Pep Coll: “Al que le tocaba ser ‘hereu’ en el campo lo tenía peliagudo”

Los siete herederos de Malpui tienen pocas distracciones, salvo ir el sábado por la noche a la discoteca de Tremp. En el pueblo solo quedan los padres y los abuelos, porque los otros hermanos han ido a estudiar o a trabajar a la ciudad. Estamos en el Pallars Jussà en 1975, y no sólo una losa acabará tapando los restos del dictador, sino que una roca también caerá sobre Malpui y enterrará el pueblo con todos los habitantes, salvo los siete herederos, que están en la discoteca. Pep Coll (Pessonada, 1949) vuelve a Malpui a L’any que va caure la roca (Proa).

¿Malpui es una transposición de su pueblo natal?

Es más bien un territorio que abarca Pessonada y el entorno. Es más cómodo hacerte tu territorio, que ya creé en El secret de la moixernera y que no pensaba que después lo continuaría, pero lo recuperé a El salvatge dels Pirineus y en otras referencias. Es una cierta complicidad con los lectores. El resto de la geografía es real.

¿La roca que amenazaba su pueblo es la semilla de la novela?

Siempre ha habido desprendimientos y sí que he pensado, pero el pueblo está en una pequeña cresta y tendría que caer mucha piedra. El miedo siempre estaba, y yo lo había tenido. Pero la novela nace con la idea de hacer desaparecer Malpui.

“En los pueblos campesinos de hoy, de media montaña, casi nadie vive ya de la tierra”

Nada más conocer a los protagonistas, cae la roca y el pueblo desaparece. Quería que pasara enseguida para volver a construirlo.

Los pueblos campesinos de hoy, de media montaña, no tienen mucho que ver con los de 40 años atrás. Ahora prácticamente nadie vive de la tierra; trabajan en otro sitio o viven de otra cosa, o un poco de la ganadería.

(Pep Coll Mané Espinosa)

Ha querido retratar este momento que ha desaparecido, pero en lugar de hacerlo poco a poco, lo hace desaparecer de golpe.

Me interesaba más la utopía, las ilusiones casi frustradas en algunos casos. A los que les tocó ser herederos lo tenían peliagudo para seguir la tradición secular, pero también lo tenían magro para trabajar en otra cosa. Ni estudios medios ni superiores, estaban predestinados.

“El heredero estaba satisfecho y la casa también, pero aquello no tenía futuro”

Todo eso pasa en 1975, cuando muere Franco.

Me interesaba por la roca donde estaba enterrado Franco. El heredero estaba satisfecho y la casa también, pero eso no tenía futuro. También estaban las escuelas agrarias, que crearon una cierta ilusión porque los payeses iban, y los maestros hacían como de misioneros y les decían que la nueva agricultura tenía que ser una empresa y que se tenían que unir, se había acabado la supervivencia.

Los siete herederos van a la discoteca y, cuando vuelven de madrugada, el pueblo ha desaparecido. Y reaparecen los hermanos y los que tenían casas y ya no vivían allí.

Cuando cae la roca, el despoblamiento ya había empezado. Es un fenómeno muy fuerte, y me parece que no se ha hablado bastante. Se ha hablado más de la inmigración del sur, que de la emigración de los pueblos en las ciudades. Fue un drama muy duro.

“Se ha hablado más de la inmigración del sur, que de la emigración de los pueblos en las ciudades. Fue un drama muy duro”

Estamos en los sesenta y setenta.

En los libros salen como unos años de alegría, con los Beatles y el 600, y en cambio es una época muy dura para la gente que tiene que abandonar los campos y dejar el trabajo que habían hecho tradicionalmente. En Malpui solo quedan habitadas las casas de los siete herederos. Y al volver los hermanos, hay diferencias y reproches.

¿Hay una metáfora del cambio de régimen que vivía el país?

Evidentemente. Se repite el esquema de algunas revoluciones: una gran ilusión a la hora de destruir el pasado, y todos están unidos a la hora de destrozar los olivos porque ya no producen; pero a la hora de construir el pueblo nuevo empiezan los desencantos.

“Entonces ser de pueblo era una vergüenza. Nadie estaba orgulloso. Eso hoy ha cambiado”

Y llegan hippies y neorrurales.

Aquí los hippies llegaron tarde a todas partes. Y hoy, el turista urbano que sube a un pueblo, cuanto más pobre lo encuentra, más le gusta. Entonces ser de pueblo era una vergüenza. Nadie estaba orgulloso. Pero eso hoy ha cambiado. Pasa un poco como con la revolución industrial y el Romanticismo o modernismo, que la gente huye de las ciudades sucias. En los años noventa, empiezan a volver, reconstruyen la casa… Hay un cambio.

Para reconstruir el pueblo se plantea el cooperativismo.

El cooperativismo agrario no tiene nada que ver con el industrial o urbano. El dinero es igual en todas partes, pero cada campo es diferente, y cada propietario cree que el suyo es mejor, por eso es tan complicado.

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