Miles Davis, sobre Chick Corea: «¡Cuando empezamos a tocar los dejamos patas arriba, macho!»

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«Cuando se vino a tocar conmigo, Chick Corea no se decidía aún a usar el piano eléctrico Fender Rhodes, pero le convencí. Le fastidiaba que alguien le dijera qué instrumento debía tocar, hasta que se entregó de lleno a ello y, en ese momento, no solo le gustó, sino que afianzó su prestigio tocándolo». Así recordaba Miles Davis en su autobiografía los primeros encuentros con el célebre compositor fallecido este martes, a los 79 años, de un cáncer «poco común», según anunció por sorpresa su página web.

El trompetista se atribuía el mérito de situar a Corea en el camino para convertirse en uno de los pianistas más revolucionarios, famosos y personales de la historia del jazz. Y no le faltaba razón, porque lo descubrió tocando con su piano acústico en los clubes de Nueva York, cuando tenía veintipocos años, y lo empujó hacia la electricidad para que protagonizara, junto a él, su última gran revolución.

Davis llevaba media vida en la música. Había comenzado a desfogarse en bandas encorsetadas por el swing y llegado después al bebop con Charlie Parker y Dizzy Gillespie, a mediados de los 40: «Oírles a los dos por primera vez en East St. Louis, con 18 años, es la sensación más fuerte que he experimentado en mi vida con la ropa puesta», solía decir. A continuación se lanzó a transgredir e impulsar, como un faro en la niebla, todos los estilos por los que transitaba: el cool jazz, el jazz modal, la tercera corriente influenciada por la música clásica, el hard bop, el post bop y, finalmente, la fusión con el rock.

«Había vislumbrado la senda del futuro»

El presidente de Columbia Records, Clive Davis, empezó a presionar a Davis para que se ganara al mercado juvenil, tocando en grandes templos del rock como el Fillmore. Al sello le molestaba que su estrella ya no ganara el dinero suficiente con la venta de discos como para cobrar los cuantiosos anticipos que le correspondían por el contrato que había firmado en 1955. «Pero yo no estaba preparado para convertirme en un recuerdo ni para figurar en la lista de “clásicos”. Había vislumbrado la senda del futuro e iba a seguirla hasta la meta, como siempre. No por Columbia y sus cifras de venta, ni para hacerme con unos cuantos compradores de discos blancos y jóvenes. Lo haría por mí y por mi música. Tenía que cambiar el rumbo para seguir amando lo que tocaba», aseguraba.

Davis y Corea, en una imagen de archivo
Davis y Corea, en una imagen de archivo

Entonces fichó a Chick Corea y llegaron ‘Filles de Kilimanjaro’ (1968), el famoso ‘In a Silent Way’ (1969), pionero en el uso de instrumentos eléctricos y de largas improvisaciones eléctricas cercanas al soul y, por último, esa piedra angular de la música del siglo XX que fue ‘Bitches Brew’ (1970). Tres trabajos geniales que están considerados hoy entre los más influyentes de su carrera y de la historia del jazz. «Desearía que aquella banda hubiera sido grabada en directo, era jodidamente genial», aseguró entusiasmado el trompetista en sus memorias, sobre aquellos años en los que Davis, Corea, Herbie Hancock, Dave Holland y compañía empezaron a tocar a impulsos salvajes, bajo la influencia de Muddy Waters, James Brown y Jimi Hendrix.

Con ‘Bitches Brew’, su última colaboración con Chick Corea, el trompetista provocó su ruptura más radical con el pasado, ganándose las críticas de periodistas, seguidores y de muchos de los músicos que habían tocado con él. «¿Qué leches le está pasando a Miles? ¿Temas de media hora con un solo acorde e instrumentos haciendo cosas sin sentido?», se preguntaban. Pero las ventas de aquel disco le dieron, una vez más, la razón: mientras las míticas producciones de los 60 jamás vendieron 100.000 unidades, esta superó las 400.000 en solo un año.

«El jazz parecía marchitar la parra en lo que respecta a la venta de discos y a las actuaciones en directo. Fue la primera vez en mucho tiempo que, dondequiera que yo tocase, no se quedaba gente en la calle. En 1969, Hancock, Corea, los demás chicos y yo tocamos en Estados Unidos en muchos clubes medio vacíos. Si comparaba los discos que vendía yo y los que vendía Bob Dylan, no había color. Él estaba por las nubes», se justificaba en sus memorias.

«Todos hervíamos de excitación»

Lo primero que les dijo a Corea y compañía al llegar al estudio fue que podían tocar lo que quisieran, mientras todo sonara como un solo acorde. Llevaba tiempo jugando con la idea de retroceder a fórmulas más sencillas, tal y como había hecho en el pasado Stravinsky. Después les dio unos bocetos y le ordenó al productor Teo Macero que dejara correr las cintas y grabara toda la música que improvisaran sin molestar ni interrumpir una sola vez. « Era como un director de orquesta tradicional -recordaba-. Era algo informal, pero ágil. Todos permanecían alerta ante las posibilidades que aparecían. Fue un despliegue del proceso creativo, una composición viviente. Una fuga en la que todos irrumpíamos y volvíamos a salir de un salto. Desearía haber grabado en vídeo aquella sesión, habría sido un documento excepcional. La sesión fue estupenda, tío, como aquellas fantásticas jam sessions en la era del bebop en el Milton’s. Al salir del estudio cada noche, todos hervíamos de excitación».

Davis siempre defendió que lo que hicieron en ‘Bitches Brew’ nunca podría haberlo escrito nadie de antemano, era improvisación pura. Y con ella, el jazz comenzó a superar su crisis económica tras años de declive. Se inauguraron nuevos clubes, se multiplicaron las discográficas y los músicos expatriados volvieron de su exilio. Ese entusiasmo por esta música lo refleja muy bien el trompetista al relatar el día que lo presentaron en directo: «El lugar estaba repleto de gente más o menos distraída y colocada. Cuando empezamos a tocar, paseaban y conversaban, pero al poco rato todos guardaban silencio. Habían entrado de lleno en la música. Aquello los dejó patas arriba, macho. Después de aquel concierto, asistían a mis actuaciones multitud de jóvenes blancos».

Lo importante es que Miles había plantado la semilla de la fusión, que regaron a continuación los músicos de aquel disco, llevándolo hasta sus cotas más altas: Herbie Hancock con Weather Report y Chick Corea con Return To Forever, algunos de cuyos discos están aún hoy entre los más vendidos de la década de los 70.

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