Nolan en cine, Trueba en web

Antes de Antonio Banderas –de hecho, bastante antes– en Málaga estuvieron los fenicios que la fundaron. Eran originarios de la ciudad de Tiro. Tenían como rey a un tal Melgart, de ahí quizás el nombre de Málaga. Después llegaron los romanos y los bárbaros y los musulmanes y fue medina andalusí para acabar siendo anexionada a la Corona de Castilla en 1487. Rabiosamente liberal, se adaptó a la industrialización y fue el lugar donde nacieron seres excepcionales como Pablo Picasso, María Victoria Atenzia, Antonio Molina y… levántense de sus asientos, Chiquito de la Calzada.

En estos días, Málaga es ese lugar donde se celebra un Festival de cine en español y todo el mundo va a ver la última de Cristopher Nolan. La película es Tenet , una caraja efectista, entretenida e incomprensible que, en su visionado, te hace olvidar que hay una pandemia y semáforos que cambian de verde a rojo. Tenet está reventado taquillas. En otro momento habría debate cinéfilo pero ahora la guerra de Tenet es también la guerra del cine. Un respeto, pues, para Nolan y para Málaga, por supuesto, que desde hace años está desarrollando una actividad cultural que otros enclaves –Madrid, Sevilla, Valencia… – miran de reojo entre la curiosidad y un cierto desconcierto de hermano mayor.

Málaga es andaluza pero también es mediterránea y el Festival de Málaga de cine tiene esa vocación de mar. En este contexto no puede ser un mero recurso fotográfico que las estrellas que acuden al evento se fotografíen con el Mediterráneo de fondo.

Por ese mar –esa mirada abierta, nueva y vieja al mismo tiempo a mercancías, historias y personas que te llegan desde cualquier sitio– quizás se pueda entender la conexión rápida y estrecha entre cineastas e industria del cine entre Catalunya y Málaga desde ya hace varios años. Tiene rasgos casi de utopía post-apocalíptica, pensar una España desde la periferia, desde el mar hacía el interior. Puro argumento Nolan: una España que trata de ir hacia delante y en el espejo, al mismo tiempo la misma España camina invertida para corregir errores del pasado. De ser eso posible, por favor, atiendan esta petición: que Messi se quede en el Barça o que al menos fiche por el Málaga.

Pasó David Trueba por el Festival para presentar A este lado del mundo , mirada en forma de cine social sobre la inmigración ilegal que llega burlando la valla de Melilla. Una buena escritura de guión que opta de forma evidente por la ficción (sin apenas tics de docu-ficción) para exponer esa situación. Al tiempo que nos habla de eso, Trueba (Madrid, 1969) nos interpela como sociedad en cuanto no queremos el problema pero tampoco queremos saber la solución.

La tercera opción, que es dar una alternativa realista y ética es lo que se echa de menos en la voz de algún personaje, dejándote en el clásico loop infinito entre caos, mala conciencia, corrupción e ingenuidad. La película, grabada en formato guerrilla en cuanto equipo de trabajo según el propio Trueba, se eleva todas y cada una de las veces que hace su aparición Anna Alarcón, en el papel de una resolutiva, ambigua y descreída guardia civil fronteriza.

La posición de verso libre de Trueba se sustancia en que su película sólo podrá ser alquilada en su web

Pero lo que más resuena en el Festival es la posición elegida por Trueba de salir de la trampa de una distribución dirigida y organizada por los señores que no dirigen películas sino plataformas. La posición de verso libre de Trueba queda reflejada en el hecho de que esta película sólo podrá ser alquilada en su propia página web. Si Netflix y otros Godzillas se comen todo el pastel solo se harán y se verán las cintas que ellos quieran, clonando fórmulas y propuestas.

La lucha de Trueba, como la de Nolan, también es la lucha de todos, del cine. Plantea un canal alternativo de llegar a un público. La respuesta depende de nosotros, de nuestra capacidad de renuncia y de compromiso cultural. Cuando identificas comodidad con libertad, te da por poner vallas de muchos metros y concertinas y dar a la tecla del Amazon Prime, total, qué más da. Así que buena suerte, señor Nolan, buena suerte, señor Trueba.

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