Pladevall convierte un drama rural en universal en ‘La clau anglesa’

Antoni Pladevall (Taradell, 1961) es profesor de latín y griego. Así pues, no es casual que sus novelas beban de esta tradición, pero ahora, dando un paso adelante, presenta La clau anglesa (Univers), una tragedia más compleja de las que nos tenía acostumbrados, con una novela coral en la que destacan dos personajes marcados por el pasado.

“La he concebido como una especie de alegoría sobre la vulnerabilidad humana –cuenta el autor–. La he tratado desde la acritud del drama, con un punto de mirada esperpéntica, que rebaja o suaviza esta acritud. Hombres y mujeres somos heribles por naturaleza, y no podemos o no sabemos esquivar los mordiscos que nos clava la vida”.

Tomàs y Rosa acaban siendo dos personajes perdedores y solitarios, que arrastran su tragedia particular

Conoceremos el pasado y el presente de Tomàs, que vive en una especie de chabola, y de Rosa, de buena familia, que acaban siendo dos personajes perdedores y solitarios, y poco a poco iremos descubriendo la tragedia particular que arrastran. Tomàs carga con una gran culpa e intenta esconderse e huir del pasado: “Hay gente así, y Tomàs se castiga porque el sentimiento de culpa le hiere las entrañas y necesita pedir perdón”.

Aunque la historia está ambientada en el ámbito rural, Pladevall rechaza la etiqueta de novela rural: “Por imperativo biográfico, es mi mundo, y me aplico la máxima faulkneriana de hablar de lo que conozco, pero creo que trato de asuntos de la literatura universal. Es más bien una novela de ambientación rural, que toca temas universales que ya encontramos en los clásicos y en los norteamericanos del siglo XX, que reactualizan la tragedia griega. Son cuatro grandes temas: la fatalidad, el error, la culpa y el perdón”.

“Es más bien una novela de ambientación rural, que toca temas universales que ya encontramos en los clásicos y en los norteamericanos del siglo XX”, apunta Pladevall

A pesar de ello, la lengua que usa al escritor refleja muy bien este ámbito rural: “Intento recrear la lengua viva, la que gastamos de la mañana la noche y se nos escapa de la boca. Pasa sobre todo con las personas mayores, que tiene una lengua sonora y colorida, que a veces no cabe en los diccionarios”.

Pladevall recurre a una cierta contextualización cuando es consciente de que el lector puede ser que no entienda algo ni, claro, lo encuentre en el diccionario. Desde su primer libro, La lliça bruta (2001), en todas sus novelas, y en esta también, incluye un correlato de pensamientos, escritos en cursiva, que complementan el argumento y los diálogos. “Intento que la lengua sea un personaje más –confiesa–. No concibo la literatura si no hay artesanía”.

El pueblo es Cruallops, inspirado en Montclar, “un lugar encantador –apunta–, donde está el hostal donde sirven el mejores guisantes negros del Berguedà”, y que también aparecen en La clau anglesa. “Hace tres años me enamoré de ese paisaje y me inspiró la historia; el pueblo es casi un personaje más”, concluye.

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