Perdone, ¿este libro es ecológico?

“Nunca, hasta el momento, me he encontrado con un cliente que mire la etiqueta ecológica de los libros antes de comprarlos”, dice Luigi Fugaroli, librero de La Calders. Muy cerca, un supermercado Bonpreu sí exhibe –a un precio que dobla o triplica el habitual– zanahorias, berenjenas, tomates y naranjas “ecológicas”.

“En el libro, lamentablemente, ofrecer un producto ecológico no es un argumento de venta”, constata Álvaro Palau, editor de Arpa Editores. “Lo hacemos porque nos importa, no para vender más”.

Editores

En el libro, por desgracia, ofrecer un producto ecológico no es aún un argumento de venta”

Las editoriales españolas están adentrándose en la producción ecológica a ritmo desigual. Unas se esfuerzan en serio, otras hacen gestos y la mayoría espera a ver qué hacen los demás. Pero los pasos recientes de los dos grandes grupos, Planeta y Penguin Random House, indican que el futuro pasa por ahí. ¿Puede un sector que consume millones de toneladas de papel presumir de realizar productos ecológicos?

En la década de los noventa, Greenpeace denunció que una cuarta parte de los residuos especiales españoles procedían de un único sector, justamente el de la fabricación de papel y celulosa, que vertía sus compuestos organocloratos en los ríos. Casi treinta años después, las cosas han mejorado, pues hoy se usan otras sustancias (peróxido de hidrógeno y oxígeno) para blanquear el papel, en vez del cloro. Además, no todas las editoriales usan papel procedente de pasta química, mucho más contaminante que el de pasta mecánica, que no contiene esos residuos químicos y aprovecha mucho más la madera, en torno al 90%, en vez del 50 o 60%.

Una instantánea tomada en la  Laie CCCB
Una instantánea tomada en la Laie CCCB (Montse Giralt / LVE)

Álvaro Palau, de Arpa, cree que “muchas veces se adoptan medidas superficiales, como plantar
árboles para compensar emisiones o se implementan políticas de eco gestos de oficina que solucionan menos del 1% del problema. O se diseñan logos de color verde… ¡cuando la tinta verde es la que más contamina de todas!”.

Según Greening Books, un programa de la Comisión Europea en el que colabora el centro tecnológico catalán Leitat, el impacto ecológico del libro se produce mayoritariamente (42%) en la fabricación de materias primas, sobre todo papel; en la fabricación del producto (30%), es decir, la impresión; y luego en la distribución (13 %).

El papel de los libros puede exhibir varios sellos de calidad medioambiental internacionales, pero los dos más usados son el PEFC y el FSC. Aunque no contemplan, por ejemplo, cuestiones como los acabados de estampación en las cubiertas. La mayoría de portadas están plastificadas para evitar su deterioro.

La presión de los autores

En Penguin Random House la concienciación empezó cuando autores como Isabel Allende, Saramago, Günter Grass o J.K.Rowling exigieron estos certificados

Fuentes de Penguin Random House (PRH) –el único grupo editorial con matrícula propia en el FSC, ya desde el año 2014– afirman que su concienciación “empezó a partir de la petición de algunos autores como, sobre todo, Isabel Allende, que exigía estos certificados”, al igual que hicieron Saramago, Günter Grass o J.K.Rowling. “La etiqueta FSC, a diferencia de otras, garantiza no solo la sostenibilidad del papel en origen sino el control de toda su cadena de custodia hasta su empleo en las imprentas”. A día de hoy son pocas las editoriales españolas con número propio de matrícula, entre ellas la barcelonesa Gigamesh, que publica Juego de tronos.

Los pasos dados por  grandes grupos editoriales indican que la eco etiqueta es un camino imparable
Los pasos dados por grandes grupos editoriales indican que la eco etiqueta es un camino imparable (Antonio Lacerda / EFE)

PRH, parte del conglomerado alemán Bertelsmann, ha reducido este año un 10% sus emisiones de carbono y aspira a, en el 2030, ser “neutral para el clima” a nivel mundial. Desde el año pasado, sus libros lucen el logotipo ecológico FSC en cubierta o contraportada “porque creemos –explican– que es importante que sea visible y que los lectores sepan que el libro que tienen se ha producido con papel de bosques sostenibles, además de con respeto a temas sociales (empleo sostenible, etcétera)”.

Otra etiqueta existente es la de Llibre Local, que a las garantías ecológicas suma las de dar empleo a trabajadores e industrias del lugar, la de reducción de gastos de distribución por proximidad y que los impuestos de todo el proceso editorial se pagan en el país donde se vende. Se han sumado ya sellos como Comanegra, Pol·len, Nanit, La Topera, Babulinka o Yekibud.

Ir más allá

“Nuestros libros están impresos con el sol. La energía que hace posible la impresión, también en papel sostenible, procede exclusivamente de paneles solares”

En Duomo, perteneciente al grupo italiano Mauri Spagnol, van un paso más allá en la parte final del proceso: “Nuestros libros están impresos con el sol –explican–. La energía que hace posible la impresión, también en papel sostenible, procede exclusivamente de paneles solares”.

La impresión es otro tema importante. Marta Escamilla, responsable del área de Sostenibilidad de Leitat, apunta que “el problema del offset, el sistema más utilizado, es que produce tiradas muy elevadas. La impresión digital permitiría tiradas más cortas, ajustar más la oferta a la demanda, pero las grandes editoriales prefieren muchas pilas de libros, aunque no los vendan, y eso hace subir el impacto ambiental”. Desde los grupos responden que “cada vez estamos editando más digitalmente, sobre todo en las reimpresiones”.

Otros elementos a tener en cuenta son tema de debate entre los profesionales, como la merma (la cantidad de papel que se guillotina en cada página), el gramaje (cuanto menos, menos papel consumido, pero demasiado poco puede dificultar la legibilidad) o la tinta vegetal, que contamina menos que la mineral, pero “resulta difícil de encontrar en color negro, que lógicamente es el usado mayoritariamente en los libros”, afirma Palau.

Contraindicaciones

El e-book no es más ecológico, solo lo sería si se leyeran más de 200 libros en cada aparato, indican los estudios

El e-book no es ninguna panacea. El impacto medioambiental de un e-reader es entre 100 y 200 veces el de un libro en papel. Por tanto, “para ser rentable ecológicamente, un e-reader debería evitar la compra de 100-200 libros en papel”, dice Palau, para quien “es muy distinto si se lee en una tablet que se hubiera comprado igualmente”. Escamilla pide contar, al hablar d e-books, “también la energía que consume, y los peligrosos residuos que va a generar”.

El año pasado, el grupo Planeta inició el proceso para obtener las certificaciones FSC y PEFC. Un portavoz del grupo afirma que “actualmente utilizamos papel de pasta virgen para el interior y cartón 100% reciclado para realizar la encuadernación de los libros de tapa dura. Todo el papel es adquirido ya a proveedores certificados FSC o PEFC”. Pone como ejemplo que dos de sus grandes éxitos comerciales, las novelas Yo, Julia y su secuela Y Julia retó a los dioses, de Santiago Posteguillo, ya han sido hechas con papel FSC.

Escamilla explica que “nosotros trabajamos para ayudar a las empresas a producir libros de la mejor manera: tintas, papel, distribución… Y cuantificamos el impacto ambiental en una etiqueta que da mucha información de cada libro, hasta las emisiones de CO2 que ha generado. Ya es un sistema que utiliza la Diputación de Barcelona en sus publicaciones”.

El paso del tiempo dirá si, poco a poco, cuando entremos a una librería, nos fijaremos cada vez más en los sellos ecológicos. Sin llegar aún, de m

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