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Colección XVIII: Textil

El paraíso de los ancianos está en el norte de Florida y se llama The Villages. En esta megaurbanización, que fue construida de la nada y tiene una superficie del tamaño de Granada, viven más de 120.000 personas y la media de edad se sitúa en los 75 años. No hay nada aburrido ni gris en estas villas pensadas para una jubilación dorada. Sus habitantes salen de fiesta más que cuando eran jóvenes. Los distintos complejos urbanísticos están conectados por carreteras en los que vecinos en shorts se mueven en carritos de golf. Hace años que les retiraron el permiso de conducir. Todas las tardes van a la plaza de su barrio o a la del vecino para ver un concierto y beber mojito aprovechando la happy hour. Siempre luce el sol tropical en sus casas de madera y están a la sombra del personal sanitario que cuida de sus achaques nonagenarios.

El paraíso de nuestros mayores en España se llama residencia o casa en un pueblo abandonado sin ascensor ni Mercadona. Pero eso puede cambiar. El arquitecto del momento en Valladolid, Óscar Miguel Ares, se ha propuesto mejorar la calidad de vida de los ancianos rehabilitando para ellos zonas urbanas que no son funcionales en la actualidad. «Nadie quiere abandonar su casa aunque no pueda subir ni las escaleras; el deseo del 93% de los ancianos es permanecer en el hogar, pero para ello es necesario adaptar las viviendas y hacerlas más accesibles», explica. Ares va a desarrollar esta idea en el barrio obrero de La Pinilla, en San Andrés del Rabanedo, León. Será su experiencia piloto.

Cuando la Junta contrató su estudio, Contextos de Arquitectura y Urbanismo, para rehabilitar esta zona marginal, se encontraron con que, además, había un elevado índice de envejecimiento. «Más del 50% de las personas que viven allí tiene más de 75 años. Lo que parece una anécdota no lo es. Esto mismo está ocurriendo en muchas ciudades de la España vaciada», indica. Y opina que, por mucho que nos guste pensar que una ciudad de provincia es un buen sitio para envejecer, no lo es. «Hay una imagen muy bucólica de lo que son las capitales pequeñas. El problema que tienen lugares como León o Segovia es que los conocemos desde el turismo. Si analizamos con bisturí las zonas colindantes vemos que hay bolsas de tejido urbano de gente mayor con escasos recursos que no pueden costearse una residencia», indica.

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The Villages, en Florida, una ciudad de retiro donde la media de edad se sitúa en los 75 años y el tamaño medio de las casas es de 350 metros cuadrados. | Getty

Jubilarse en un barrio franquista

San Andrés del Rabanedo es uno de esos municipios colindantes donde no hay turismo ni comercios. Uno de sus barrios, La Pinilla, fue creado en los años cuarenta y sesenta por la Obra Sindical del Hogar y el Instituto Nacional de la Vivienda para las personas que vivían en el que hoy es el Pantano de Riaño. «Está formado por casas pequeñísimas, de 40 y 45 metros cuadrados, donde han vivido familias de más de cuatro personas. No existe movilidad vertical –ascensores– ni movilidad horizontal. A ciertas edades una bañera puede ser un obstáculo», afirma.

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Óscar Miguel Ares ha centrado su trabajo en peoyectar un modo de vida diferente para los mayores y propone emplear los recursos públicos en eliminar barreras en los barrios y adaptar las viviendas de los mayores en lugar de construir nuevas residencias.

Óscar recuerda que en su visita al barrio se le «cayó el mundo a los pies al ver una señora que sufría muchísimo porque tenía un problema de artritis. Tenía que bajar desde un tercer piso a la planta baja para hacer la comida porque las antiguas carboneras, que se situaban allí, fueron convertidas en cocinas. Esa señora estaba sola, no vivía con nadie, y tenía que subir las escaleras varias veces al día».

Lo que Ares propone es más económico que construir residencias. «En vez de invertir recursos públicos en construir residencias, que son caras, se podrían destinar a la rehabilitación de viviendas donde hay una gran cantidad de personas mayores. El coste de adaptar 500 casas es el equivalente a construir tres residencias», afirma. «Adoptemos soluciones inteligentes, como es mejorar los barrios para crear un ambiente agradable, y reformar pisos que están en situaciones paupérrimas», apunta.

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Proyecto de rehabilitación del barrio obrero de La Pinilla, en San Andrés de Rabanedo, León. Entre las intervenciones que propone el arquitecto, la más cara es la de dotar a los edificios de ascensores. | Óscar Miguel Ares

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Lugares de descanso en las zonas públicas, más arbolado y distribuido de forma que genere plazas, en lugar de decorados. | Óscar Miguel Ares

«Hay un porcentaje de la población envejecida muy elevado, pero el panorama que está por venir es desolador. Yo vivo en Valladolid, donde el 25,6% de la población tiene más de 65 años. Para el año 2050 se prevé que sea el 37% y que la población haya disminuido un 27%. La situación será peor en Zamora, Salamanca o León, entre otras provincias. Según Naciones Unidas, en 2050 España va a ser el país más envejecido del planeta», apunta. Estos datos fueron publicados en un estudio presentado por la arquitecta Paz Martín, ganadora de la beca Leonardo y autora de la exposición Envejezando.

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En el interior de las viviendas, Ares propone cambiar las bañeras por duchas y conectar el hogar al servicio de teleasistencia, de modo que los mayores no tengan que dejar su casa en contra de su voluntad. | Óscar Miguel Ares

¿Qué hacemos con la ‘marea gris’?

Ares tiene ahora 46 años, es joven. Pero cuando pone la vista en su vejez se preocupa. Hay un cambio educativo y generacional: «Mis hijos no van a cuidar de mí, como ocurre en estos pueblos». Uno se pregunta de dónde va a salir el dinero para construir tantas residencias si las pensiones están en entredicho. Este arquitecto vallisoletano ve como única solución emplear los pocos fondos que hay en realizar pequeñas intervenciones: «Lo más caro es poner un ascensor. El resto es barato: colocar duchas donde había bañeras, bajar la altura de las encimaras o colocar dispositivos que conecten con la teleasistencia».

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La residencia de Aldeamayor de San Martín, donde Ares construyó su utopía, un lugar más aprecido a un hotel que a un depósito de mayores, que es como califica las actuales residencias de ancianos. | Óscar Miguel Ares

Pero no todos los recursos deben provenir del Estado. La marea gris, funesto término con el que se conoce este fenómeno demográfico, puede convertirse en un foco generador de empleo. «Por cada tres mayores hará falta un trabajador», opina Óscar. Muchos mayores del futuro, los jóvenes de hoy, no tendrán hijos ni herencias que dejar. Querrán viajar, cenar en restaurantes, disfrutar de sus aficiones… Será un nuevo modelo económico. Con suerte las residencias convencionales dejarán de ser la única opción. «Los que tengan capacidad económica podrán optar por modelos como las residencias, el cohousing o los pisos tutelados».

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La residencia de Ares en Aldeamayor de San Martín ha recibido galardones dentro y fuera de España, y ha sido seleccionada para representar a nuestro país en la próxima Bienal de Venecia. | Óscar Miguel Ares

En un mundo ideal, el que sueña Ares, las nuevas residencias se parecerán más a hoteles y no a pasillos con depósitos para mayores. Él mismo construyó esta utopía en Aldeamayor de San Martín (Valladolid). Su residencia fue galardonada en la XVI Bienal Española de Arquitectura y Urbanismo y ha obtenido reconocimientos en Nueva York y Venecia; además ha sido seleccionada como uno de los proyectos que van a representar a España en la próxima edición de la Bienal de Venecia.

No sabemos si llegaremos a ver un The Villages español. Él intentó hacer algo parecido, una ciudad de la salud y el bienestar, pero el proyecto fracasó por la oposición de grupos ecologistas. Todavía no se explica qué inconveniente vieron esos colectivos en la creación de esta especie de campamento de verano permanente para los ancianos: «No había campos de golf, simplemente parques para pasear y charlar».

Ares seguirá volcándose con este grupo, el de la marea gris, que tanto le preocupa: «Como arquitecto tengo un contrato social y me debo a los más vulnerables». La visibilidad no es el motor de este vallisoletano que ostenta decenas de premios nacionales e internacionales como el American Architecture Prize (New York, 2017, Bilbao 2019), el International Architecture Awards 2018 concedido por The Chicago Athenaeum / Europeen (Atenas, 2018) o The Plan Award, (Venecia 2018, Milán 2019). No es fácil brillar cuando uno se ocupa de la marea gris.

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