¿Qué escritor sufrió el asesinato de su madre cuando tenía solo 10 años?

El estadounidense James Ellroy (Los Ángeles, 1948) tiene una biografía traumática que ha sabido sublimar en una destacada obra literaria, de las más imponentes del siglo XX en su país. En junio de 1958, recibió, al volver de casa de su padre –con quien había pasado unos días– la terrible noticia del asesinato de su madre, Geneva Hilliker, con la que él vivía. El cuerpo fue hallado en una cuneta a las afueras de Los Ángeles, estrangulado con una cuerda y unas medias y con evidentes signos de violación.

Un asesinato sin asesino

Fue un caso sin resolver, que introdujo a aquel niño en la obsesión por el mundo del crimen y le hizo, ya de adulto, desarrollar una obra literaria con evidentes vínculos con aquel suceso, que no dejaría de perseguirlo. Hasta el punto de que, ya consagrado como autor, en 1994 contrató a un detective privado, Bill Stoner, para intentar descubrir la verdad sobre aquel crimen y explicarse a sí mismo.

El resultado fue poco fructífero a la hora de encontrar al asesino pero le permitió escribir Mis rincones oscuros (1996), su libro autobiográfico, donde, además de explicar el asesinato, indaga en la personalidad de su madre, y confiesa cómo cayó de joven en pequeños hurtos, gesticulaciones de extrema derecha para llamar la atención de la gente o allanamientos en casas de mujeres para robarles su ropa interior.

James Ellroy
James Ellroy (Kim Manresa)

Su novela La Dalia Negra (1987), que da inicio al Cuarteto de los Ángeles, se basa en un caso similar: el asesinato de la aspirante a actriz Elizabeth Short, que movilizó a la policía de Los Ángeles en 1947. Los otros títulos de la serie son El gran desierto (1988), L.A. Confidential (1990) y Jazz blanco (1992).

Ellroy afirma que “hubiera sido escritor de todos modos. Yo quería serlo ya antes de que mataran a mi madre. Pero, claro, después de aquello, el crimen estuvo tan presente en mí que pasó a convertirse en el centro de mi obra narrativa. En este sentido, la muerte de mi madre fue un don, un regalo. Me hizo el tipo de escritor que soy, me dio un tema. Ahora sería escritor, sí, pero otro tipo de escritor”.

Hubiera sido escritor de todos modos. Yo quería serlo ya antes de que mataran a mi madre”

Mis rincones oscuros fue, según propia confesión, “una terapia espectacular que cambió totalmente mi relación con ella, con su recuerdo. No encontré al asesino, pero la encontré a ella, solo desde entonces tuve paz al pensar en mi madre. Descubrí su doble vida, estaba separada y bebía e iba con hombres los domingos en que yo me quedaba al cuidado de mi padre. Ella está siempre en mi mente, y cuando publico un nuevo libro dialogamos, le pregunto qué le parece, y a veces no le gusta demasiado lo que escribo pero sí la pasión con que lo hago”.

Es por eso que “nunca escribiré un libro sin asesinatos”. Palabra de Ellroy.

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