Miguel Delibes en 10 personajes memorables: Daniel, el Mochuelo, Azarías, Menchu, Cayo…

«Pasé la vida disfrazándome de otros (…) Yo no he sido tanto<em> yo</em> como los personajes que representé en este carnaval literario. Ellos son, pues,…

«Pasé la vida disfrazándome de otros (…) Yo no he sido tanto yo como los personajes que representé en este carnaval literario. Ellos son, pues, en buena parte mi biografía», dijo Miguel Delibes en el Paraninfo de la Universidad de Alcalá de Henares cuando recibió el Premio Cervantes en abril de 1994. Viajemos hoy, a través de 10 de ellos y de otros tantos libros que protagonizaron el día en que se conmemora el centenario de su nacimiento. Daniel, el Mochuelo (El camino, 1950) Después de La som

bra del ciprés es alargada

y
Aún es de día
, el escritor de Valladolid encontró su tono con esta novela que relata los recuerdos de un chaval de pueblo de 11 años en la noche previa a viajar a la ciudad para estudiar el Bachillerato. En esas horas de insomnio recordará las andanzas juntos a sus amigos Roque, el Moñigo y Germán, el Tiñoso. «Era, el suyo, un pueblecito pequeño, retraído y vulgar» (se lee en el libro), con fragua, fonda, taberna y escuela. «La tierra exhalaba un agradable vaho a humedad y a excremento de vaca», que tanto le gusta a Daniel, el Mochuelo. Él sólo aspira a ser quesero, tener una pareja de vacas, salir con la escopeta, pescar truchas y echar una partida de bolo.
Lorenzo
(
Diario de un cazador
, 1955) No otra cosa es Lorenzo que un bedel de instituto obsesionado por la caza. Personaje muy Delibes, que se definía como un «cazador que escribe». Ambos dos nada necesitan que no sea escopeta, perro y bota, como escribió aquel hombre noble. Y como recompensa no esperan más que un trofeo (una perdiz acaso) y una merienda. Eloy tiene una Jabalí del 16, es zurdo y madruga los fines de semana con su perra Doly, trampea el contador de la luz y vende la piel de los zorros. Dio larga vida a Eloy en
Diario de un emigrante
(1958) y en
Diario de un jubilado
(1995). Don Eloy (
La hoja roja
, 1959) Le ha llegado el día de la jubilación a este funcionario municipal «después de 53 años ininterrumpidos de servicio». ¿Y ahora? «¿Sabes Isa? Me ha salido la hoja roja en el librillo de fumar», escribe Delibes sobre ese aviso que llega cuando se acerca el final de las hojas y el personaje cree que también de la vida. Don Eloy añora la juventud igual que entonces soñaba con jubilarse. «El tiempo le sobraba de todas partes como unas ropas demasiado holgadas».
El Nini
(
Las ratas
, 1962) Lo que no pudo denunciar a través del periódico
El Norte de Castilla
(del que era director desde 1958) para denunciar el abandono del campo de Castilla, lo hizo con esta novela para sortear la censura. El Nini es un niño listo y sabio. Ni el tiempo, ni los campos, ni los pájaros guardan secretos para él, pese a sus breves 11 años. Un niño con facultades sobrenaturales. La voz limpia y dura de su creador sobre la desolación en la naturaleza.
Menchu
(
Cinco horas con Mario
, 1966) Monólogo de una mujer ante el cadáver de su marido en el que repasa sus vidas en común. Reproches, quejas, incomprensión. Culpa, soledad, incomunicación. Verdades y medias mentiras. La novela está ligada a la inolvidable interpretación teatral de Lola Herrera.
Cayo
(
El disputado voto del señor Cayo
, 1978) Hasta un pueblo en ruinas donde sólo quedan dos vecinos llegan en campaña electoral tres candidatos que se asombrarán ante la entereza y sabiduría natural de un Cayo que les desarma.
Azarías
(
Los santos inocentes
, 1981) Paco Rabal dejó para la historia del cine el papel de un campesino de alma pura fiel a su «milana bonita» frente al señorito sin escrúpulos de la finca en la que malviven. Desgarrador.
Eugenio Sanz
(
Cartas de amor de un sexagenario voluptuoso
, 1983) Bajo, rechoncho, solterón, periodista jubilado y un enfermo saludable. Así es Eugenio, que inicia una relación epistolar con una viuda de Sevilla que imagina hermosa y comprensible. Hasta que se ven en Madrid.
García Elvira
(
Señora de rojo sobre fondo gris
, 1991) Diecisiete años después de morir su mujer, Ángeles de Castro, Delibes escribió este monólogo (en buena parte autobiográfico) en el que la enfermedad y la detención por motivos políticos de una hija y su marido ahogan a un artista en crisis (y al lector). «Es mi equilibrio», decía Delibes de su mujer. José Sacristán borda el papel en el teatro.
Cipriano Salcedo
(
El hereje
, 1998) Este hombre de comercio abraza la fe protestante en la Valladolid del siglo XVI, que será condenado a la hoguera por la larga mano de la Inquisición. Apoteósico final de la novela y de la carrera literaria de don Miguel.
Coda
. No se pierdan la exposición que sobre Delibes se puede ver en la Biblioteca Nacional (hasta el 15 de noviembre), cuyo comisario es Jesús Marchamalo. Y cuatro sugerencias:
Soy un hombre de fidelidades. Conversaciones con Miguel Delibes
(La Esfera de los Libros) de César Alonso de los Ríos,
Cinco horas con Miguel Delibes
(Fórcola), de Javier Goñi, el clásico
El quiosco de los helados. Miguel Delibes de cerca
(Destino) y el novedoso
El libro de Miguel Delibes
(Destino,
su
editorial).

Para seguir leyendo gratis

O suscríbete a Premium y tendrás acceso a todo el contenido web de El Mundo


Conforme a los criterios deThe Trust Project

Saber más

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *