¿Por qué el cadáver del Che se mantuvo con los ojos abiertos?

En la tarde del 8 de octubre de 1987 Ernesto Guevara es capturado en combate y trasladado a la localidad boliviana de La Higuera, donde pasa la noche.

Al día siguiente, hacia el mediodía se decide la ejecución del Che. Parece que él entrega una pipa para que la hagan llegar a un joven que le ayudó en su travesía. Pide también que le digan a su esposa que vuelva a casarse e intente ser feliz.

Quien tiene que dispararle duda, está nervioso, resopla. Che Guevara le mira fijamente y, temiendo el temblor, le espeta: “Serénese, va usted a matar a un hombre”.

Tras ser ejecutado, sus restos son trasladados en helicóptero a Vallegrande y depositados en la lavandería del hospital

Sus restos son trasladados de una escuelita de La Higuera hasta Vallegrande en helicóptero. Depositan el cuerpo en la lavandería del hospital. La mujer que lavó su cuerpo lo recordaría años después. Y recordaría, especialmente, esos ojos abiertos del fallecido. “Como dos estrellas brillando, no lo olvidaré en mi vida”.

Soldados con el cadáver del Che Guevara
Soldados con el cadáver del Che Guevara (Bettmann / Getty)

Ese es uno de los muchos misterios que han envuelto el asesinato del guerrillero más famosos de todos los tiempos. ¿Por qué esos ojos tan abiertos? ¿Nadie, en un gesto de mínimo respeto, se los cerró?

Una primera hipótesis, la más heroica, mantiene que él quiso morir con los ojos abiertos, mirando de frente a su verdugo, y respetaron luego ese deseo. Otra, algo más difícil de creer, afirma que el viento que alentaba las hélices del helicóptero que le trasladó, colgando en una precaria camilla, mantuvo levantados los párpados del Che. Una tercera hipótesis apunta que, con la obsesión de mantener el cadáver intacto, empezaron a inyectarle formol y otras sustancias, cuando su cuerpo estaba aun caliente, y que una singular reacción hizo que sus ojos quedaran abiertos.

El agente de la CIA Félix Rodríguez le lavó la cara al Che. Le cerró la boca y trató varias veces de hacer lo mismo con los ojos. “Se abrían una y otra vez, y no se los pude cerrar”

Pero lo más probable es lo que atestiguó, años después, el agente de la CIA, Félix Rodríguez. Muerto Guevara él pidió un cubo de agua, se agachó y lavó la cara al Che. Le cerró la boca y trató varias veces de hacer lo mismo con los ojos. “Se abrían una y otra vez, y no se los pude cerrar”.

Sea como fuere, como un verdadero Jesucristo yaciente, fue tendido en la lavandería del hospital Nuestro Señor de Malta, le pusieron unas maltrechas tablillas bajo la espalda para que estuviera más incorporado. Todo preparado para lograr una imagen que diera la vuelta al mundo.

Se le practicó una improvisada autopsia frente a fotógrafos, militares y vecinos. Solo se podía pasar una vez y luego había que abandonar el lugar.

Las manos del Che, que amputaron para mantener una prueba de su identidad, llegaron a Cuba dos años después de su asesinato

Previamente habían descubierto los restos de la argentina Tamara Bunke, conocida como Tania, la rebelde guerrillera que se empecinó en batallar junto al Che hasta el final. Tania y su grupo cayeron en una emboscada cinco semanas antes que Guevara y su cuerpo fue hallado en las orillas de un río. Una profesora recuerda como la larga cabellera de la guerrillera ya se había ido deshaciendo y que el cráneo ya asomaba.

Las manos del Che, que amputaron para mantener una prueba de su identidad, llegaron a Cuba dos años después de su asesinato.

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