosamente censurado por su director. Luis Araquistáin, en efecto, expurgó el esperpento de tres escenas completas por irreverentes o inadecuadas: la escena segunda del sarcástico retrato del librero Pueyo, el muy nietscheano Zaratustra, donde se hacían agrias críticas tanto a la extrema izquierda como al pacato catolicismo español; la escena sexta, la del encuentro de Max Estrella con el anarquista catalán, además de la undécima en la que una madre lleva en brazos a su hijo muerto por disparos de la policía.

A Araquistáin, enardecido apóstol de la revolución bolchevique, no le dolieron prendas en censurar a su amigo porque unos meses antes, a propósito de la cuestión de la previa censura, negra, azul o roja en la prensa, justificaba cínicamente su proceder: la censura roja, esto es, la censura defensiva, es la única que puede tener momentánea justificación.

Cosas de la vida, Valle-Inclán empezó a escribir «Luces de bohemia» durante su convalecencia por la gripe, la «influenza» de 1918

Aunque hasta hoy se ha venido sosteniendo que Valle entregó a la redacción de España una primera versión en doce escenas, lo cierto es que el escritor de Vilanova de Arousa hizo entrega de Luces de bohemia completa, con las quince escenas que configuran la edición definitiva de 1924. De hecho, en las cuartillas manuscritas conservadas con los primeros esbozos de la pieza, de finales de 1918 por el mejor conocedor de su caligrafía, Joaquín del Valle-Inclán, aparece ya un plan de la obra en catorce escenas.

No sólo la censura franquista persiguió tenazmente a Valle sino que también la extrema izquierda del socialismo madrileño de entonces o la progresía francesa de los sesenta expurgaron la pieza sin contemplaciones. En su estreno mundial, en el parisino Palacio de Chaillot, los responsables del Teatro Nacional Popular, Jean Vilar y Georges Wilson, suprimieron también la escena undécima, en la que se prefigura una de las más duras escenas de la historia del cine, la célebre secuencia de las Escaleras de Odessa, en El acorazado Potemkin (1925).

Aires del campo

Cosas de la vida, Valle empezó a escribir Luces de bohemia durante su convalecencia por la gripe de 1918, que había llegado a España en primavera. A pesar de que don Ramón pasó aquella influenza en el Pazo de la Merced -lugar idílico que describe en carta a Corpus Barga: «Ahora vivo en el campo, frente al mar, un lugar maravilloso»- no se libró de contagiarse a principios de octubre, en la segunda oleada pandémica después del verano, la más mortífera, pero tuvo la suerte de sobrepasar la cincuentena, pues aquella gripe mataba a gente mucho más joven.

Gracias a los aires del campo y del mar, el escritor superó la enfermedad en un par de semanas aunque quedó bastante debilitado. En carta del 13 de octubre al director de Instrucción Pública le comunica que prefiere no desplazarse a Madrid ya que ha quedado un poco delicado y necesita convalecer aquí, y darse un buen calafateo en el monte.

No sólo la censura franquista persiguió tenazmente a Valle, también la extrema izquierda del socialismo y la progresía francesa

Su estancia en tierras gallegas fue muy productiva tanto en sus labores agrícolas como en lo propiamente literario pues en esos largos meses, en un ambiente de tranquilidad vital y económica, pudo escribir Divinas palabras, editada por entregas en El Sol en 1919, Farsa de la enamorada del rey, Farsa y licencia de la reina castiza y Cara de Plata, además del esperpento fundacional, Luces de bohemia.

Sin duda en el escritorio lleno de objetos y muebles antiguos de La Merced que nos describe el periodista Leandro Pita Romero empezó a pergeñar la pieza protagonizada por Max Estrella. Muy posiblemente, entre las cuartillas que allí se amontonaban, según la descripción del futuro ministro de la República, están las que se conservan en el Archivo familiar Valle-Inclán Alsina con los primeros esbozos del metaesperpento, que he podido consultar. El tono pesimista de Luces de bohemia y su visión de la España de entonces posiblemente no sean ajenos al estado anímico en que dejó al escritor de Vilanova de Arousa aquel virus epidémico tan letal. De hecho, un hombre tan inquieto y amante de los actos sociales y las excursiones no quiso salir del Pazo, permaneciendo en severo confinamiento durante ocho meses, sin interrumpirlo ni siquiera para asistir a entierros de parientes o a homenajes de amigos

El tono pesimista de «Luces de bohemia» y su visión de España posiblemente no sean ajenos al estado anímico en que le dejó aquel virus

A principios de 1920 deja Galicia y permanece solo en Madrid. Son los meses en que sin duda puso a punto el deslumbrante texto de Luces de bohemia y lo entregó a España, que el último día de julio empieza a publicarlo. El resto de divergencias entre esa edición de 1920 y la definitiva de 1924 de Renacimiento son cambios del autor por razones estilísticas o tipográficas, correcciones de las erratas tan frecuentes en las páginas de España, o supresiones de un maquiavélico Araquistáin que es capaz de defender la coherencia ideológica del amigo carlista convertido en admirador de la revolución rusa y, al mismo tiempo, de censurar con todo cinismo su creación teatral más trascendental.

Nombres en clave

Sobre don Latino de Hispalis, Valle corrige una errata del semanario, pues cambia «Entra un ciego asmático» por «Entra un vejete asmático», como figuraba en el manuscrito originario, donde el personaje ya estaba perfectamente delineado -quepis, anteojos, un perrillo y una cartera con revistas ilustradas- pero se llamaba Dorio, nombre que pasará a uno de los poetas modernistas.

Más intencionalidad tiene el cambio de uno de los numerosos nombres en clave de la pieza. Hablando sobre la vacante en la Academia tras la muerte de Galdós, Max opina que será para don Torcuato el Aceitero, alusión a Torcuato Luca de Tena, fundador y director de ABC además de propietario de una próspera industria de aceites. La alusión debió de regocijar al director de España que tenía en el fundador del diario conservador a su bestia negra, contra quien dirigía una encarnizada campaña. Don Ramón, muy distanciado ya de sus censores, sustituirá el nombre del ilustre periodista por el Sargento Basallo, héroe de Annual. El exabrupto de Valle fue premonitorio puesto que medio siglo más tarde ingresaría en la Docta Casa Torcuato Luca de Tena, director de ABC y nieto del aludido.

Luces de bohemia recrea la atmósfera de aquel Madrid noctámbulo y miserable cuyos protagonistas se las ven a cada paso con libreros tacaños y taberneros de dudosa reputación, policías y periodistas, políticos mediocres, personajes del hampa o buscavidas de toda suerte y condición. Obra estelar de nuestro repertorio contemporáneo, la realidad española de hace un siglo que reflejan los espejos deformantes del esperpento no ha perdido en absoluto su vigencia.

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https://www.abc.es/cultura/cultural/abci-luces-bohemia-frente-censura-202010250122_noticia.html

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