Nyno Vargas: "Muchas veces me siento mal por mostrar esa parte mía del lujo y los coches"

Quien haya visto Supervivientes 2020 sabrá situar a Nyno Vargas. Para aquellos que no, se podría decir que es el Omar Montes de antes de…

Quien haya visto Supervivientes 2020 sabrá situar a Nyno Vargas. Para aquellos que no, se podría decir que es el Omar Montes de antes de Omar Montes. De barrio humilde y etnia gitana, Antonio Vargas Vargas (1992) ya triunfaba en 2014 cantando temas que unían el reggaetón, el rap, el flamenco y los ritmos electrónicos. Eso sí, antes de salir en la tele quienes escuchaban sus canciones eran, en su mayoría, jóvenes de barrio como él.

Criado en las 613 viviendas de Burjassot (Valencia), Nyno recuerda de su infancia que no faltaba la música en todas las celebraciones familiares. También a su madre en casa tarareando cada mañana las alabanzas del culto que se ponía en el casete. Tanto ella como su padre, con quien trabajaría en el mercado vendiendo zapatos, le apoyaron cuando decidió que lo suyo era cantar. Aunque confiesa que al principio no estaban muy contentos con lo que expresaba en sus canciones.

P.- Empezaste cantando letras que decían ‘voy a ir a tu barrio y te voy a pegar’ o ‘como te pille por mi barrio no vas a salir vivo’

R.- Claro, es que en esa época los ídolos eran el Torete y el Vaquilla, ¿qué ibas a componer? Pues eso, letras agresivas. Yo la verdad que iba con gente conflictiva entonces la influencia en mis letras hablaba un poco de los momentos que pasábamos. Se las cantaba a mis amigos y se sentían identificados porque era un poco la movida del momento. Yo no me atrevía y ni se me pasaba por la cabeza componer una canción de amor. Pero a medida que pasó el tiempo fui escribiendo canciones de superación.

P.- ¿Y eso? ¿qué pasó para que escribieras sobre superación?

R.- Porque lo que se veía de mí era que yo era el gitano del barrio de las 613 que iba con un Latin King, que en ese momento era, bueno y es, un chico hondureño que acababa de llegar a España y venía de San Pedro Sula porque habían matado a su familia. Y, claro, la gente nos marginaba. Entonces poquito a poco me fui ganando mi nombre y eso fue una inspiración para otros jóvenes porque yo veía que había mucho talento en mi barrio.

P.- ¿Has sentido que se te apartaba por tus orígenes, que la industria no te tomaba en serio?

R.- Yo he sentido rechazo absoluto los primeros años por parte de todo el mundo. Porque era música de la calle y nos veían como gente problemática. Eso me sirvió de mucho para intentar superarme a mí mismo. Pasados los años, me posicioné y empezamos a hacer giras por toda España e hicimos lo que nadie había hecho: meter miles de personas en una sala en un evento que organizaban unos chavales de barrio. O llegar a tener miles de visitas cuando no estaba de moda Youtube ni había tantas redes sociales. Y no fue hasta ese momento en que la gente se hizo eco cuando la industria empezó a poner el ojo y decir ¿quién es este chaval?

Nyno recuerda como pasó de organizar conciertos gratis en Las Fallas o tocar puertas en discotecas pidiendo por favor que le dejasen cantar a fichar por una multinacional como Warner Music en 2015. «Al principio me obsesioné con hacer muchos bolos, mucha música y darlo todo porque pensaba que se me iba a acabar», cuenta. Y prosigue: «Donde me he criado el 85% de mis amigos o no tienen trabajo o están en prisión o vienen de familias desestructuradas. Hay muy pocas oportunidades, tienes que salir a buscarlas, a pelearlas. Por eso tenía ese miedo».

Desde entonces ha publicado cuatro discos de estudio y está preparando el quinto. Además, ha participado en la última edición de Supervivientes (el reality tuvo un 28,7% de media de cuota de pantalla) y ha copado las listas de éxitos con Hola, Nena, una de sus últimas canciones en la que canta junto a Omar Montes.

P.- ¿Cómo crees que ha influenciado tu paso por la televisión en el éxito de tu música?

R.- Bueno, la influencia ha sido buena entre comillas. Digo entre comillas porque fue la calle la que me hizo conocido. Antes de salir en televisión ya había sacado mis maquetas, mis discos y había estado en el top 3 de España. Pero sí fue a raíz de hacerme más televisivo cuando me abrieron las puertas quizás a otros medios. Ahí sí puedo decir que ha sido un acierto. Pero es un arma de doble filo porque no es lo mismo si eres una persona que puede dar problemas o si no empatizas con el público. Cuando eres artista te puedes disfrazar. Aunque yo me considero una persona muy de estar por casa, como digo yo, y no tenía ningún miedo a que se me viera.

P.- ¿Entonces no hay un Nyno artista y un Nyno persona?

R.- A ver, Nyno Vargas el artista a lo mejor hace las locuras que Antonio, vamos a diferenciarlo así, quizás no haría. Pero al final estoy tan metido en el papel y se han unido tanto que no los distingo. ¿Qué parte de Antonio no es como Nyno? Las redes sociales. Si yo no fuera conocido no las utilizaría ni un 10% porque no tendría sentido para mí. Si yo estoy en casa comiéndome un bocadillo y lo puede ver mi primo, pues para eso le mando un whatsapp. Yo respeto a quien lo haga y me parece perfecto pero esa parte de exponerse tanto no me gusta.

P.- Y si no fueses conocido, ¿tendrías el Instagram que tienes donde apareces sin camiseta y presumes de ropa de marca y cochazos?

R.- Eso es más Antonio, que le encanta. Como Nyno muchas veces no me gusta poner tantas cosas así porque desde fuera quizás se puede proyectar una imagen que no quiero, como muy ególatra. Como que yo tengo aquí, pim, pam. Pero yo soy un aficionado de los coches de toda la vida, desde que estaba esmayao en mi barrio y tenía un Seat Ibiza que me tenían que empujar para que arrancara.

Muchas veces pienso y puedo llegar a sentirme un poco mal porque se vea esa parte de mí del lujo, los coches y tal. Porque quien no me conoce puede decir ‘ah, éste es un flipado’. Pero lo que no sabe es que yo he trabajado en el mercado, que vengo de un barrio marginal, que mi madre ha trabajado en una panadería, que mi padre ha ido al mercado toda la vida, ¿me entiendes? Que yo no vengo de familia de dinero. Que yo lo que tengo ha sido porque me lo he trabajado y me lo he sudado.

Al final yo no fardo, es mi vida. Es que tengo ese coche. Es mío, me lo he comprado. Es que tengo esa casa, es mi casa. Para qué te voy a montar una película. Yo no te monto películas. Si vivo en una casa más acogedora pues lo pondré también. Al final yo no quiero que Nyno Vargas se vea como el intocable. No, no. Pero es que es la verdad. Vivo aquí, es lo que tengo, y por eso lo comparto.

P.- ¿Cuál es el mayor estereotipo que piensas que se tiene de ti y te molesta?

R.- Que soy muy prepotente y muy chulo. Eso a mí me revienta porque digo, joder, si me conocieran. Lo bonito de eso, porque tiene su parte positiva, es que cuando me conocen en persona me dicen: tío, no pensaba que eras así.

P-. ¿Cuando empezaste a ganar dinero qué fue lo primero que te compraste?

R.- Bueno, lo primero que hice fue comprarle a mi colega el Seat Ibiza que me dejaba. Porque mi colega me lo dio fiado. Entonces yo iba por ahí con el coche y me decía ¿cuándo me vas a pagar el coche, cabrón? Conseguí reunir 300 euros y se lo pagué. Y cuando firmé lo primero fue comprarme una casa. Yo quería un techo para mi gente y después ya vendría lo demás.

P.- Tú y Omar Montes tenéis vidas paralelas: el barrio marginal, la música, el paso por realities, ¿crees que eso os beneficia o todo lo contrario?

R.- Omar es mi hermano, nos conocemos desde hace más de diez años. Cuando yo estaba ya haciendo algunas cositas él me hacía de seguridad a mí. Eso poca gente lo sabe. Yo iba a los bolos y él era el que me paraba a la gente. O sea que fíjate tú las vueltas que puede dar la vida. ¿En qué nos beneficiamos nosotros? Que al final si yo, por ejemplo, paro de hacer música por cualquier cosa al volver sé que si Omar sigue arriba va a grabar conmigo y me va a dar la mano. Y si es al revés, igual.

P.- Últimamente, los dos habéis sido muy señalados por las letras de vuestras canciones. Se ha dicho que son machistas y llegasteis a defenderos públicamente en RTVE

R.- Yo tengo música que habla de superación, tengo música que habla de amor, tengo música que habla de ir a la disco y pasártelo bien. Yo no puedo limitarme, o no me gusta como artista, a un tipo de contenido. Entonces, ¿dónde entra ahí nuestra responsabilidad? Evidentemente, al ser un personaje conocido tienes que dar un ejemplo. Yo no fumo, pero si fumara no saldría fumándome un porro en Instagram porque sé que me ven niños. Yo no iría por la calle sin mascarilla para que me graben porque sé que me ve mucha gente y puede ser un mal ejemplo. Eso entra dentro de nuestra jurisdicción, por así decirlo. Pero, claro, cuando ya entramos en esa polémica de las letras… Es que el mundo está así, las películas, los anuncios. Nosotros no podemos controlarlo y es muy fácil señalar y echarle la culpa al artista.

P.- Pero puede que parte de los estereotipos que se tienen sobre ti vengan por las letras que cantas

R.- A mí cante lo que cante se me va a señalar igual pero es que yo realmente no hago letras machistas, es que eso es mentira. Si me dijeran hace cinco años atrás, sí. Sí considero que a lo mejor hay letras y letras. Pero como también te decía ‘te voy a partir la cara como vengas a mi barrio’. La gente madura y eran otros tiempos. Mira las películas que se hacían antes y las que se hacen ahora. O las series. Todo al final ha ido cambiando y evolucionando entonces de cinco años a ahora mis letras han cambiado. Yo te puedo hablar en una connotación sexual, vale, porque al final eso sí es cierto pero de ahí al machismo… ¿Dónde está el machismo en que yo te diga quiero ir contigo a la cama y que lo pasemos bien? ¿Eso es machista? Pues a mí me encantaría que me lo dijeran. Eso no es un problema, eso es maravilloso.

P.- Por último, ¿cómo vives haber pasado de que no se te tomase en serio a que te presten atención promotores, medios, discográficas, etc?

R.- Hace muchos años, antes de que empezara en la música recuerdo que íbamos a una discoteca que estaba muy de moda en Valencia. Nunca me dejaban entrar. Nunca. Nunca nos dejaban entrar a ninguno. Y nunca habíamos liado nada porque al final nunca nos dejaban entrar. Pues me hizo mucha gracia que dos años después el mismo que no me dejaba entrar me llamase para contratarme. Él no sabía que era yo, pero fíjate las vueltas que puede dar la vida. Y sí, al final fui, hice la actuación y se lo dije. Me pidió disculpas y eso es con lo que me quedé. Pero yo quiero que eso también sirva como reflexión de que a nadie se le puede tachar por su aspecto o negársele la entrada a ningún sitio porque, quieras o no, estás sembrando un odio en esa persona. A nosotros en ese momento nos entraron ganas de reventar la discoteca. De entrar y liarnos a palos, y es la verdad. Eso es lo que hace que al final te vuelvas agresivo, te vuelvas malo, empieces a empatizar menos con la gente… Te creas un escudo en el que empiezas a ser menos sensible con los demás para autoprotegerte porque te están discriminando y hay gente que eso no lo lleva bien. Entonces quiero que eso pueda servir de reflexión.


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