Maradona, una religión hecha música

Sabina y Maradona, en 2006, durante la grabación del programa ‘La noche en 10’ en Buenos Aires.

En las religiones, la simbología siempre ha sido esencial. Cuando Andrés Calamaro incluyó Maradona en su doble álbum Honestidad brutal, no fue casualidad que fuera la pista 10 del primer disco. Tampoco lo fue que la otra canción en la que cantaba Dieguito, Diego Armando Maradona, fuera también la número 10 del segundo disco. Se trata de Hacer el tonto, en la que el futbolista recientemente fallecido aportaba los coros junto a Calamaro y Cuino Scornik en esa ranchera que celebra la amistad.

Tan volcánico e imprevisible como el genio del balón, Calamaro siempre fue admirador incondicional de Maradona, pero acabó convirtiéndose en su amigo. Cuando aterrizaba en Buenos Aires, el músico llamaba a Diego y este acudía al hotel donde se alojaba para escuchar muchas de las maquetas que luego acabarían en Honestidad brutal. A Maradona en la canción que lleva su nombre —la más famosa sobre su figura— se le oye hablar justo antes de entrar la música para dedicar la canción a sus hijas. “Es la Biblia junto al calefón”, cantaba Calamaro en versos ya célebres. No fue la única composición en la que el músico saca a relucir su pasión por el mito. En Estadio Azteca, en cuya letra también participa Cuino Scornik, Calamaro rememora tiempos pasados acudiendo al mismo estadio donde el 22 de junio de 1986 Maradona se consagró para la historia marcando el mejor gol de todos los Mundiales contra Inglaterra, unos años después de la guerra de las Malvinas. “Cuando era niño y conocí el Estadio Azteca, me quedé duro, me aplastó ver al gigante”.

En el Estadio Azteca de Ciudad de México, Maradona también pasó a la historia por la mano de Dios, un gol tramposo en el mismo partido contra Inglaterra y acabó convirtiéndose en una frase popular para la eternidad. El argentino Rodrigo compuso La mano de Dios, un son propicio para ser coreado en el que venera la vida del futbolista. “En una villa nació, fue deseo de Dios… Sembró alegría en el pueblo / Llenó de gloria este suelo”. Rodrigo solía acabar sus conciertos gritando: “Te quiero, Diego”. Hacen lo mismo Ratones Paranoicos en el sencillo Para siempre Diego, publicado en 2001. Una composición donde se afirma que Maradona es una religión y cuyo estribillo dice: “Para el pueblo, lo mejor, Diego Armando Marado”.

Fito Páez también hizo su aportación a la causa en su disco Tercer Mundo, publicado en 1990 con una producción que no ha envejecido bien. Fue en la canción Y dale alegría a mi corazón, cuya letra reconoce la felicidad de ver jugar a Maradona. “Yo tengo más pruebas de la divinidad en la Tierra a través de Maradona que a través del Papa”, dijo Fito Páez en su día.

La religión maradoniana no se queda en Argentina. Mano Negra publicaron Santa Maradona en su álbum Casa Babylon. Se oye al público vociferar en el estadio y la retransmisión de las jugadas del 10 argentino. Manu Chao no se quedó ahí y, después de disuelto Mano Negra, publicó La vida tómbola, donde canta: “Si yo fuera Maradona, viviría como él. Si yo fuera Maradona, nunca me equivocaría”. Si la vida era una tómbola, cantaba, no lo era tanto si uno fuera Maradona frente a una portería porque nunca fallaba.

Otros ilustres como Joaquín Sabina citan al futbolista con gracia. Lo hizo en Dieguitos y Mafaldas, su particular homenaje a Argentina en el disco 19 días y 500 noches. Como sale nombrado, con menos énfasis pasional, también en artistas más jóvenes como Carolina Durante en su El himno titular —”Maradona trampeando”— y Mucho en El león de tres cabezas —” Mis arterias saben como el estuario / Que se asoma al infinito del océano contaminado / Jesucristo, Superman y Maradona / Se funden en un gran abrazo y ríen desencajados”—.

Música de todo tipo para la religión Maradona.

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