Pablo Servigne, colapsólogo: «Necesitaremos mucho valor para pasar este siglo sin matarnos unos a otros»

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Aplicar el pensamiento crítico requiere una cintura mental digna de Neymar, y más en estos tiempos bunkerizados de certezas partidistas. Pretender el no-sesgo quizá sea imposible, pero escuchar a quien con afán de rigor nos avisa de los nubarrones a la vista parece sensato o, al menos, no debería estar proscrito. Pablo Servigne es un ingeniero agrícola y Doctor en Biología que devino en colapsólogo, esto es el señor de las malas noticias climáticas, medioambientales, económicas, energéticas, sociales, democráticas o sanitarias. Todo a la vez. Un agorero.

Junto al investigador Raphaël Stevens, este activista escribió en 2015 «Colapsología» (ed. Arpa), resonante ensayo en Francia y recién publicado en España, en el que habla del punto de no retorno climático y del final del cuento tal cual lo conocemos: «Cuando la mayoría de la población no cuenta con agua, alimentación, alojamiento, luz, vestimenta… Es como el fin del mundo pero sin ser el fin». Busca que reaccionemos, pero sabe cuán difícil es encontrar comprensión: «¿Cómo podemos creer en la emergencia si llevan anunciándose catástrofes desde hace más de cuarenta años? ¡Desde Malthus, de hecho!». Aunque ahora, claro, está el Covid…

– ¿Es la pandemia una señal del futuro colapso?

Depende de lo que se entienda por «colapso». No es lo mismo prever el posible colapso de la biosfera, de la especie humana o de la civilización industrial, pero los tres están dentro del reino de lo posible. Si se habla de un posible colapso de nuestra civilización, la paradoja está en que es un tema que sólo los historiadores o arqueólogos del futuro podrán decidir. Porque incluso si estamos viviendo una serie de desastres globales, no podemos saber con certeza lo que nos deparará el futuro. Lo cierto es que los colapsos ya han comenzado: ecosistemas, especies, dinámicas climáticas, pueblos, culturas, idiomas, etc., y que estamos viviendo en una era de desastres globales y sistémicos que serán cada vez más frecuentes e intensos. Todo esto puede desestabilizar nuestra sociedad, y más aún la biosfera. Una pandemia está en la lista de posibles desastres sistémicos que pueden alimentar una dinámica de colapso, y ciertamente no es la última.

– Su libro es de hace cinco años, y ahora vemos al mundo en directo enfrentarse a una pandemia. Hay vacunas y la población vulnerable está más protegida que en marzo. Económicamente, en Europa se ha modificado la estrategia respecto a la anterior crisis.

Nuestra postura no cambia para nada. Hemos dicho que entramos en una época de desastres, y es lo que ocurre. La colapsología intenta comprender lo que ocurre, porque los desastres son más graves de lo previsto. No es decir que no hay nada que hacer, al contrario: cuanto más sepamos, podremos actuar más de forma inteligente y coordinada para amortiguar los golpes. Encontrar una vacuna contra el coronavirus no va a resolver el problema de las especies extinguidas, la fragilidad de las finanzas mundiales o el hecho de que tengamos que dejar los combustibles fósiles atrás.

– ¿Deberían los urbanitas aprender a cultivar?

Claro, es la base. Los ancianos que vivieron una guerra lo pueden testificar. Pero no es suficiente. Nosotros no queremos sobrevivir a este siglo de desastres, queremos vivirlo. ¿Cuál es la diferencia entre sobrevivir y vivir? Es la pregunta más importante. Pues una parte de la respuesta es trabajar la autonomía y la ayuda mutua. Sin ello, no hay posibilidad de mantener una sociedad decente.

– En tiempos de escasez energética, «los primeros en morir serán los individualistas».

La estrategia individualista es una pista falsa. Claro, uno puede sobrevivir unos días, unas semanas, ¿pero luego? La única manera de atravesar los desastres de este siglo es unirse, ayudarse y cooperar. Porque así somos mas fuertes, resistentes, resilientes… Y porque es la única manera de vivir (y no sobrevivir).

– Si el mundo, como dijo el Príncipe Carlos en 2012, está cometiendo «un acto suicida a gran escala» al ignorar el ecologismo, ¿cómo explica psicológicamente que vivamos tan tranquilos?

Los psicólogos saben desde hace más de 60 años que las personas no abandonan fácilmente sus creencias. Prefieren renunciar a los hechos, a la realidad, que renunciar a la historia que se cuentan a sí mismos para vivir. Hoy en día, las grandes historias son el crecimiento económico, la dominación humana sobre la naturaleza, la dominación del hombre sobre la mujer, el progreso material infinito, etc. Renunciar a eso es muy difícil, y se ponen en marcha muchas estrategias de negación, a nivel individual y colectivo.

– Pero hay científicos que le restan gravedad a su visión.

Si, hay unos raros científicos que niegan el calentamiento global, pero no son climatólogos. Nadie niega el colapso de la biodiversidad. Nuestro libro es una síntesis del trabajo científico que prevé fugas catastróficas. Se ha vuelto muy difícil negar estos grandes riesgos, y tenemos demasiado que perder para ignorarlos. Lo que estamos diciendo es que necesitamos estar preparados.

– ¿Cuál es su alternativa al crecimiento económico?

Lo que hemos ganado en eficiencia, lo hemos perdido en resistencia. Lo que hay que trabajar es la autonomía local (sin renunciar en cierta medida a los intercambios, ni a la democracia), la capacidad de reconstruir los lazos sociales y la ayuda mutua y, sobre todo, aprender a regenerar los seres vivos. Dejar de hacer daño.

– «Si la sociedad bangladesí toma conciencia y decide buscar a los responsables de este genocidio climático su amargura será infinita», cita al climatólogo Atiq Rahman.

Los desastres que afectan a la biosfera afectan principalmente a los países pobres ¡cuando son menos responsables de ellos! Esto es profundamente injusto, y ellos son conscientes. Esto crea un gran resentimiento hacia los responsables, es decir, los ricos del mundo y los países ricos que no hacen nada para mejorar la situación. Por lo tanto, sugiere conflictos armados.

– En los últimos años, con Greta Thuberg como imagen de esta nueva ola ecologista, Europa se ha redirigido hacia lo verde. ¿Cómo lo valora?

Los esfuerzos que los países están haciendo para frenar el calentamiento global, o para adaptarse a él, son lamentablemente inadecuados. ¡Es incluso ridículo! Peor aún, desde los acuerdos de París, ningún país ha cumplido sus compromisos y las emisiones han seguido aumentando. La situación ha empeorado desde 2015 a pesar de la increíble movilización por el clima. Los jóvenes se están levantando, y eso es algo bueno, porque es una cuestión de vida o muerte.

– ¿Ha visto la serie francesa «El Colapso»?

Si, es una serie impresionante. Muy realista. Pero el tema principal es el miedo. El objetivo de la colapsología es superar los miedos, aprender a vivir con ellos y transformarlos en acción colectiva. No sé si podemos hacerlo, pero no tenemos otra opción.

– El perfil tipo de colapsólogo suelen ser hombres ingenieros, y sus mujeres os piden no sacar el tema con sus amigas o en reuniones familiares… Dice que muchas parejas incluso rompen por esto.

Esos fueron los primeros años, como hace unos diez años cuando dábamos conferencias. Hoy creo que eso ha cambiado. Las mujeres, especialmente las jóvenes, están muy involucradas. Es maravilloso.

– Antes eran los locos, ¿ahora están de moda?

Sí, simplemente porque los desastres son más intensos y más frecuentes. Pero esto no es una moda pasajera, es un hecho, y continuará por mucho tiempo. Hoy somos los realistas.

– ¿No hay salida?

Nadie puede saberlo. ¿Pero qué significa «salir» del colapso? ¿Evitarlo o atravesarlo rápidamente? Si evitar significa seguir creciendo económicamente, esto implica continuar quemando energías fósiles… Si renunciamos al crecimiento económico (lo que sería lógico para evitar más desastres ecológicos), lo más probable es que signifique un colapso económico, social y político.

– ¿Cómo podría animar a los lectores de esta entrevista?

En todo el mundo, la gente ya está experimentando desastres, colapsos. Lo primero es empatizar con ellos. La segunda cosa es imaginar que seremos los siguientes en sufrirlos. Necesitaremos mucho valor para pasar este siglo sin matarnos unos a otros. Esperanza y coraje. Y eso pasará una vez que tomemos una acción colectiva, una vez que encontremos una narrativa común. Ese es el caso actual, están pasando muchas cosas en todo el mundo. Debemos abrir las miras, no cerrarlas, de eso trata nuestro trabajo.

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https://www.abc.es/cultura/libros/abci-pablo-servigne-colapsologo-necesitaremos-mucho-valor-para-pasar-este-siglo-sin-matarnos-unos-otros-202011170105_noticia.html

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