Parte del patrimonio español

 Nuestro Ministerio de Cultura y la Junta de Valoración dejaron escapar una de las piezas más emblemáticas del Patrimonio arqueológico peninsular. El Odyssey y Braganza son solo dos ejemplos del uso y abuso del término ‘Tesoro’ para definir el patrimonio, sea cual sea su naturaleza. No sólo reducimos nuestro pasado a términos crematísticos, sino que desvirtuamos el verdadero valor documental, histórico, político y sentimental -por qué no- de los objetos del pasado.

Otro caso es el de los patrimonios coloniales expoliados. Recientemente ha surgido un movimiento de respeto, reconocimiento y reparación hacia determinados patrimonios vandalizados durante el siglo XIX. Hace unos meses la Smithsonian Institution retiró de su exposición obras de arte pertenecientes al Reino de Benin, Nigeria, saqueado por las tropas coloniales británicas en 1897 en una expedición punitiva que acabó con el histórico estado. Estas obras se conocen, por ser mayoritarias, como los Bronces de Benin que se encuentran dispersos en las colecciones de 161 museos del mundo. El compromiso de la Smithsonian es devolver las obras expoliadas, para lo cual se ha establecido un grupo de trabajo que inicie los trámites necesarios y complejos (Smithsonian Magazine, Smart News, 10-11-2021). Por su parte, las autoridades alemanas se comprometieron el pasado abril a devolver los bronces de sus museos en 2022, y las Universidades de Cambridge y Aberdeen ya han restituido las piezas nigerianas que guardaban.

Distinto ejemplo es el llamado Tesoro Quimbaya que se conserva en el Museo de América de Madrid. No se trata de un tesoro, aunque contenga oro, sino de un conjunto de objetos rituales –recipientes antropomorfos, poporos, palillos, narigueras, orejeras, collares, más de un centenar de piezas– relacionados con el consumo de la hoja de coca en ceremonias para propiciar la reproducción del grupo y la fertilidad de los campos. Se puede fechar en el llamado Quimbaya clásico, entre el 500-600 d.C. Fue huaqueado en 1890 de dos tumbas pertenecientes a caciques o chamanes, en lo que se cree un área ceremonial quimbaya, dentro del Departamento del Quindío, Colombia. La huaquería, o saqueo de yacimientos arqueológicos, era un medio de vida tolerado por las autoridades en el siglo XIX. Adquirido por el estado colombiano, el conjunto quimbaya se trasladó a Madrid para participar en la Exposición Histórico-Americana de 1892 que celebraba el IV centenario del descubrimiento del Nuevo Mundo. Una vez clausurada, la colección quimbaya se regaló a la Reina Regente María Cristina, en ceremonia pública, con destino al Museo Arqueológico de Madrid –el Museo de América fue creado en 1941–. Esta donación de estado expresaba el agradecimiento del entonces presidente Holguín por la mediación de la Reina Regente en el conflicto sobre delimitación de fronteras con Venezuela.

El patrimonio no es algo que nos pertenezca por nacimiento, situación geográfica, política o económica, sino que se trabaja, con esfuerzo, a través del acuerdo social. En una sociedad desestructurada no cabe el concepto de patrimonio, pero, además, su posesión y disfrute implica contraprestaciones. Tres son las obligaciones que fundamentan su existencia: cuidado, exposición y explicación. Cuidado para mantenerlo en las condiciones adecuadas según su naturaleza. Exposición pública para que pueda estar a la vista y alcance de cualquier miembro de la sociedad, si su mantenimiento para futuras generaciones lo permite. Explicación de su significado haciendo accesible a la investigación el bien patrimonial.

El conjunto quimbaya se ha cuidado, exhibido e investigado en el Museo Arqueológico, primero, y en el Museo de América, después. Forma parte ya de nuestro patrimonio histórico, que debemos preservar para futuras generaciones, sin olvidar por ello su origen y su memoria.

Alicia Perea es arquéologa

https://www.abc.es/cultura/abci-alicia-perea-parte-patrimonio-espanol-202112310037_noticia.html

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