Panorama de la plástica portuguesa actual: juntos pero no revueltos

Oporto / Lisboa Actualizado: Guardar

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Lo que sigue no es una panorámica del arte portugués actual; es más un deambular calculado. Es la crónica, vertida lo más telegráficamente posible, de tres jornadas maratonianas en Oporto y Lisboa visitando a artistas portugueses de todo pelaje, a la mayoría en sus talleres y, a algunos, en las salas en las que estaban exponiendo. Pertenecen a todas las generaciones.

La mayoría son desconocidos en España; otros son artistas históricos. No hay un apriorismo, ni un afán de jerarquización. Aunque tampoco se trata de algo aleatorio, ni improvisado. Digamos que se pretende abarcar lo más posible, viajar y dejar veinticuatro nombres escritos en un papel. Este proyecto se fraguó el año pasado y no tenía más propósito que el descubrimiento mutuo. La pandemia lo alteró todo y finalmente en otoño pudo llevarse a cabo este recorrido por una veintena de talleres en Lisboa y Oporto. Fue posible gracias a la hospitalidad de un galerista portugués y al esfuerzo de D. André de Quiroga, organizador de la Trienal del Alentejo, entre otras muchas cosas.

Los más conocidos

La selección de artistas portugueses históricos o internacionalmente conocidos dará la pauta de lo que sigue. El más veterano es Jorge Martins (Lisboa, 1940), un maravilloso maestro de la semiótica del dibujo que hace unos meses celebró una retrospectiva en el MEIAC de Badajoz y cuyos Cuadernos. 1964-2020 –casi setecientas páginas de escritos y dibujos–, publicados por el MARCO de Vigo, acaban de llegar de la imprenta a su taller de tres pisos.

Sobral Centeno (Porto, 1948) es un pintor muy conocido en el norte que practica una pintura expresionista esquemática y simbolista que recuerda a cierto Canogar o a Villarino, ligada siempre a la historia y el paisaje portugueses. Luisa Cunha (Lisboa, 1949), presente en ARCO desde 2007, es una artista plenamente imbuida del espíritu del primer conceptual, que se niega a exponer hasta los años noventa, que ha realizado performances e intervenciones y que actualmente se dedica casi en exclusiva al arte sonoro. Sus obras son vitriólicas, tremendamente irónicas (como las de Valcárcel Medina, a quien le descubro).

Obra de Ana Vidigal

El histórico Albuquerque Mendes (Trancoso, 1953) tiene en Oporto dos estudios en los que es simplemente imposible entrar. Es un outsider absoluto, un pintor de la vida, totalmente ecléctico, un personaje conectado con toda la vida cultural y contracultural de la Lisboa de los setenta cuya filosofía podría recordar a Carlos Pazos.

Las jóvenes generaciones son las que están haciendo el trabajo más interesante: André Cepeda, Rui Leitao Ferreira…

Mucho más joven pero sobradamente conocido es João Louro (Lisboa, 1963), que representó a Portugal en la Bienal de Venecia de 2015. Louro trabaja sobre la iconografía y el texto desde el estructuralismo y la tradición del arte conceptual y minimalista, por lo que en su taller destacan las plantillas para componer textos. Tiene un enorme estudio en un garaje donde boxea y colecciona algunos coches (afición que comparte con João Pinharanda). Pero mi estrella es… Joana Vasconcelos (París, 1971).

Como dudo que Hirst, Murakami o Koons me inviten algún día a sus factorías, disfruto enormemente con la visita a uno de estos talleres míticos. La Kaikai Kiki Co. Ltd., de Murakami, tiene noventa empleados entre Tokyo y Nueva York. Vasconcelos, setenta en su inmensa nave industrial del Puerto, repartidos en departamentos de metalurgia, carpintería, electrónica, mecánica, costura, bordado, tricotaje, finanzas, comunicación, producción, arquitectura, montaje… Actualmente en la mayoría de los departamentos hay maquetas y bocetos del proyecto principal en el que están trabajando y que es una obra de catorce metros de altura destinada al jardín de uno de los miembros de la familia de banqueros más famosa de la Historia.

Simios que sustituyen a hombres

Unos nombres de las generaciones intermedias. Angela Ferreira (Maputo, Mozambique, 1958) es una artista que residió durante muchos años en Sudáfrica y en estos días estaba exponiendo en la influyente galería Cristina Guerra unas piezas dedicadas a la tensa relación entre el rugby y el Apartheid en los ochenta. Isabel García (Figueira da Foz) es una interesante pintora que trabaja a partir de matrices de bronce. A Ana Vidigal (Lisboa, 1960) la visito en la Fundación Viera da Silva, donde exponía cinco grandes papeles en los que homenajea a mujeres artistas –como Paula Rego o Lourdes Castro– cuya carrera se desarrolló a pesar de ser mujeres. El conocido escultor Miguel Branco (Castelo Branco, 1963) está trabajando en su inmenso taller de Cascais en unos carboncillos impactantes, donde los personajes de cuadros orientalistas son sustituidos por grupos de simios.

«Orpheus», de Mauro Cerqueira

A Miguel Palma (1964), constructor de máquinas maravillosas, le conocí en su pequeño hangar abarrotado de artefactos –creo recordar que había un avión– hace casi veinte años y hoy tiene una gigantesca nave de dos pisos. Nuno Sousa Vieira (Leiria, 1971) es un certero y prolífico escultor minimalista que se dio a conocer en España en 2019, cuando la galería sevillana Espacio Olvera lo llevó a Artesantander, a Drawing Room… Por último, Isaque Pinheiro (Lisboa, 1972), un escultor con ingenio y dominio de la talla directa, cuyo taller está ubicado en una antigua cantería y que llamó la atención en ARCO 2013 cuando un visitante fue detenido por llevarse una de sus pesadas losas de mármol con la leyenda «Leve» (Lléveselo). Estas piezas gratuitas siguen ofreciéndose hoy en día a la puerta de su taller.

Hay grandes estudios repartidos entre las dos ciudades, pero uno de los más sorprendentes es el de Joana Vasconcelos en Lisboa

Las jóvenes generaciones son las que están haciendo el trabajo más interesante. André Cepeda (Coimbra, 1976) es un maestro de la fotografía nocturna que ha dedicado diez años a un proyecto sobre la decadencia de Oporto que le mereció un artículo de Kuspit en Artforum hace un par de años. Rui Leitão Ferreira (Lisboa, 1977) trabaja en dos direcciones: pequeñas pinturas pornográficas que realiza por decenas en las que deja patente su destreza, y grandes piezas abstractas con diez centímetros de materia en las que se autocensura obsesivamente. Teresa Palma Rodrigues (Lisboa, 1978) cultiva las plantas que luego fotografía y amplía para conformar un herbario maravilloso.

El taller más pequeño

Comparte taller con João Serra (Lisboa, 1976), fotógrafo archivero que documenta los arrabales. Ramiro Guerreiro (Lisboa, 1978) es un artista muy destacable que aborda las relaciones entre cuerpo y arquitectura de diversas formas (fotografía, texto, diseño, instalaciones, performance…). El impresionante taller de Rodrigo Oliveira (Sintra, 1978), es su gran obra: cada cajonera, cada estante, cada almacén, es un homenaje a la arquitectura racionalista que es el eje de su rigurosísimo trabajo. El estudio de Ana Cardoso (Lisboa, 1978) es el más pequeño, tal vez porque está de paso, alejada temporalmente de su residencia habitual en Nueva York a causa del virus. Es una pintora geométrica que realiza composiciones con cuadros rectangulares y triangulares.

«Dead end», de Joao Louro

Mauro Cerqueira (Guimaraes, 1982) es un joven artista que trabaja sobre la marginalidad, la contracultura y lo residual en múltiples frentes. Dirige un terrible espacio subterráneo en Porto llamado Uma Certa Falta de Coerência. En España expone con Heinrich Ehrhardt. También en Oporto trabaja Luisa Mota (Porto, 1984), artista multidisciplinar conocida por sus hombres invisibles de aluminio y sus performances multitudinarias. Carolina Pimenta (Porto, 1988), representada por Nuno Centeno, es una destacada fotógrafa de la cultura juvenil que trabaja con cámara analógica sin perder nunca de vista la estética de la imagen tomada con el móvil. Ha editado varios libros y colabora con las revistas de moda más importantes.

Y al jovencísimo João Cardoso (1995) le conozco mientras monta su exposición en un gigantesco edificio abandonado del Puerto. Tintas planas e imágenes sintéticas, cuadros y esculturas impecables (hechas con impresora 3D) que narran el viaje iniciático de un personaje parecido a un muñeco de Lego.

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