Manuel Menchón: “Franco creó su propio impuesto revolucionario para la extorsión, como ETA”

El cineasta malagueño Manuel Menchón estrena mañana viernes –en las poblaciones donde los cines siguen abiertos– Últimas palabras para un fin del mundo : un documental que esclarece el final de Miguel de Unamuno y desmonta la versión oficial al respecto. La cinta ilustra los antecedentes fascistas de su último acompañante y testigo en las horas anteriores a su muerte, el profesor, periodista y ferviente falangista Bartolomé Aragón, que no fue alumno del filósofo frente a lo sostenido hasta ahora. El filme evidencia también las repetidas manipulaciones de los documentos y certificados relativos a la defunción del escritor bilbaíno.

Además, la película desvela nuevos elementos sobre las quemas masivas de “libros prohibidos”; sobre las maniobras de los nazis para impedir la concesión del Nobel de Literatura al pensador, y acerca de las acciones de extorsión de Franco y los suyos para imponer a sus adversarios supuestas donaciones con las que recababan fondos al tiempo que desacreditaban a los chantajeados y apuntalaban la propaganda a favor del golpe contra la República. El largometraje, controvertido ya antes de su estreno, es el resultado de diez años de indagaciones. Con motivo de la siguiente entrevista con su realizador, La Vanguardia ofrece en primicia el fragmento en que se detalla el funcionamiento de lo que el realizador denomina el “impuesto revolucionario” de Franco.

¿Qué fue lo más difícil de la investigación para su documental? ¿Recibió presiones, como a veces sucede con estos temas?

Consultamos documentos de casi 30 archivos, muchos recién desclasificados, y costó ponerlos en orden. Pero lo peor vino y sigue viniendo de la reacción de algunas personas que tenían miedo a los hallazgos que íbamos haciendo. Porque la melodía no era como habían aprendido a tararearla. El mundo académico es algo ciclópeo, como inamovible, y nuestros hallazgos resultaban ahí muy disruptivos. Pero claro, los documentos son los que son.

¿Qué personas? ¿Qué miedos?

El choque viene del hecho de que los investigadores de Unamuno suelen pertenecer al mundo de la filología, la literatura o los estudios hispanistas y se paran en el 12 de octubre (día de la célebre disputa con el fundador de la Legión, José Millán-Astray, en el Paraninfo de la Universidad de Salamanca). Sus estudios son en general parciales porque en este país todo esta compartimentado y no hay buena comunicación entre distintas disciplinas. Mi documental entra en lo que hasta ahora era la nebulosa de lo que sucedió entre aquel 12 de octubre y la muerte de Unamuno el 31 de diciembre de 1936 (tras dos meses y medio de arresto domiciliario). Y se basa en pesquisas transversales en las que conté con médicos forenses, juristas expertos en legislación de los años 30 y gente muy especializada en la represión de los intelectuales durante la Guerra Civil. Y profundicé en el funcionamiento del departamento de Prensa y Propaganda de Franco, un aspecto crucial que a menudo se pasa por alto.

¿Pero qué le dijeron los que sentían ese miedo a lo que usted descubría? ¿Y quiénes eran?

No puedo decir quiénes, pero recibí llamadas en las que ciertos catedráticos e historiadores me advirtieron: ‘No te metas ahí porque se te van a echar encima’. O :‘No vas a poder dormir tranquilo’, cuando eso es lo que habría ocurrido si no hubiera sacado a la luz lo que descubrí. Luego, algunos como Jon Juaristi, Arcadi Espada o Trapiello han criticado la película sin verla cuando ellos mismos incurren en errores garrafales con su versiones, basadas en relatos orales que construyen una verdad cómoda y fácil de digerir. Y ahora lo que me da miedo son los ataques de algunas plataformas de ultraderecha… Aunque también he recibido apoyos importantes, como los de los historiadores Ana Martínez Rus o Ángel Viñas, o del director de Le Monde Diplomatique, Ignacio Ramonet.

¿Cuáles diría que son los hallazgos más importantes del filme, aparte del relativo a la muerte de Unamuno?

Los relativos a la represión den Río Tinto, Huelva (dos mil ejecuciones, la mayoría de mujeres y niños). Y, algo que no se había filmado ni mostrado con tanto detalle: el impuesto revolucionario que Franco y sus hombres crearon y aplicaron a través de cartas que se enviaban a las familias de las zonas ocupadas, igual que haría ETA, para exigirles sumas de dinero. El documental muestra colas de gente haciendo las supuestas donaciones, y los registros de donativos que los nacionales mostraban para hacer propaganda. En el caso de Unamuno se publicaron tres cifras diferentes: 5.000 pesetas, según publicó la prensa de Salamanca, 15.000 según un diario francés y 50.000 según el periódico que dirigía Bartolomé Aragón, La Provincia, de Huelva.

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