Nanette Streicher, la constructora de pianos que mejor comprendió a Beethoven

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La memoria de Antonio Stradivari ha sobrevivido a los siglos gracias a sus inigualables violines, todavía envueltos en misterio; a Henry E. Steinway se le recuerda todavía por los pianos que llevan su firma. No pasa lo mismo, sin embargo, con Nannette Streicher, una mujer que tuvo el honor de ser «una de las amigas más antiguas y sinceras de Beethoven», como escribió el editor británico Vincent Novello en el margen de un boceto manuscrito de la sonata «Hammerklavier» del compositor alemán.

No solo eso. Nanette Streicher, pianistas, fue una de las mejores constructoras de pianos de su época y, desde 1817 hasta el momento de su muerte, fue la administradora de la casa de Beethoven. Se convirtió en una suerte de madre adoptiva del compositor. Sabía lidiar con el mal carácter del músico y se ocupaba de conseguirle alojamiento cada vez que, por dicho mal carácter o por su falta de higiene, algún casero le echara de donde estuviera.

Su relación está documentada a través de las más de sesenta cartas que Beethoven escribió a Nanette a lo largo de seis meses. En ellas le pedía que se ocupara de su ropa, que remendara sus calcetines, que le comprara comida y productos de limpieza para la casa. Por aquella época, el músico se había vuelto un paranoico y pensaba que sus criados querían robarle y envenenarlo.

Ludwig van Beethoven y Nanette Streicher se conocían en realidad desde hacía treinta años. En 1817, el compositor había viajado a Viena para conocer a su gran ídolo, Wolfgang Amadeus Mozart; no está documentado si lo consiguió, pero de vuelta a Bonn el músico alemán se detuvo en la ciudad bávara de Augsburgo. Allí vivía un reputado constructor de pianos, Johann Andreas Stein, padre de una joven de 18 años -Beethoven tenía por entonces 17- llamada María Ann, pero a quienes todos conocían como Nanette.

Ludwig van Beethoven

Entre los dos se produjo inmediatamente una corriente de simpatía. Nanette era una excelente pianista, a la que Mozart, cuando la escuchó cuando ella tenía solo ocho años, había elogiado su talento (aunque no se abstuvo de criticar sus muecas y su postura); también Joseph Haydn la alabó, según escribió en su diario el citado Vincent Novello.

La joven no solo era una excelente instrumentista, sino que desde niña había ayudado a su padre -que entre otras innovaciones había introducido una amortigüación en los martillos para que el impacto con las cuerdas fuera menos brusco-, y conocía muy bien la técnica de la construcción del piano.

No es extraño, pues, que a la muerte de Johann Andreas Stein, en 1792, Nanette se hiciera cargo del negocio familiar. Tenía entonces 23 años y acababa de casarse con el pianista y profesor Andreas Streicher. Nanette trasladó los pianos y el negocio a Viena; se asoció a su hermano Matthäus, de 16 años, y cambió el nombre de la empresa, que pasó a llamarse Geschwister Stein (Hermanos Stein). El marido de Nanette trabajaba con ella como responsable de las ventas, la contabilidad y la correspondencia comercial, pero era ella quien llevaba las riendas del negocio.

En 1796, según cuenta Patricia Morrisroe en The New York Times, Beethoven pidió prestado un piano para un concierto en la actual Bratislava (Eslovaquia). El compositor dijo que era demasiado «bueno» para él, ya que quería «libertad para crear su propio tono». En una carta enviada a Andreas Streicher se quejó de que el piano seguía siendo el menos desarrollado de todos los instrumentos y que sonaba demasiado a arpa.

Beethoven empezaba por entonces a padecer problemas de oído, y al parecer su manera de tocar era salvaje y contundente. El propio Streicher escribió sobre él -aunque tuvo la deferencia de hablar de un «pianista anónimo»- que era un brutal asesino ante el teclado y que parecía empeñado en vengarse de él. «Después de escuchar tocar los primeros acordes con tanta violencia uno se pregunta si el intérprete es sordo«. Había dado en el clavo.

Un piano de la firma Streicher

Probablemente, dicen algunos biógrafos, Nanette Streicher fue la mujer con la que Beethoven mantuvo una mejor relación en su vida. Ella apreciaba al compositor, a pesar de sus defectos -«es avaro y siempre desconfía»-, le escribió una vez a Novello. Su ayuda fue decisiva para que el músico de Bonn pudiera centrarse en la que muchos definen como la más ambiciosa de sus treinta y dos sonatas para piano, la «Hammerklavier», principio de una época durante la que escribiría, entre otras piezas, la «Missa solemnis», las «Variaciones Diabelli» y la Novena Sinfonía.

Entre las novedades que Nanette Streicher aportó a la construcción de pianos con respecto a los instrumentos de su padre, está la ampliación del rango de cinco octavas a seis y media. Tuvo, también, que seguir con su trabajo sola, ya que tras una pelea con su hermano se disolvió la empresa. Como Matthäus se erigió como el heredero legítimo del apellido Stein, Nanette creó la compañía «Streicher née Stein» (Streicher nacida Stein), con la que llegó a fabricar entre cincuenta y sesenta y cinco pianos de cola al año y creó una sala de conciertos para trescientos espectadores.

Nanette murió en 1833, cinco años después que Beethoven, y la firma siguió regida por su hijo Johann Baptiste, primero, y su nieto Emil, después, hasta que al retirarse éste, en 1895, la empresa cerró. Se han llevado a cabo, sin embargo, varios intentos por recrear los pianos de la constructora y, también, por restaurar alguno de los instrumentos que todavía se conservan, especialmente en Hungría.

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