Mondrian, el arte emancipado

A Piet Mondrian (1872-1944) lo identificamos enseguida con sus pinturas geométricas de vivos colores y blancos suaves sobre cuadrados y rectángulos separados por finas líneas negras. Todo ello de una gran simplicidad pero con sensación de volumen y enorme potencia plástica. Hasta el punto de que sin ese último y más popular Mondrian se nos hace difícil imaginar el arte y el diseño actuales.

Pero para llegar allí, el holandés más influyente en las vanguardias de Europa y América Latina, “gran figura de referencia de la Modernidad junto a Pablo Picasso” según los expertos, hubo de recorrer un largo trayecto a partir del arte más tradicional y realista. Un recorrido cuyo tramo final no hizo solo sino junto a unos cuantos compañeros de viaje y seguidores ávidos de derribar fronteras en el arte, agrupados en el movimiento y la revista fundados en 1917 bajo el nombre De Stijl (El Estilo).

La exposición ilustra la evolución del pintor desde el realismo más tradicional hasta la modernidad absoluta

Ahora, el Museo Reina Sofía celebra su 30º aniversario con una exposición que, titulada justamente Mondrian y De Stijl , narra de manera especialmente didáctica el periplo de emancipación creativa encabezado por quien consta como uno los hombres clave de la pintura abstracta, así como fundador de lo que él mismo denominó neoplasticismo.

La muestra, que iba a inaugurarse el 12 de mayo y se suspendió a causa de la pandemia, se abre hoy al público en la primera planta del edificio Sabatini del Reina Sofía y allí podrá verse hasta el 1 de marzo. Son 95 obras: 35 de Mondrian–la mayoría prestadas por museos y coleccionistas holandeses, más las tres piezas del Thyssen cedidas para la ocasión– y 60 de artistas adscritos a De Stijl como Theo van Doesburg, Bart van der Leck, Georges Vantongerloo o Vilmos Huszár.

El cuadro 'New York City, 3 (inacabado)' es uno de los tres prestados por el Thyssen al Reina Sofía para esta gran exposición.
El cuadro ‘New York City, 3 (inacabado)’ es uno de los tres prestados por el Thyssen al Reina Sofía para esta gran exposición. (Emilia Gutiérrez)

Con una estructura cronológica articulada en torno a las exposiciones y los hitos más importantes en el historial del neerlandés, el itinerario arranca en un primer espacio dedicado a sus tempranos trabajos de bodegón, paisaje o retrato. Un rótulo en la pared alude a la participación del entonces joven pintor, en 1892, en la exposición anual de la asociación artística Kunstliefde de Utrecht, “un bastión conservador y aristocrático”. Mondrian procedía de una familia antirrevolucionaria y “se movía con soltura en esos círculos provincianos”. Cuadros como Naturaleza muerta con naranjas (1900) o Tarde en el Weesperzijde (1901-1902) dan cuenta de su fidelidad, en ese momento, a la tradición del realismo del siglo XVII desde un estilo más bien estático.

Uno ha de ser consciente de lo que hace antes de empezar a desprenderse de la tradición”

“Seguramente no es fácil ser original. Requiere experiencia y saber examinarse uno mismo con seriedad. Uno ha de ser consciente de lo que hace antes de empezar a desprenderse de la tradición”, escribiría años después Mondrian. Y este es precisamente el relato de la exposición después de esa primera sala de primeros pinitos: la historia de una búsqueda a través de una maduración paulatina y consciente.

Ante la pieza 'Composición C (nº III) con rojo, amarillo y azul', Mondrian, 1935
Ante la pieza ‘Composición C (nº III) con rojo, amarillo y azul’, Mondrian, 1935 (Luca Piergiovanni / EFE)

Poco a poco, el pintor se dejó contagiar por las corrientes artísticas emergentes, en particular el puntillismo, el fauvismo y el cubismo. Mondrian mostró su nuevo rostro, fruto de esas influencias y de su crecimiento personal, en una exposición celebrada en 1909 en el prestigioso Stedelijk Museum de Ámsterdam. De ella se enseñan en el Reina Sofía piezas como Noche de verano (1906-07) o Paisaje grande (1907-08), que el comisario de la muestra, Hans Janssen, describe como propias de “un artista que cree en el progreso, en un mundo que puede ser mejorado a través del arte”.

Pero el gran cambio, consecuencia de su anhelo por expresar “la belleza universal” con la mayor sencillez posible, lo experimentó y plasmó en su crucial traslado a París en 1911. La transformación quedó patente en el lienzo que firmó dos años después, Composición nº II –también presente en esta muestra–, a base de formas cuadrángulos y unas pocas curvas en colores suaves: un claro precursor de las formas que marcarían su rumbo y el del grupo De Stijl: el neoplasticismo.

'Habitación infantil', obra al más puro estilo de Mondrian a cargo de Vilmos Huszár y Pieter Jan Christoffel Klaarhamer. EUROPA PRESS 10/11/2020
‘Habitación infantil’, obra al más puro estilo de Mondrian a cargo de Vilmos Huszár y Pieter Jan Christoffel Klaarhamer. EUROPA PRESS 10/11/2020 (Servicio Ilustrado (Automático) / EP)

Las últimas salas de la muestra se consagran al florecimiento de Mondrian y De Stijl en los trabajos donde reflejaron plenamente su afán por hallar un nuevo lenguaje artístico; por terminar con la separación entre disciplinas; y por rebasar los límites del espacio pictórico para extender los principios de la abstracción de la pintura y la escultura a la arquitectura y el diseño gráfico e industrial. De ahí que, junto a los óleos del maestro y sus seguidores, podamos ver sillas solas o con mesas y hasta la reproducción del colorido Dormitorio infantil creado en 1919 por Vilmos Huszár y Pieter Jan Christoffel Klaarhamer: un diseño mondrianesco que cualquier podría fechar hoy mismo, 101 años después. Modernidad total.

La necesaria proeza de mantener las exposiciones

¿Merece la pena celebrar una exposición tan potente pero tan costosa como la de Mondrian y De Stijl, que hoy abre al público en el Reina Sofía. El director del museo, Manuel Borja-Villel, parecía esperar la pregunta. “Esto es justo lo que tenemos que hacer. El arte, la cultura, estar juntos… Todo ello es importantísimo ahora”, proclamó Borja-Villel a la par que reconocía las “dudas” que los responsables de la entidad han tenido antes de tomar la decisión de acoger la muestra, retrasada desde mayo, y que ahora se inaugura pese a contar con un 70% menos de visitantes” que antes de la pandemia. Un motivo poderoso para hacerlo reside en el “servicio público” que el museo quiere seguir ofreciendo a los visitantes que pueden acudir; otro, en la naturaleza de ecosistema de la institución. Pues de ella y su actividad dependen los artistas vivos que allí exponen (ahora Concha Jerez o Petrit Halilaj), así como los montadores y demás personal técnico: “Una razón económica” tan plausible como la que más.

Esto es justo lo que tenemos que hacer. El arte, la cultura, estar juntos… Todo ello es importantísimo ahora”

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