Niño de Elche: «Val del Omar fue el primer músico que trató de una manera electrónica el flamenco»

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El fotógrafo, director de cine e inventor español José Val del Omar (Granada, 1904-Madrid, 1982) fue un artista adelantado a su tiempo. Ya a finales de los años 20 desarrolló varias de sus técnicas más características, incluyendo el sonido diafónico, el desbordamiento apanorámico de la imagen o el concepto de visión táctil, algunas de las cuales le ayudaron a componer, en el año 1949, su «Auto Sacramental Invisible», una de sus obras más ambiciosas. A modo de instalación sonora, concibió un dispositivo en perfecta articulación con un elaborado guión en el que distribuía minuciosamente el sonido (voces, músicas, ruidos diversos…) a través de más de una decena de altavoces. Así, el artista granadino configuró una propuesta estética que anticipó reflexiones que ya en los años sesenta del siglo XX propiciarían la expresión «arte sonoro». Ahora el Museo Reina Sofía reivindica su figura y acoge en primicia la exposición «Auto Sacramental Invisible. Una representación sonora a partir de Val del Omar», desde el miércoles 7 de octubre hasta el próximo 26 de abril. Se trata de un proyecto del cantaor Niño de Elche, que junto a Lluís Alexandre Casanovas y Miguel Álvarez-Fernández, «incorporan, en una compleja síntesis intermedial, componentes teatrales, musicales e instalativos que, en su interpretación se descentran a través de una pluralidad de voces que se orientan simultáneamente tanto hacia la España de 1952, que vió nacer su obra, como a este pandémico 2020». Hablamos con el artista ilicitano, que nosda las claves de la muestra y nos acerca a la figura y legado del creador granadino.

—¿En qué consiste este Auto Sacramental Invisible?

—Esta obra, prácticamente desconocida que sólo llegó a presentarse en junio de 1952, de manera parcial y tentativa, puede entenderse como una suerte de «eslabón perdido» dentro de la evolución estética valdelomariana. Auto Sacramental Invisible ayuda a explicar el salto del joven cineasta y fotógrafo, cercano al realismo documental y vinculado a las Misiones Pedagógicas, a Val del Omar, ya plenamente cinemista, abstracto y poético, que a partir de 1954 mostró, con su Aguaespejo granadino, ese opus magnum que es el Tríptico elemental de España. Desde la perspectiva actual cobra una especial relevancia el hecho de que esa evolución se canalizase a través de una reflexión estética vinculada, sobre todo, al sonido y su percepción. Lo que hacemos primeramente es una revisión del guión, más poética y narrativa para posteriormente comenzar a confeccionar una especie de pieza instalativa, algunas veces empujados por intuiciones que tenía Val del Omar y otras volcando mis anhelos y necesidades discursivas para conectar con ese marco que proponía el artista granadino.

—¿Cómo entró en contacto con la obra de Val del Omar?

—Conocí a Val del Omar hace ya muchos años por un bailaor amigo mío, Andrés Marín. Después, claro, en el momento en que conoces a este gran personaje parece ser que muchas otras personas ya lo conocían, aunque no tanto como pensamos. Pero sí tuve la suerte de coincidir, lógicamente, con gente como Pedro G. Romero, que había trabajado bastante sobre él, Los Voluble, Israel Galván, Miguel Álvarez-Fernández, …., también gente del cine como mi amiga Marta Bassols, … diferentes amigos con los cuales vas descubriendo que lo conocen y entran dentro de sus coordenadas estético-artísticas.

—En su último disco, «Antología del cante flamenco heterodoxo», ya incluye una composición titulada «Mensaje diafonico de Val del Omar».

—Antes de grabar esa pieza para la antología ya había hecho unos cuantos conciertos en dos o tres festivales de cine experimental, enfrentándome a sus trabajos fílmicos grabados en Super-8. Y a partir de ahí entendí que había una rítmica interna en Val del Omar que me interesaba mucho. Después conocí más radicalmente su trabajo sonoro y me influenció muchísimo porque Val del Omar fue el primer músico que vi que trataba de una forma electrónica el flamenco.

—¿Qué destacaría de la figura de Val del Omar?

—Sobre todo que es un personaje indisciplinar. Ahí es donde yo espiritualmente conecto muchísimo con él. Un artista que ha trabajado muchas disciplinas, que tiene una serie de intereses pero que tampoco es un fanático de los mismos y que ha sabido desplazarse, obsesionarse, traicionarse, … pero de una forma totalmente amorosa en el sentido más profundo del término. Un profundo amor de lo que supone el arte como cambio de vida.

—¿Personaje indisciplinar?

—Sí, porque trabaja con muchas disciplinas y las traiciona también. Ahí me siento muy cercano a él.

—¿Cuál cree que es el legado que nos deja José Val del Omar?

—Muchísimo. Hay un legado en un sentido material, filmico, artístico sonoro, … pero a mí me interesa más su forma de mirar y de escuchar. A mí de los artistas me interesa mucho su legado material, lógicamente, ya que es lo que primeramente te encuentras, pero después me atrae ver dónde se van situando para abordar según qué cuestiones. Esta es la mejor manera en la que me puede enamorar un artista.

—¿Por qué el flamenco se ha olvidado de la reivindicación artística de Val del Omar, cuando las 2 obras acabadas que le conocemos, fílmicamente hablando («Aguaespejo granadino», de 1953, dedicada a la estética de Antonio Ruiz Soler «Antonio el Bailarín»; y «Fuego en Castilla», de 1958, a la estética de su antagonista Vicente Escudero), están encarnadas por el género?

—Evidentemente porque no lo conoce. En primer lugar, porque no se puede olvidar algo que se conoce. Y en segundo lugar porque normalmente el mundo del flamenco no escucha. No escucha ni lo suyo. El mundo del flamenco más convencional no escucha. Es una tragedia porque si no escuchas no puedes avanzar. Lo que pasa es que tiene la suerte de que siempre hay algunos artistas que escuchan. Pero son los mínimos.

—¿Qué artistas de vanguardia actuales podrían asemejarse a la obra de Val del Omar?

—Asemejarse no. Ni creo que sea la intención ni sería positivo en ese caso. Lo importante es que Val del Omar sea una luz, tomando sus metáforas, que expanda y bañe a otros artistas. Lo interesante de Val del Omar es que tiene muchas obras en el sentido de obra inacabada, lo que siempre invita a que te sumerjas en esa plataforma que él propone y que desde ahí tú puedas encontrar tus verdaderos «yos», profundizar en ti, en lo colectivo, en superar prejuicios, … ésos son, para mí, los artistas que más me interesan. Hay artistas que incluso no conocen a Val del Omar pero que en cierta forma están influenciados por él de una manera indirecta. Eso habla muy bien de Val del Omar y de los artistas influenciados.

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