¿Qué falso rumor divulgó el FBI para acabar con la carrera de Jean Seberg?

El cuerpo sin vida de Jean Seberg apareció en el asiento trasero de un Renault 5 estacionado en una calle parisina el 8 de septiembre de 1979. La policía la buscaba desde hacía diez días, cuando salió de su apartamento para no regresar jamás. Un frasco de barbitúricos y una nota de suicidio acompañaban el cadáver de la que había sido icono indiscutible de la Nouvelle Vague. Le faltaban apenas dos meses para alcanzar los 41. “Diego, mi hijo querido, perdóname. No podía vivir más. Compréndeme. Sé que puedes hacerlo y sabes que te quiero. Sé fuerte. Tu mamá que te quiere”, rezaba la carta.

Trágico destino para una mujer hambrienta de vida y de deseo que arrojaba un amplio historial de depresiones y crisis nerviosas. Para la cinefilia había quedado grabado en la retina la frescura espontánea que emanaba la estadounidense en su papel de una joven burguesa moderna, de cabello corto, aspecto andrógino y enfundada en unos pantalones pitillo que aspiraba a ser escritora y vendía el New York Herald Tribune por los Campos Elíseos en Al final de la escapada de Jean-Luc Godard, película que catapultó tanto su carrera como la de Jean-Paul Belmondo, a la vez que fraguó su mito.

Fotograma de 'Al final de la escapada'
Fotograma de ‘Al final de la escapada’ (YouTube)

El sueño de esa joven nacida en Iowa en 1938 hija de un farmacéutico y una maestra siempre había sido el de ser actriz. Otto Preminger le dio su primera oportunidad a los 17 años tras superar a más de 12.000 candidatas para interpretar a Juana de Arco en Saint Joan (1957) y tanto Godard como Truffaut la convirtieron en su musa femenina. A lo largo de su currículum artístico demostró que su frágil belleza estaba intrínsecamente unida a unas grandes cualidades dramáticas que supo plasmar magníficamente en películas como Buenos días, tristeza (1958), de nuevo con Preminger o Lilith (1964), al lado del sex symbol Warren Beatty, donde encarnaba a una chica esquizofrénica .

Independiente y con la pasión en todo lo que hacía por bandera, defensora incansable de los derechos civiles de la población negra, Seberg enamoró a todos con esa dulce mirada pícara de chica aventurera que juega a la ambigüedad con su aspecto a lo garçon que tanto furor causó entre las jóvenes de los sesenta. Fue un referente para muchas y el centro de atención de todas las miradas masculinas, pero a ella, igual de vulnerable que bella, no le dio tiempo a ser feliz. Como a muchos otros actores, su éxito profesional vino acompañado de una inestable vida sentimental y llegó a pasar por la vicaría hasta tres veces.

Un aburrido matrimonio con el novelista Romain Gary la empujó a mantener relaciones esporádicas con múltiples amantes que conocía en rodajes y en sus escapadas a fiestas nocturnas llenas de excesos alcohólicos y drogas. Su relación con los Panteras Negras, que gozaban de prestigio entre los intelectuales franceses, marcó uno de los capítulos más turbios de su biografía y el inicio de una debacle de la que ya no volvería a remontarse.

Su militancia antirracista llegó a inquietar hasta el mismísimo FBI, que la persiguió implacablemente y divulgó el rumor de que la actriz estaba embarazada de un líder negro del partido. Pero el bebé que esperaba en realidad era fruto de una relación que había mantenido con un amante mexicano.

Jean Seberg en el set de 'Buenos días, tristeza'
Jean Seberg en el set de ‘Buenos días, tristeza’ (Hulton Archive / Getty)

Todo este revuelo y su adicción cada vez mayor a los barbitúricos provocaron que Nina fuera prematura y muriera a las pocas horas de nacer en una clínica suiza. El suceso marcaría profundamente a una Seberg que ya no levantaría cabeza. A partir de entonces, su existencia fue un devenir de depresiones que la apartaron cada vez más de la gran pantalla. Los psiquiátricos y las casas de sus escasos amigos se convirtieron en su hogar. Se dedicó a vagar por las calles de su adorado París en una huida de sí misma. Finalmente, tras varios intentos de suicidio -en uno de ellos se lanzó incluso al metro parisino-, se fue directa a su última escapada.

Romain Gary declaró que las calumnias propagadas por el FBI habían destruido la vida de su ex esposa. La policía federal norteamericana, dirigida por Edgar Hoover, reconoció la autoría de la difamación, que fue parte de un programa de contrainteligencia con el que se persiguió a los militantes del movimiento pro derechos civiles así como a los oponentes de la guerra de Vietnam.

Personajes tan ilustres como Jean Paul Sartre y Simone de Beauvoir dieron su último adiós a la actriz, cuya tumba descansa en el cementerio de Montparnasse, lugar de peregrinaje de miles de admiradores de la hermosa y atormentada Jean Seberg.

La policía federal norteamericana, dirigida por Edgar Hoover, reconoció la autoría de la difamación, que fue parte de un programa de contrainteligencia

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