Martín-Santos y Juan Benet, cruce de relatos

Martín-Santos, con una flor en el ojal, el día de su boda, junto a Juan Benet (a la derecha)

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Martín-Santos y Juan Benet, cruce de relatos

La posguerra marca esta colección de relatos que firmaron dos de los escritores más relevantes de la generación de los 50

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Por varias razones este es un libro destacable. La primera es que se trata de un trozo importante de nuestra Historia literaria, cuando en el inicio de los años cincuenta del siglo XX, dos escritores de diversa pero enorme fortuna posterior: recepción masiva, Martín- Santos, y de succès d’estime, Juan Benet, están tanteando sus primeros pasos, que luego habrían de separarlos, como describe muy bien Benet en carta a Leandro, hijo de Luis Martín-Santos.

Tanto esta extensa carta, como el acierto de haber reproducido el capítulo titulado «Luis Martín-Santos, un memento», que Benet había incluido en su libro Otoño en Madrid, hacia 1950 (1987) son algunas de las excelentes decisiones tomadas por Mauricio Jalón, que ha hecho una importante labor de edición. Otra razón de peso para el valor de este libro estriba en lo que contiene de experimento teórico-crítico, con esa tentativa a mi juicio más voluntariosa que clara, de señalar un nuevo estilo que denominaron bajorrealismo y que en realidad muestra la necesidad que esa generación del 50 tenía de separarse de un mimetismo de lo real abrazando un expresionismo que seguramente aprendía Luis Martín-Santos, autor de la mayor parte de los cuentos reunidos, de la literatura alemana de entreguerras, y Juan Benet de algunos norteamericanos a los que se acercaba.

Una tendencia a aspectos soeces, tipos prostibularios y personajes marginales

Literariamente estos cuentos no son casi nunca memorables. De hecho, si uno los compara con los de Aldecoa o Matute de las mismas fechas, o imagina los que estaría escribiendo y publicaría después Juan Eduardo Zúñiga, quedan a un nivel menor. Sin embargo, son magníficos porque revelan tanto la búsqueda de unos acentos propios, es decir de lo que se conocía entonces (ahora por desgracia se usa poco) por estilo, según definió Benet en su magnífico y conocido ensayo. Pero otra gran lección teórica de este libro es que el estilo literario es personal e intransferible, que en literatura no valen cuatro manos, como si se tratase de tocar al piano a Schubert. Cada uno de los dos autores estaba buscando su estilo, y a ninguno de los dos, según evolución posterior, pero también según explícito juicio de Juan Benet en la mencionada carta, acabo gustándole del todo el estilo del otro, y quizá por eso no los publicaron en vida.

Señoritos

Una buena parte de los cuentos editados pertenecen con seguridad a Martín-Santos y se nota bastante la diferencia con los de Benet. Los dos autores se muestran apegados a una tendencia al relieve de lo raro, con mayor incidencia en el irracionalismo surrealista en el caso de Benet, y con muy decidida tendencia a relatar aspectos soeces, tipos prostibularios y personajes marginales del Madrid pobre de esos años en el caso de Martín-Santos. Se les nota un poco que ambos son señoritos, pues su mirada traduce más a tipos sociales que a personajes capaces de inspirar mundos interiores ricos, como si supo hacer Aldecoa. Con libros como éste y los que se están editando sobre Martín Gaite o el grupo de Barcelona, estamos en muy buenas ocasiones para conocer bien la generación del medio siglo.

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