Morante le brindó el toro a Cayetana

En Córdoba todo sonaba a réquiem, a algo tan fúnebre como los tiempos que vivimos

Ya no es fácil caminar con Cayetana Alvarez de Toledo. Los saludos y los selfies son constantes; la necesidad de apoyo (también a los toros), también. Sin embargo, los partidos solo argumentan con la tradición y los puestos de trabajo que conlleva la fiesta nacional pero eso no basta en el mundo «posmo» que nos lleva a la ruina. Sobre todo a la ruina espiritual. Cayetana aún se siente abrumada por el afán de los que la requieren. Es difícil escribir de esta corrida. Sonó Nerva y fue tan emo

cionante como siempre. También
escuchamos el himno nacional en el paseíllo
. Pero ya pueden imaginar por qué todo sonaba a réquiem, a algo tan fúnebre como los tiempos que vivimos. España, dicen los medios de los países que nos tienen que
firmar la pasta del rescate
, es un proyecto fallido. Pero en una plaza de toros eso suena a chau chau de corresponsales gilipollas. Aquí, en los toros, en el campo, no hay nadie de Sánchez («será que no sabemos de digitalizar», decían los taurinos) y solo

el espíritu de Corcuera recuerda

que alguna vez hubo un PSOE apegado a una España
más allá del centro de las ciudades
, que no otra cosa que el ombligo. A los que se miran solo ahí, se les califica de coñazo. Lo son. Los que saben, saben que los toros
no se explican ni con la excusa infantil del arte
ni con cifras económicas. Respiraba Córdoba un aire festivo pese a la debacle. Cayetana había llegado desde Cataluña en donde había
estado haciendo hueco
a España. Se respiraba en Córdoba cierto aire conmovido. Era quizás el desánimo nuestro ante una España que se nos escapa entre los dedos de otros. España, esa tan bonita de juntos los distintos, necesita un asidero donde podamos vivir los
taurinos y los veganos
. Eso no es la España de hoy. Me piden negritas, un contrasentido en estos tiempos feministas del black lives matter. Estaba
Sol Bohórquez
, guapísima para variar, y don
Alvaro Domecq
, que ha vuelto a deslumbrar en la escuela andaluza de arte ecuestre. Sin embargo, en Córdoba había algo más. Una España olvidada que se dejó ver pese a la mierda de
restricciones que pesan
sobre Madrid. Morante de la Puebla le brindó el tercer toro a Cayetana. Los paletos dirán que el torero es un facha. Tontería de twitter.
También es un símbolo
. Lo saben los trevijanistas y los que alguna vez han olido la rebeldía pese a los coros mediáticos. Fue una faena anodina pero daba igual. Hay quien no sabe
del olor a albero
.

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