Marie-France Hirigoyen: “Está claro que todos los políticos son narcisistas”

Marie-France Hirigoyen (1949), psiquiatra, psicoanalista y victimóloga francesa, ha logrado en su profesión lo que pocos: concienciar de un mal, tanto, que acabó por ser tipificado como delito. En los años 1990 denunció el acoso moral. Y fue best seller. Lo compró hasta la Asamblea Nacional de Francia. Hoy vuelve con Los narcisos (Paidós), un libro en el que pone el dedo en la llaga de todos los males que nos deja una sociedad que individualista, competitiva en extremo e insegura –repite y repite– está liderada por narcisistas patológicos.

Dice en su libro: “El narcisismo no es en sí una patología. Únicamente su exceso puede serlo”. ¿Y ahora no deja de crecer?

Hay que diferenciar entre los rasgos narcisistas aceptables que nos permiten sentirnos cómodos en la sociedad, y los trastornos narcisistas de la personalidad. Y lo que distingue a una persona con simples rasgos narcisistas del narciso patológico es que este último presenta un egocentrismo extremo hasta el punto de ser incapaz de establecer relaciones auténticas puesto que los demás existen únicamente para ponerlo en valor.

“Soy más guapo que…” “Soy mejor que…” ¿El lenguaje que usamos nos delata?

Un narciso sólo existe a través de los ojos del otro. Su valor se mide en la mirada de admiración o envidia de los demás y por ello es que no le basta con tener una visión grandiosa de sí mismo sino que los demás deben estar al tanto de sus cualidades y se lo deben transmitir. La aprobación de los demás es lo que le permite quererse. Se compara sin cesar con los otros y considera que toda desigualdad es una derrota. O una injusticia. Todo esto lleva a llamadas de reconocimiento del particularismo.

Visto el éxito de los narcisistas en la actualidad ¿hoy por hoy un humilde lo tiene difícil para ser un líder en cualquier ámbito, sea el político, empresarial, etcétera?

La sociedad moderna refuerza los rasgos narcisistas en cada uno de nosotros y selecciona a los más narcisistas para que ocupen los puestos más altos. Las empresas modernas valoran las personalidades fuertes que tienen un yo hipertrofiado; a los que son agresivos, pragmáticos, carentes de escrúpulos; a los que se centran en la acción en lugar de en la reflexión y a los que están dispuestos a todo para alcanzar el éxito. Estas personalidades narcisistas prosperan entre los directivos, influyendo en la cultura de la empresa y en su estilo de gestión. Ahora para tener éxito profesionalmente hay que destacar, hacerse valer y promocionarse a uno mismo aunque sea a expensas de los demás.

La sociedad moderna refuerza y selecciona a los más narcisistas para que ocupen los puestos más altos

¿Un narcisista puede ser un buen ejemplo a seguir o es siempre desechable?

A los narcisos se les da muy bien destacar, ya que priorizan las relaciones de utilidad y consideran que toda relación no es más que un mecanismo de refuerzo. Saben ofrecer una buena imagen de ellos mismos, maquillar su arrogancia, manipular el humor para que no haya desconfianza y crear buenas alianzas. Aun así, ningún estudio ha demostrado que los narcisos sean directivos más eficaces. Lo único que pasa es que son más brillantes y, por consiguiente, más visibles en situaciones excepcionales si bien son decepcionantes a largo plazo, sin mencionar que presentan mayor riesgo de excesos.

Si vivimos entre narcisistas y si siguiendo a Émile Durkheim la personalidad es el “individuo socializado” ¿es la propia sociedad la que favorece estos narcisismos?

La cultura de una sociedad influye en el psiquismo y en los rasgos de personalidad de los individuos que la componen, y sucede lo mismo a la inversa: el sistema favorece a los individuos más narcisistas y estos transforman la sociedad. ¡Es un círculo vicioso! Nuestros hijos, en su mayoría centrados en las redes sociales, también van a contribuir a construir una sociedad cada vez más narcisista y por ende excluyente.

“Nuestra sociedad neoliberal fabrica narcisos, y algunos de ellos se convertirán en narcisos patológicos megalómanos”, señala en el libro. Visto lo visto ¿no nos queda otra que llevarlo lo mejor posible?

Los avances tecnológicos y la globalización, que modifican nuestros límites y fomentan sueños de grandeza y de omnipotencia, han conllevado una profunda transformación de lo que somos. Es indiscutible que nuestra sociedad moderna y capitalista, fundada sobre el culto de la eficiencia, la valía de uno mismo y el siempre más, promueve un contexto de cultura narcisista. El auge del narcisismo se puede concebir como una respuesta psíquica frente a una sociedad individualista, de eficacia y de consumo, muy centrada en el beneficio y en el cortoplacismo.

Marie-France Hirigoyen
Marie-France Hirigoyen (Cortesía de Marie-France Hirigoyen)

Leerla es constatar que los narcisos llevan hoy la voz cantante. El consejo de seguridad de la ONU, siguiendo sus ejemplos, estaría lleno: Trump, Putin, Xi, Johnson, Macron… cada cual en su tipo. ¿Es el mundo ahora más peligroso?

Está claro que todos los políticos son narcisistas. Un jefe de Estado debe ser lo suficientemente narcisista como para hacerse respetar a nivel internacional, pero no tanto como para distanciarse de su pueblo. Sin embargo, puesto que el ejercicio del poder acentúa los rasgos del carácter, algunos se vuelven narcisistas de forma caricaturesca. El ansia de poder puede llevarlos a pensar que están por encima de los demás y que tienen todos los derechos.

Viene a señalar que para ser político hay que ser narcisista, pero no necesariamente narcisista patológico. ¿No hay político no narcisista?

Se distinguen tres tipos de trastornos narcisistas de la personalidad: los narcisos con aires de grandeza como Donald Trump, que son arrogantes, se creen superiores a los demás y piensan que se lo merecen todo; los narcisos vulnerables, a quienes les avergüenza no ser lo que piensan que deberían ser; y los perversos narcisistas, más estrategas y cercanos a la psicopatía (el malignant narcissism, en inglés). En todo caso, y más allá del hecho de ser una patología, el narcisismo excesivo se ha convertido en un fenómeno social generalizado hasta el punto de poder hablar de epidemia.

Destaca la factura de la infancia en todos los narcisistas, en Trump de sus padres, la posición en el KGB de Putin, las consecuencias del maoísmo en su familia para Xi… ¿Mejor el análisis del pasado de los candidatos que del presente?

El narcisismo patológico es un trastorno de la personalidad que surge de la incapacidad de regular la autoestima de uno mismo. Detrás de la arrogancia y de la megalomanía se esconde una gran fragilidad de la propia imagen. Es así que si bien los narcisos se colocan en el centro de todo, en su yo, no lo hacen por autosatisfacción, sino para compensar su falta de autoestima, lo que les lleva a oscilar entre el descrédito hacia sí mismos y la grandeza de su yo.

Nuestros hijos, centrados en las redes sociales, van a contribuir a construir una sociedad cada vez más narcisista y excluyente

Los estudios internacionales citan que este narcisismo es más común entre jóvenes y hombres y en sociedades concretas, por ejemplo, en las occidentales. ¿Por qué?

Todos los estudios han demostrado que el trastorno narcisista de la personalidad es más frecuente en hombres que en mujeres aunque con algunas particularidades: los hombres presentan mayor afirmación de sí mismos y una inclinación más pronunciada por el poder. Tienen más probabilidades que las mujeres de explotar a los demás y de sentirse merecedores de privilegios. En cambio, la vanidad y la autosuficiencia están al mismo nivel en ambos sexos.

“Parece que el mundo empieza a reaccionar”, concluye en su obra. ¿Quizá sea en la dirección contraria a la esperada, reforzando los liderazgos narcisistas?

Desde los años 2000 hemos presenciado el ascenso de hombres fuertes y autoritarios que, a pesar de haber sido elegidos democráticamente, se han convertido en auténticos autócratas. Algunos, como Putin, Xi y, quizá dentro de poco tiempo, también Trump, han hecho lo posible por permanecer en el poder de por vida, lo que daña la democracia. El ascenso del narcisismo patológico en el caso de los jefes de Estado es especialmente inquietante.

¿Hay alternativa?

Veo signos esperanzadores de una toma de conciencia. Uno de los ejemplos está relacionado precisamente con Trump, cuyo comportamiento es tan caricaturesco que contribuye a provocar reacciones diversas, como es el caso de mujeres jóvenes procedentes de minorías que se inician en política. Asimismo, una nueva generación comienza a denunciar algunas derivas, sobre todo a través de la lucha ecologista o del rechazo a trabajar para grandes empresas carentes de ética; una gran parte de la juventud quiere dar más sentido a su vida. Si estas reacciones aisladas o burbujas de reacción logran agruparse, podrían cambiar las cosas.

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