Muere Jirí Menzel, el director de la oscarizada 'Trenes rigurosamente vigilados'

Fue perseguido por el régimen comunista en Checoslovaquia tras la Primavera de Praga, en la que la Nueva Ola del cine tuvo gran protagonismo

Jirí Menzel, el director de cine checo que murió el sábado a los 82 años, estaba a punto de regresar a nuestra cartelera. Pero no como cineasta, sino como coprotagonista de Sin olvido, una inusual película dirigida por Martin Sulik sobre los estragos del exterminio nazi en la antigua Checoslovaquia. La película entronca y cierra el círculo abierto por Trenes rigurosamente vigilados, su ópera prima como cineasta que, en 1966, también trataba la ocupación nazi con un enfoque tan fresco y original que, tras su paso por el Festival de Cannes, mereció el Oscar a la Mejor Película de Habla No Inglesa. Eso dos años antes de que la Primavera de Praga pusiera más tristemente el foco sobre sus compañeros de la Nueva Ola Checa, el momento de mayor efervescencia creativa en el cine de su país.

En Sin olvido, Menzel encarna a un hombre cuyos padres fueron víctimas del holocausto. Leyendo un libro, descubre al SS que fue responsable de la masacre, y va en su búsqueda. Pero en su lugar se encuentra a su hijo, encarnado por un entrañable Peter Simonischek, el padre chistoso de Toni Erdmann (2016), una de las mejores comedias alemanas que se recuerdan. Además de su curioso planteamiento, que deriva en un viaje mano a mano entre el hijo de las víctimas y el del verdugo, la película tiene también toques de comedia, como la irresistible comedia que fue Trenes rigurosamente vigilados.

Basada en una novela entonces todavía inacabada de Bohumil Hrabal (traducida por Seix Barral), aquella película rodada en deslumbrante blanco y negro era la historia de un apocado aprendiz de jefe de estación al que le encargan la supervisión de esos trenes de «gran valor estratégico» para un Tercer Reich ya en pleno hundimiento.

En el microcosmos de la estación, hay elementos de la resistencia, hacia la que el protagonista se inclinará para tratar de conquistar a la chica, y demostrar su más que cuestionada hombría. Mucho antes de la no menos oscarizada La vida es bella (1997), pasó a la historia esta entrañable comedia de alcance tan popular como de gran calado cinéfilo, que introducía la risa en un tema espinoso. Menzel, que también fue un prolífico actor, siempre hizo cine pensando en llegar a todo el mundo, y manifestó su inquina contra del solipsismo intelectual.

Primavera de Praga

Entraron los tanques soviéticos en Praga, y muchos cineastas, como Milos Forman o Ivan Passer, decidieron exiliarse. Pero Menzel se quedó, y le costó caro. Alondras en el alambre, una película que terminó en 1969, no pudo estrenarse hasta la caída del régimen comunista, logrando el Oso de Oro en la Berlinale de 1990. También era una comedia sobre un tema serio, nada menos que un campo de rehabilitación para «elementos burgueses» en los primeros años del comunismo checo. Menzel siempre plantó cara a los totalitarismos con una sonrisa, señal de inteligencia.

A pesar de todo, Menzel continuó desarrollando su accidentada y espaciada carrera, siempre a partir de textos ajenos, en un país fuertemente atenazado por la censura, a la que quitó hierro, en descocadas declaraciones a este diario cuando la Filmoteca Española, y la catalana, le dedicaron una completa retrospectiva para celebrar el medio siglo de Trenes rigurosamente vigilados: «No defenderé la censura. Pero se trabaja mejor dentro de unos límites. Cuando acabó el control del estado y todo el mundo pudo hacer lo que quería, rápidamente se vio que no había tanto genio reprimido. Muchos tontos quedaron al descubierto».

Entre la veintena de largos que dirigió, también destacan Crimen en el teatro (1968), Los hombres de la manivela (1969), Mi dulce pueblecito (1985) y Yo serví al rey de Inglaterra (2006), que marcó su sexta colaboración con Hrabal, esta vez para brindar un fresco histórico que, al contrario que el ferroviario de Trenes rigurosamente vigilados, estaba protagonizado por un arribista con grandes dotes de vigilancia.

Durante el pasado confinamiento, Bárbara Lennie recomendó Trenes rigurosamente vigilados como parte del ciclo programado por la Filmoteca Española, en colaboración con Filmin, para aliviar a los espectadores atrapados en sus casas. Sin duda la mejor medicina.

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