Pepe de Lucía: «A Paco le veo todos los días en Instagram cada vez que aparece una foto suya, y hablo con él»

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Renovador del repertorio flamenco y miembro fundamental del sexteto de su hermano Paco, el cantaor Pepe de Lucía (José Sánchez Gomes, Algeciras, 1945) edita, después de catorce años sin publicar nuevo disco, «Un nuevo universo» (Universal). Un trabajo de corte tradicional, producido por Alejandro Sanz y con las colaboraciones de Paco de Lucía, Vicente Amigo y Diego del Morao, en el que el artista algecireño reivindica su legado compositivo y su enciclopédico conocimiento del cante flamenco.

¿Qué sentimientos tiene al editar nuevo disco después de tantos años? ¿Qué destacaría del mismo?

Fundamentalmente de sorpresa, porque no me esperaba estar de promoción otra vez después de tantísimos años haciendo discos. ¡Y más con la edad que tengo! (risas). El disco en general está fantástico. Con Vicente Amigo canto una malagueña muy bonita y con Paco hago un taranto precioso, cuya base hice para Camarón. Un cante que originalmente estaba cantado por los dos, pero que no se ha podido incluir porque no se ha llegado a un acuerdo con la familia.

Empieza el trabajo por bulerías, recordando a su hermano Paco. ¿Cómo lleva su ausencia?

¿Cómo se va a llevar? Eso nunca se olvida. Porque además le veo todos los días en Instagram cada vez que aparece una foto suya. Y hablo con él. Estuve trece o catorce meses haciendo su mausoleo con piedras romanas de San José del Valle, una zona cercana a Bolonia. Construí un muro funerario con un azulejo del siglo XIX, precioso, de un descendimiento del Monte Sinaí, también con columnas romanas. Todo muy cuidado, haciéndolo de manera rústica y antigua, con la belleza del XIX y con los hierros dulces del XVIII: la cerca, el suelo de mármol… Hasta la lápida, que tuve que esperar seis meses para conseguir una que no tuviera una veta… Y mientras tanto, todo el mundo estaba haciéndole homenajes. A mí me decían: «¿Qué haces, hombre? Tú lo que tienes que hacer cuando haya un homenaje a Paco es presentarte allí y decir »Vengo a cantar». Y que te paguen». Pero eso no lo he hecho nunca. Yo estaba en el cementerio, junto al alcalde de Algeciras, haciendo el mausoleo. Creo humildemente que era donde tenía que estar.

Canta en una bulería por soleá: «De la nada azul / bordón creaba, un nuevo universo / tuvo el mar, tuvo el camino, / y en medio su corazón / se apagó para los restos».

Eso es… ¿Sabe por qué? Porque Paco hacía así… -hace como que toca la sexta cuerda de la guitarra- pero sonaban dos notas. ¿Cómo se explica eso? Éste es el bordón de la guitarra, la sexta, y el hacía «pá pá» ¿Cómo podía hacer eso? Yo todavía no me lo explico.

También en este cante escribe: «Esta casa huele a gloria. / ¡Ay, Dios mío! ¿quién vive aquí? / Aquí vive mi Pastora, / me tiene loquito a mí».

Sí, esa soleá se la dedico a la bailaora Pastora Galván.

Creía que se refería a Pastora, La Niña de los Peines.

Pastora Pavón ha sido mi amor platónico; he estado y sigo estando enamorado de su cante. No ha sido la cantaora que más me ha gustado, sino lo siguiente. Pero también me vuelven loco Caracol, Antonio Mairena, Tomás Pavón… Aunque el primer cantaor que me dió luz en armonía, en cadencia, con una forma de cantar diferente, fue Don Antonio Fernández Díaz «Fosforito». Ese fue el que me metió el vicio dentro. Ya despues empecé a escuchar con mi padre cantes de Tomás Pavón, de La Niña de los Peines, del Carbonero, de Mojama… Fíjese qué recuerdos tengo de aquella época que todavía me acuerdo de una seguiriya de Mojama titulada «Como la tortolita», que apareció en un disco que no tiene nadie, y del que creo sólo se hicieron tres o cuatro «placas», que diría el Cojo Peroche.

¿Y quién más le gustaba cantando?

Hombre, Camarón por supuesto. Y Pepe, coño, Pepe de Lucía. Que le tuvieran que decir a Paco: «¡Habla de tu hermano, aunque sea por una vez!»

¿Hay que revindicarle?

No lo sé, pero parece ser que mi madre, que me protege, está diciendo allá donde esté: «Tú vas a ser reconocido, tú no vas a morir en el olvido».

Y usted ¿qué cree que ha aportado al flamenco?

Si usted me dice lo que yo he aportado al flamenco se lo agradecería mucho, pero si quiere se lo digo yo…

Pues una nueva forma de cantar.

Sí, desde que empecé con el disco «Caminando» -y entona la letra: «Camino de Sancti Petri / por el río»-, que ahí incorporé a Joan Albert Amargos, a Tito Duarte, a Pedro Ruy Blas… Hasta cuando revolucionamos el flamenco introduciendo el cajón peruano y rompiendo esquemas clásicos. De hecho, uno no se puede quedar con los cantes que yo llamo «de resfriado», porque, aunque haya cosas bonitas en esos cantes, a mí nunca me han gustado. Son recursos. Por ejemplo, si yo le hago «Ay ay ay ayyyy», esto está saliendo de mi pecho. Ahora, si le hago «Ay ay ayyyy» con la nariz, es más fácil. En el cante no se puede meter la nariz. ¿A Camarón usted le ha visto alguna vez meter la nariz? Mairena la metía un poquito y Fosforito nunca. Y Pastora, ¿metía la nariz? -se arranca a cantar una letra de Pastora: «Ay que yo te tenía junto a mí, / soñando contigo estaba…»)

Usted ha sido renovador del repertorio flamenco y ha compuesto letras a artistas como Camarón, La Susi, Remedios Amaya o María Jiménez.

He compuesto para mucha gente porque componer era mi mayor ilusión. Mi padre nos enseñó a vivir para y por el flamenco. Es decir, no solo para salir adelante sino para ayudar a los demás. Por eso he sacado a casi todos. Mire, a El Torta lo he sacado yo, al Capullo lo he sacado yo, con su primer disco con Twins, ¿se acuerda? A Terremotito también, a La Macanita, a los Zambo, a los Méndez, a Potito, a Tijeritas… A todos. Mi padre era asesor flamenco en Philips y por eso sacamos a tanta gente. A Camarón me lo trajeron para que lo escuchara. Él estaba cantando en Torres Bermejas con Paco Cepero, un grandísimo guitarrista. Camarón, por aquel entonces, ya había grabado con Antonio Arenas y Sabicas, y no había pasado nada. Pero yo le dije que con el próximo disco «va a pasar, porque cantas que quita el sentido». Y me fui a casa y le dije a mi papá: «hay que ir a escuchar a este niño a Torres Bermejas». Y cuando mi padre le escuchó dijo: «Tú, Paco, a ensayar con él». Y ya Pepe se quedó fuera (risas).

Y su hermano, ¿qué aportó al flamenco?

Aportó una forma nueva de hacer vibrar las cuerdas, de estar relajado escuchando una rondeña a meter de pronto un picado para arriba y volverte loco. O de incorporar unas armonías que no te dabas cuenta de todos los dedos que metía, iba a una velocidad increíble… Y es que Paco, ya tocaba la guitarra con seis años, me tocaba a mí en esos aparatitos Grundig que llevaban una cinta transparente de plástico. De hecho, tengo un disco inédito de diecinueve cantes, antes de los Chiquitos de Algeciras, grabado con ese aparato. Está masterizado y sólo hace falta limpiarlo. A lo mejor esos cantes pueden ir al Museo de Paco. O bien decirle a Netflix: «Suelta la gallina ahí, que me voy a comprar un piso en Madrid» (risas). Me encanta Madrid.

En el disco dedica unos emocionantes fandangos de Huelva a Alejandro Sanz, productor ejecutivo del disco: «Alejandro, hermano mío, / entre dos aguas / sabemos lo que sentimos. / Alejandro, hermano mío, / somos flamencos perdíos, / yo te quiero con el alma / y con el corazón partío».

Alejandro Sanz es mi hermano. Él fue quién me apoyó y me convenció de que no podía estar sin hacer otro disco. Y me mandó a América a grabarlo con Juan de Angélica, un guitarrista que se ha tirado la friolera de quince o veinte años con Paco y que toca muy bonito. Y sí, se los dedico a Alejandro porque ha producido el disco y porque lo ha pagado él. Y por el apoyo moral que me ha dado, motivándome otra vez a volver a emprender el camino de vuelta. Él me empujó. Me dijo: «Pepe, te tienes que venir a América». Me trató de escándalo: viajé en primera, me reservó una suite en el hotel… Como es él, de una generosidad absoluta y certera. Él siempre está ahí.

También incluye un bolero, «Me extraña que no me extrañes»

Ese bolero es absolutamente misterioso. Lo compuso Paco para Luz Casal, pero Luz estaba malita y no lo pudo grabar. Y ahí se quedó hasta que me fui a América a grabar y puse mi voz encima de la guitarra de mi hermano. Y ha quedado precioso. ¡Cómo toca Paco ahí, por Dios! Saca notas de todo el mundo… De Mozart, de Stravinski, de Beethoven… No sé ni de dónde las saca.

Cambiando de tercio ¿cómo ha vivido la pandemia? ¿qué sentimientos ha tenido?

Confinado y respetándola mucho. Cuando he tenido que ir a Algeciras, a mi casa o a hacerme algún reconocimiento, siempre lo he hecho con mucho cuidado. Porque hay que ir con mucho cuidado. Donde menos te lo esperas está el coronavirus. Y cuando te dice el doctor Cavadas, que es amigo mío, que todos lo vamos a coger, apaga y échate a dormir.

¿Pasó miedo?

Si yo me he tirado de cabeza hacia un tiburón y lo he pescado… ¿Usted cree que le tengo miedo a algo? Yo estoy loco. Miedo no, pero loco sí.

¿Qué le ha robado el coronavirus al flamenco?

Todo. Pero no solo al flamenco ¿Cuántas criaturas, cuántas familias y cuántos compatriotas nuestros se ha llevado el coronavirus? Cuando al principio usted y yo veíamos esas colas de ataúdes, uno detrás de otro, y también esas bolsas de plástico, de verdad que era para echarse a temblar. Y lo que no hemos visto, ¿eh? Yo he perdido a muchos amigos, pero quiero recordar a uno de ellos, Lorenzo Sanz, que además vino a uno de mis últimos cumpleaños.

¿Sigue la actualidad del flamenco? ¿cómo la ve?

Sí, ahora mismo hay gente muy valiosa, niños que cantan muy bien. El niño de Rancapino está cantando muy bonito, Antonio Reyes e Israel Fernández también me gustan. Y eso es muy bueno. Porque como decía Paco: «Pepe, si yo lo que quiero es que salgan guitarristas muy buenos para motivarme yo y ponerlos a cavilar».

Y su nieta Lucía (la hija recién nacida de Malú y Albert Rivera) ¿va para artista?

Es muy bonita. Me tiene «chocho». Yo le hablo solo al teléfono y le pego besos. ¿Cómo puede ser eso? Si me ve alguien pensará: «este tío está loco perdido». Ahora, en estos momentos, no me gustaría que fuera artista pero como lo sea, con esa cara, se queda con todo el cuadro.

Dicen que se quiere más a los nietos que a los hijos

Cincuenta mil veces más. Es que nos pilla ya con una edad en la que tú ves que estás en el ocaso de la vida y ves a esa criatura, con esa carilla de vieja que tiene, y te la comes.

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