Mafalda, la niña sabia, dice adiós a Quino

El nombre de Mafalda es una adaptación inventada por Quino a partir de una marca de electrodomésticos: Mansfield. Casi parece mentira que fuera un encargo publicitario el origen de uno de los personajes que mejor representaron las actitudes progresistas y rebeldes que caracterizaron aquellos años (entre 1964 y 1973 se publicaron las primeras ediciones del célebre personaje).

Finalmente, la campaña no llegó a aprovechar aquella extraordinaria propuesta, porque se desviaba demasiado del objetivo comercial, que era vender lavadoras y frigoríficos. Pero dos años más tarde Quino llevó a cabo el gran desvío, y lo hizo a conciencia. Mafalda, la protagonista, es una niña y no un niño porque Quino simpatizaba con el movimiento feminista. Y a través de ella el dibujante expresó muchas de sus ideas sobre los poderosos y los avasallados, sobre la vida y la libertad. Dado que el mundo no ha progresado en sabiduría y libertad ni la mitad de lo que entonces mucha gente imaginaba y esperaba, sus tiras humorísticas no han perdido actualidad.

Quino
Quino (Quino)

Claves del éxito

La primera clave expresiva de Quino consistió en adoptar un punto de vista que era a la vez adulto e infantil. Algo parecido había hecho Charles M. Sschulz, en las tiras de los “Peanuts“ (Charlie Brown, Snoopy, etc), y después, de otro modo, lo hicieron Bill Watterson en “Calvin Hobbes” y Matt Groening en “Los Simpson”.

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Quino aprovechó esa licencia narrativa para expresar sus reflexiones mediante las frases de la sabia Mafalda, en textos breves como este: “Comienza un día con una sonrisa y verás lo divertido que es ir por ahí desentonando con todo el mundo”. O más politizados: “Señores, no es cuestión de romper estructuras, sino de saber qué hacer con los pedazos”. O antiautoritarios y antipatriarcales: “Lo malo de la familia humana es que todos quieren ser el padre!”.

Quino
Quino (Quino)

Tras diez años de tiras de Mafalda, su autor se expresó en otros formatos, ya lejos de Argentina, sometida desde 1976 a la dictadura militar de Videla y compañía. Entonces su dibujo se hizo más detallado y su humor más ácido y oscuro, como se aprecia en títulos como “Potentes, prepotentes e impotentes” o “¡Qué presente impresentable!”. Y se expresó en distintos registros en libros como “Hombres de bolsillo”, “Humano se nace”, “Yo no fui” o “La aventura de comer”.

A Mafalda sólo la recuperó excepcionalmente, al servicio de alguna campaña cívica a favor de la democracia y la libertad. En una ocasión le preguntaron a Quino cómo sería la niña Mafalda ya joven y adulta, y el dibujante argentino contestó que probablemente estaría muerta porque habría sido una de las personas “desaparecidas” durante la dictadura.

“La mejor edad de la vida es estar vivo”, decía la sabia Mafalda.

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