Ni robadas, ni requisadas en la Guerra Civil: la verdad de las monedas identificadas en el Museo Arqueológico

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Además de un arte, la Historia es una ciencia viva; una que avanza con el paso de los años y que, como el resto, cambia con el devenir de los tiempos. El ejemplo más reciente de ello es la última investigación publicada por Paula Grañeda Miñón, del Departamento de Numismática y Medallística del Museo Arqueológico Nacional (MAN). A golpe de documentación, la experta ha demostrado que siete monedas atribuidas por un investigador al Tesoro de Valencia del Ventoso (Badajoz) habían sido catalogadas de forma errónea y, en realidad, se correspondían con piezas que se creía extraviadas en la Guerra Civil.

[Aquí puede leer la investigación original]

Según explica a ABC Paloma Otero, Conservadora-Jefe del Departamento de Numismática y Medallística del MAN, han logrado confirmar que, en realidad, pertenecían a un ingreso hecho en 1935. Uno en el que el museo adquirió, por un coste de 900 pesetas, 20 dinares y fracciones de dinar de la época andalusí a un particular llamado Ramón Portillo, del que existen en la actualidad pocos datos. En declaraciones a este diario, Grañeda incide en que las piezas en cuestión siempre han estado en el museo, aunque sin identificar, lo mismo que otras tantas. Ni escondidas en un cajón, ni olvidadas tras un doble fondo, por muy de novela que suene.

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Ambas recalcan además que, a pesar de que en las últimas horas estas siete monedas han sido relacionadas de forma estrecha con la Guerra Civil, poco tienen que ver con ella. Tan solo una hipótesis, barruntada en 1992 por la antigua Conservadora-Jefe del museo, en la que se barajaba la posibilidad de que las 20 piezas adquiridas a Portillo hubiesen sido requisadas por la Segunda República en 1936. Año en el que la Junta de Incautación y Protección del Patrimonio Artístico, fundada para salvaguardar el patrimonio cultural del país ante el avance sublevado, se personó en el centro y metió en cajas (sin sus respectivas cartelas) unas tres mil.

Según Grañeda, las monedas son la única pieza artística sobre la que no se puede escribir por su escaso tamaño. «Se ubican en unas bandejas con una pequeña cartela que actúa como una suerte de DNI. Si se pierde, es como perder su historia», sentencia la experta. Como estos siete dinares y fracciones de dinar carecían de este ‘documento nacional de identidad‘, se desconocía su procedencia. Y, ante la duda, en 1992 se planteó la posibilidad de que hubieran desaparecido como parte de esa incautación. Aunque también se barajaron otras tantas.

Con todo, ambas expertas inciden en que, a pesar de no estar relacionadas directamente con la requisa llevada a cabo en la Guerra Civil (un hecho traumático para el MAN, pues el oro terminó saliendo de la Península y, se cree, pudo ser fundido con el objetivo de sufragar el exilio republicano) eso no resta importancia al hecho. Porto, desvela a este diario, es partidaria de que cada identificación supone una victoria para el museo y un avance hacia la catalogación de las 150.000 piezas pendientes (unas, por falta de recursos humanos, otras, por diferentes causas, pero todas ellas bien cuidadas y organizadas).

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Grañeda, por su parte, es partidaria de que cada identificación «pone en valor el trabajo que se hace en el museo». Una tarea ardua que se basa en la documentación, la búsqueda de expedientes y la reconstrucción de puzles históricos. «En este caso, yo solo buscaba demostrar a un investigador previo que las monedas en cuestión no pertenecían al Tesoro de Badajoz por sus características, su peso…», señala. En el transcurso de esa labor, no obstante, halló el expediente de la adquisición a Portillo y se percató de que los dinares y fracciones de dinar pertenecían a esa partida. Así de simple y sencillo.

El revuelo que se ha generado alrededor de este descubrimiento ha demostrado, no obstante, que la Guerra Civil continúa siendo una época histórica que levanta pasiones y tensiones. Y no es para menos, pues la violencia de la lucha fratricida que vivió este país hace ya más de siete décadas dejó heridas poco visibles. De esas que permanecen en lo más profundo del alma del ser humano, pero también de la cultura y de entidades como el mismísimo Museo Arqueológico. Una institución que poco tiene que ver con la política y que, en contra de lo que pasó con el Museo del Prado (al que le fueron devueltos los cuadros requisados durante el franquismo) jamás pudo ver el regreso de aquellas monedas perdidas.

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