Paul Strand, el explorador de la imagen

«Me veo a mí mismo fundamentalmente como un explorador que ha empleado su vida en un largo viaje de descubrimiento». Así se definía Paul Strand, y no es para menos. El neoyorquino, imprescindible para entender el nacimiento y la evolución de la fotografía moderna, exploró la mayoría de las oleadas artísticas del siglo XX: fue pictorialista, vanguardista, modernista, abstracto y comprometido; fue también un viajero infatigable en el sentido literal, recorriendo el planeta y retratándolo.

Pieza clave en la reivindicación de la fotografía como una disciplina equiparable a otras expresiones artísticas, Strand destaca también por ser uno de los padres de la straight photography , fotografía directa o pura, movimiento que pretendía distanciarse del mero embellecimiento y conmover sin recurrir a ‘trucos’ de manipulación de la imagen. Su obra se puede ver hasta el 24 de enero en el KBr, el nuevo espacio cultural de referencia en Barcelona.

Wall Street, New York, [Wall Street, Nueva York], 1915
Wall Street, New York, [Wall Street, Nueva York], 1915 (Colecciones Fundación MAPFRE © Aperture Foundation Inc., Paul Strand Archive)

La exposición, que ocupa el Espai 2, donde se irán mostrando paulatinamente las obras de la colección MAPFRE, incluye 110 imágenes que abarcan toda la trayectoria de este fotógrafo que fue mucho más allá de la simple revelación de la belleza formal del mundo; como artista comprometido, exploró otras vías de documentalismo, en las que siempre equilibró forma y contenido. El comisario Juan Naranjo, historiador, ha optado por agruparlas en cuatro secciones, que reflejan la manera de trabajar del neoyorquino: geometrías, paisajes, retratos y países.

Los espectadores descubrirán a través de este recorrido la fascinante figura de Strand: desde sus retratos realizados con un objetivo oculto hasta sus incursiones en el mundo del cine, pasando por su fuerte compromiso político que le llevó incluso a abandonar Estados Unidos y exiliarse a Francia en la época del macartismo. Durante su ecléctica trayectoria, nunca perdió la curiosidad ni su capacidad de sorprender al público.

Icónicas imágenes de Wall Street

Tras su paso por la Ethical Cultural School, donde decidió que quería ser fotógrafo, y un primer periodo pictorialista, Strand inició su carrera fascinado por la efervescencia de su ciudad natal. A instancias de Alfred Stieglitz, al que consideraba su mentor y visitaba a menudo en su galería de la quinta Avenida, conocida como la 291, comienza a fotografiar Nueva York desde los viaductos, puentes y edificios altos de la ciudad. Estas imágenes y su movimiento introdujeron un rasgo documental y de cotidianidad que se convertirá en uno de los elementos característicos de la fotografía urbana del siglo XX, y entre ellas hay algunas tan icónicas como Wall Street, 1916.

Geometrías, paisajes, retratos y países marcan la obra de Paul Strand

Strand también retrató la ciudad de los rascacielos a través del cine. En 1920, junto con Charles Sheeler, realiza una de las películas pioneras en el lenguaje fílmico de la vanguardia, Manhatta , en la que se narra el ritmo trepidante de la ciudad a lo largo de un día. Fue la primera de sus muchas incursiones en el séptimo arte, de las que destacan obras como Redes, en los años 30, una de las más importantes aportaciones al cine documental en México.

Retratos furtivos con un objetivo oculto

Una de sus series más icónicas son los retratos que en 1916 hizo de personajes anónimos del Lower East Side de Manhattan. Los sujetos, la mayoría obreros de distintos grupos étnicos, ignoraban que estaban siendo fotografiados, algo que lograba mediante una cámara que contaba con un objetivo ficticio; el real se encontraba camuflado bajo su brazo. Con este ardid, conseguía imágenes de gran naturalidad de las expresiones faciales de los retratados, como puede observarse en la icónica Mujer ciega , que adelanta la intimidad que reflejarían sus retratos posteriores.

Otra de las temáticas que abunda en la obra de Strand son los viajes, que en los años veinte se había convertido en práctica habitual de artistas e intelectuales. Las revistas ilustradas adquirieron cada vez mayor protagonismo y el interés por la fotografía se expandió al ámbito de la edición, creándose colecciones de libros como Orbis Terrarum , en 1922. Strand fue un apasionado de este formato, de forma que una parte importante de su producción se basa en libros donde recoge sus viajes por el mundo.

Blind Woman, New York, [Mujer ciega, Nueva York], 1916
Blind Woman, New York, [Mujer ciega, Nueva York], 1916 (Colecciones Fundación MAPFRE © Aperture Foundation Inc., Paul Strand Archive)

En México, donde residió desde 1932 hasta 1934, realizó una auténtica inmersión en la cultura del país y estableció una profunda relación entre la fisionomía de los lugares y sus habitantes a través de sus fotografías, uno de los leitmotivs de sus proyectos posteriores. De este modo, se acercaba a la realidad de la gente en el momento presente, trabajando pausadamente y explorando las complejas relaciones entre los temas y sus respectivos contextos.

A partir de 1950, algunos de los motivos que protagonizaron sus libros de fotografía fueron la cultura popular y el mundo rural pero, en especial, la naturaleza, por la que cada vez se fue acrecentando su interés y, si el ritmo de las urbes había marcado el inicio de su carrera, el sosiego de la naturaleza marcó sus últimos años. En 1955, su compromiso con la izquierda le llevó a huir de la caza de brujas que se vivía en Estados Unidos y a instalarse en Orgeval, un pequeño pueblo francés donde dedicó gran parte de su tiempo al cuidado de su jardín, que retrató en el que sería uno de sus últimos proyectos fotográficos.

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