'Nomadland', León de Oro por obligación

La Mostra cierra su año más confuso con un palmarés tan justo como lúcido, e inapelable, que mejora incluso una competición que hizo de la…

Antes que hacer lo que se esperaba de ella, la Mostra hizo lo que debía. El matiz importa. El deber, como la razón, no se cumple por consenso ni mucho menos por cansancio. Cate Blanchett volvió a exhibirse como un jurado de fiar, como una presidenta con juicio. Tras otorgar hace un par de años la Palma de Oro a Koreeda por ‘Un asunto de familia’, ahora le tocaba hacer lo propio con el León de Oro y depositarlo en manos de Chloé Zhao por su trabajo en ‘Nomadland’. A las dos películas les une la gracia de lo evidente, de lo incontestable. Y, si se me permite, más a la segunda que a la primera.

‘Nomadland’ aterrizó en la Mostra el último día y lo hizo con todas las expectativas por las nubes. De vez en cuando alrededor de una película se forma una niebla de unanimidad que lejos de beneficiarla la acaba por hundir. Nunca queda claro qué le pertenece a la campaña de márketing orquestada por la distribuidora (en este caso la todopoderosa Disney que además ya ha asignado a la directora el próximo tostón de superhéroes para que lo refunde) y qué a esa crítica algo holgazana siempre pendiente de la media de las películas en las páginas que se dedican a ello. Pues bien, poco tardó la película de Chloé Zhao en demostrar a todos y demostrarse a sí mismo que es, de momento, la película del año.

Y lo es por varios motivos. Contemplada desde el extrarradio del ‘Zeitgeist’ (el espíritu de los tiempos digamos), la cinta propone sin miramientos una especie de refutación general de casi todo, de enmienda a la totalidad, de negación de la mayor, que es como los silogismos con apariencia de indubitables muerden el polvo. La historia de una mujer (inmensa en su inmensidad Frances McDormand) obligada a abandonar su ciudad puesto que la mina no da más de sí es también el relato de todos los desplazados de un mundo cada vez más extraño, menos habitable, infinitamente injusto. Y eso es así desde cualquier crisis que se mire: la ecológica, la sanitaria, la económica o la simplemente existencial. ¿Qué hemos hecho? y ¿qué hacemos ahora aquí? serían las preguntas básicas pendientes desde la noche de los tiempos de una respuesta ya no correcta sino simplemente aceptable.

Por otro lado, el propio mecanismo de cinta ya ensayado en su trabajo anterior, ‘The rider‘, la sitúa en un terreno fronterizo que se cuestiona con el mismo empeño y claridad tanto la realidad como la fabulación (o relato) que la mantiene en pie. La directora hace que los actores profesionales compartan escenario con las personas reales en las que se inspiran y justifican su trabajo. De hecho, lo cuestionado es la idea misma de escenario. Y es ahí en esa investigación luminosa del límite de lo cierto donde emerge, balbuciente quizá, lo más parecido a un patrón para dar con la verdad bastante menos agrio que el que propusiera Tarski con aquello de que «la nieve es blanca» sólo si la nieve es blanca.

De esta manera, la propuesta de la directora encaja como un guante (o, mejor, como una mascarilla FP2) en estos tiempos de pandemia. Los errantes o nómadas que describe ‘Nomadland’ remiten con la misma claridad al mito moderno del viajero que se busca a sí mismo (ahora todos) en un mundo despersonalizado como a las grietas de una postardomodernidad (o donde sea que estemos ahora) que ha hecho de la autoexplotación y el consumo de la propia exigencia de consumir su razón de ser y matriz de destrucción de todo. Si se lee la frase anterior de nuevo, una de dos: o se entiende o explota.

Por todo lo anterior, y por bastantes más motivos como la belleza subyugante y herida de una película que se hace fuerte en un sentimiento extraño que no queda claro si es melancolía o sólo claridad; por todo ello, decíamos, la Mostra vuelve a condecorar con su León de Oro a la nueva ‘Roma‘, o, por desdramatizar, a la ‘La la Land‘ de rigor. Es decir, estamos ante la película que hay que ver para poder hablar. O al revés.

Por lo demás, el palmarés, en el mismo sentido que la elección de su premio mayor, mejoró incluso una competición que no tuvo más remedio que hacer de la necesidad virtud. Se proyectaron las películas que el Covid ha permitido y el nivel estuvo lejos de lo mejor. Sin embargo, nadie puede decir algo parecido si se limita al tablero de lo galardonado. El Gran Premio del Jurado fue para ‘Nuevo Orden‘, de Michel Franco, y, créanme, oirán también hablar de esta película que es algo más que una provocación. Se presenta como una distopía y, en verdad, no hace más que colocar un espejo a esta sociedad que nos hemos dado. Como en ‘Parasitos‘, por ejemplo, se habla de las consecuencias de la desigualdad. Y se hace de manera tan vívida y brutal que desarma. Desde el plano secuencia inicial, la película se organiza sin protagonistas, todos lo son, y eso convierte al espectador en parte de cada uno de los que allí aparecen. Y perecen.

Que ‘Dear comrades!‘, de Andrei Konchalovsky, se llevara el otro premio del jurado, el especial, por su contundencia de aire clásico fue otro punto más a sumar. Ahora, se discute la política desde su aspecto más deslamado y absurdo: el que hace valer todo (hasta el asesinato en masa) en virtud de unos ideales. Se sigue el absorbente patrón de un relato que no se detiene ni a respirar. En el mismo sentido, el trabajo del japonés Kiyoshi Kurosawa en ‘Wife of a spy‘ es una lectura del ‘thriller’ de espías tan renovadora y tensa como inteligente. Al fondo, otra vez, la política como instrumento para encubrir masacres enteras. Y por ello, sin duda, para él fue el premio a mejor director.

En el apartado de interpretación, Vannessa Kirby era ya la segura ganadora desde antes de empezar todo. Su trabajo en ‘Pieces of a woman’, de Kornel Mundruczo, es un ejercicio violento de entrega. Total. Los primeros 20 minutos pueden ser considerados desde ya lo más impactante de la temporada. Es un parto, pero del mundo. El hecho de que también figurara en el reparto de ‘World to come‘, de Mona Fastvold, no hacía más que añadir evidencia a lo evidente. La cuota italiana de toda Mostra la cubrió el actor Pierfrancesco Favino por ‘Padrenostro‘, de Claudio Noce. Es un grandísimo actor, pero ésta no es ni su mejor interpretación ni ésta una película que merezca estar aquí.

Quizá ‘The disciple’, del indio Chaitanya Tamhane, mereció estar en mejor lugar que en el premio al guión. Pocas producciones tan magnéticas y rigurosas se verán en mucho tiempo. Y por la misma regla de tres simple, tal vez ‘Sun children’, del iraní Majid Majidi, tendría que haber estado en la nómina de ganadores de forma más visible y notoria que simplemente en la categoría como actor revelación en la que figura el niño Rouhollah Zamani.

Sea como sea, ganó la que tenía que ganar: ‘Nomadland’. Por obligación.

PALMARÉS

SECCIÓN OFICIAL

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León de Oro: «Nomadland», de Chloé Zhao.

León de Plata al mejor director: Kiyoshi Kurosawa, por «Wife of a Spy».

León de Plata Gran Premio del Jurado: «Nuevo orden», de Michel Franco.

Premio Especial del Jurado: «Dear Comrades», de Andréi Konchalovsky.

Premio al mejor guion: Chaitanya Tamhane, por «The Disciple».

Copa Volpi a la mejor actriz: Vanessa Kirby, por «Pieces of a Woman».

Copa Volpi al mejor actor: Pierfrancesco Favino, por «Padrenostro».

Premio Marcello Mastroianni al mejor intérprete emergente: Rouhollah Zamani, por «Sun Children».

HORIZONTES

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Mejor filme: «The Wasteland», de Ahmad Bahrami.

Mejor dirección: Pietro Castellitto, por «I predatori».

Premio especial del jurado: «Listen», de Ana Rocha de Sousa.

Mejor interpretación femenina: Khansa Batma, por «Zanka Contact».

Mejor interpretación masculina: Yahya Mahayni, por «The Man Who Sold His Skin».

Mejor guion: Lav Diaz, por «Lahi, Hayop».

Mejor cortometraje: «Entre tú y Milagros», de Mariana Saffon.

OTROS PREMIOS

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Premio Luigi di Laurentiis a la mejor ópera prima: «Listen», de Ana Rocha de Sousa.

Premio a la mejor película de realidad virtual: «The Hangman at home. An immersive single user experience», de Michelle y Uri Kranot.

Premio a la mejor experiencia en realidad virtual: «Finding Pandora X», de Liira Benzing.

Premio a la mejor historia de realidad virtual: «Killing a superstar», de Fan Fan. EFE

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