María José Llergo: "La gente de campo no está limitada intelectualmente ni de ninguna otra forma"

María José Llergo (Pozoblanco, 1994) ha sabido entender que no hay nada más único que uno mismo. En su esencia hay tierra, familia y Andalucía,…

María José Llergo (Pozoblanco, 1994) ha sabido entender que no hay nada más único que uno mismo. Lejos de parecer una gurú del coaching, lo que ha conseguido es convertir en puntos fuertes lo que otros podrían señalar como debilidades. «Nadie va a ser mejor tú que tú, con la familia que tienes, tus raíces y el sitio en el que te ha tocado nacer. Está bien que recordemos la importancia de la esencia», apunta.

Hija única, se crió en una familia humilde, rodeada de campo y escuchando cantar a su abuelo cada día mientras faenaba. Cuenta que fue él quien le enseñó a disfrutar de la música sin pedirle nada a cambio, «a entregarse al cante sin pretensiones». También tiene muy presente entre sus influencias a su madre, con su forma de hablar utilizando arcaísmos o vulgarismos según la RAE pero que ella define como «palabras preciosas».

«El otro día me dijo ‘ya estás por ahí, banduenda’. Es como una persona que sabe las reglas del sitio donde está pero elige no seguirlas. Alguien errante a conciencia», relata. Y es una definición perfecta para su música.

La cordobesa adereza el flamenco con todo tipo de sonidos y traslada esas particularidades de su esencia -la tierra, la familia, Andalucía- a su trabajo. Justo antes del confinamiento publicó Sanación (Sony Music), su primer disco de estudio. En una industria donde priman las cifras y el hit del momento, se para para cantar lo que le sale de dentro. Aunque eso signifique escribir letras como Nana del Mediterráneo, donde le habla a todos aquellos que mueren cruzando el mar.

P.- ¿Por qué tiene tanta importancia la tierra, el campo, para ti?

R.- Me hace sentirme libre porque intento encontrar campo en los sitios más recónditos, hasta en las zonas industriales. En mitad del asfalto pasa una mariposa y a mí me vienen tantos recuerdos a la cabeza y me da tal sensación de libertad que es mi mayor inspiración. Por eso la naturaleza está en todas mis letras. Es una cosa de la que me siento parte, de la que me siento responsable y también siento que ella me tiene a mí. Es un punto de encuentro conmigo misma.

P.- Defender el campo parece un discurso novedoso, cuando el campo siempre ha estado ahí y no es un ente que surja de repente

R.- Es la importancia de la esencia, no la apariencia. Me llama muchísimo la atención que parezca algo novedoso cuando en realidad es lo que todos tenemos y a veces no valoramos. Esa es la pena, que igual por no haberlo valorado nos parece novedad. A mí el otro día me hicieron una pregunta que me molestó un poco. Era en plan: siendo una chica de campo, ¿no te sientes privilegiada de poder realizar tu sueño? Y yo dije que mi mayor riqueza son mis orígenes y que no me condicionan negativamente para nada. Es decir, realizo mi sueño porque trabajo mucho en ello desde que era muy pequeña pero la gente de campo no está limitada ni intelectualmente ni de ninguna otra forma.

P.- Es verdad que hay muchos estigmas en torno a ‘lo rural’

R.- Porque se desconoce que un pastor puede ser el mejor filósofo que te encuentres. Se desconoce que un agricultor puede entender mejor la vida que a lo mejor gente de otros ámbitos. A mí los aprendizajes de mi abuelo se me quedan para siempre. Sin embargo, tengo conocimientos que adquirí en la universidad que se han ido.

A los 19 años y tras uno pensando qué hacer con su nota de Selectividad, le dijo a su familia que no iba a elegir «la carrera normal» que creían. Se mudaba a Barcelona a estudiar en el Liceo con una beca que había encontrado en internet. Llevaba toda la vida formándose en violín y cantando. Había decidido que era el momento de apostar por ello al 100%. Tanto, que confiesa que durante seis años lo único que hizo fue estudiar.

P.- Con 19 años e independizada en Barcelona, ¿no perdías el tiempo, desfasabas, salías de fiesta o cualquier cosa de la gente de esa edad?

R.- Yo no he tenido ese tipo de vida de estudiante de desfase. Para mí la prioridad era otra. Era tener la oportunidad de cultivarme, como si estuviera en el campo y fuera una plantita regándome con conocimiento. Y además a mí eso me llena mucho, muchísimo. Me enganchaba porque cuanto más conocía, más quería conocer. Y mientras más conocía mejor persona creo que estaba siendo. Entonces era cultivarme personalmente, intelectualmente y también musicalmente. Porque regarte a ti es regar tu arte, es regar tus letras, es regar la perspectiva del mundo que puedas tener. Te abre muchísimo y esa era mi libertad también.

P.- ¿Te obsesiona el nutrir tu arte?

R.- Es que es una necesidad. El día que no lea me moriré un poquito por dentro. El día que no cante me voy a morir por dentro. Es tan bonito lo que me aporta un libro, lo que me aporta un cantante o lo que me aporta un pintor que para mí es tan esencial como la propia comida. No podría vivir sin libros, pero tampoco sin agua.

P.- ¿Siempre has sido tan madura?

R.- Creo que ha sido a base de palos. Y, a ver, ya tengo 26 años. Pero creo que es una posición que adquieres ante lo que te pasa en la vida. Muchas veces te pasan cosas que a priori son muy dolorosas y tienes dos opciones: o aprender de ellas o cabrearte al máximo y hacerte daño. Entonces en ese aspecto creo que he aprendido mucho de mi familia a sobreponerme, a ser resiliente, a mirar a largo plazo. Saber que lo que hagas hoy va a tener un efecto mañana. Es decir, que nadie elija por ti, que seas tú quien elija tu propio destino, tus propios pasos. Que si te equivocas no pasa nada porque lo has elegido tu.

P.- ¿Alguna vez has tenido miedo a abrirte en las letras?

R.- A ver, duele mucho cuando sientes que no te entienden o que te juzgan sin conocerte y te dicen ‘es que tú eres esto’ o ‘tú no eres esto’. No, tío, yo sé lo que soy no necesito que tú me lo digas. Entonces a partir de que te conoces, te quieres y te aceptas, lo que digan los demás no me importa. Lo que digan los medios, no me importa. Los titulares, yo no soy un titular. Nunca he querido serlo y nunca lo seré. Sea bueno o sea malo. ¿Da miedo? A mí me daba mucho miedo la exposición, por eso soy tan reacia a las redes sociales, por eso estuve un año sin hacer ninguna entrevista. Un año entero. Porque tuve una mala experiencia con un medio de comunicación que sacó un titular que me dolió un montón. Y poco a poco fui aceptando que, como en todo, hay buenas y malas experiencias y que depende de mí, de como yo me sobreponga a ello.

P.- ¿Cuál ha sido el momento más duro como profesional?

R.- Pues sobre todo estos titulares que te hacen daño, que utilizan la palabra negra o gitana de forma despectiva. Sin saber realmente ni de donde vienes ni nada. Pero es una cosa que yo creo que se puede cambiar, y es un sueño que tengo. Que la gente entienda la palabra negra o gitana jamás como algo despectivo sino como algo cualitativo, como una cualidad preciosa. Como una dignidad que nunca se debería haber perdido en el mensaje. Y que también, yo que sé, instituciones como puede ser la RAE dejen de poner definiciones como por ejemplo en la palabra gitano, trapacero. Es que me parece neandertal, con respeto a los neandertales.

P.- ¿Has tenido muchos problemas de racismo?

R.- Es que vamos por donde vamos la primera pregunta que nos hacen es si soy gitana. Es lo primero. Si no me lo hacen a mí porque les da vergüenza, se lo preguntan a Fati [Sony], y yo soy una mezcla. Es decir, en mi árbol genealógico hay personas hasta de Guinea Ecuatorial. Una respuesta sencilla para alguien, para mí es complejísima porque lo que hay debajo de tu piel no es simple. Y al final lo que importa aquí no es que tú tengas todo el dinero del mundo o de dónde vengas, lo que importa es a dónde vas y cómo lo estás haciendo. Con qué bases, con qué valores, con qué principios.

Lo que me duele no es como a me identifiquen sino que la gente utilice esas palabras como algo despectivo. A mí, cuando era pequeña, por mi aspecto físico me decían ‘gitana, negra, fea’. Es una cosa que yo veo que podría haber sido cosa de niños pero al final está en todos los sitios por los que voy. Está en las universidades a las que accedo, en la industria, en la prensa. Está en todas partes. Entonces es un reflejo fiel de la sociedad pero a la misma vez creo que puede cambiar y que están pasando cosas hoy en día. Es una necesidad de la sociedad actual, de comprender la diversidad como algo bello, algo digno, diverso y sumamente rico. No como algo digno de insulto. Es que me parece arcaico.

P.- ¿Y el mejor momento?

R.- Los escenarios. Es que es tan bonito cuando ves a alguien emocionado porque le estás cantando algo que le llega. Yo a veces no puedo cantar de lo emocionada que me pongo. También mis padres, que vean que confiaron en mí y tiene sus frutos. Es precioso que puedan participar en mi obra, que se puedan sentir reconocidos y a reconocerme. Decir: es que eres tú, María José. Es que eres tú, tú vienes de ahí. Aunque nadie lo entienda. También hacer partícipe a mi abuelo, que en vez de dedicarse al cante eligió quedarse con su familia, con su esposa y gracias a eso estamos aquí nosotros. Ay, que me emociono. Y que triunfen conmigo, que todo lo bueno pueda ser compartido. Eso es lo más bonito. Lo malo ya me lo como yo, que para eso es mi camino.


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