¿Qué impresionista se ataba el pincel a la mano para vencer la artrosis?

“Me niego a pintar el mundo de negro”, Afectado por una artritis reumatoide que lo mantiene atado a una silla de ruedas, el pintor viejo y arrugado se aferra a la belleza: “Una pintura debe ser algo agradable y alegre. Hay suficientes cosas desagradables en la vida. No necesito pintar más”. Al contrario, él siempre había querido mejorar la vida. Y aunque la suya se había convertido en un infierno, teniendo que lidiar con un dolor insoportable, incapaz ya de mover sus manos libremente, siguió pintando hasta el final con la ayuda de un pincel que se hacía sujetar con unas vendas a la muñeca.

El pintor se hacía colocar vendas en las manos para poder sujetar el pincel
El pintor se hacía colocar vendas en las manos para poder sujetar el pincel (Apic / Getty Images)

Rico y famoso, Pierre-Auguste Renoir (1841-1919) refugió los últimos años de su vida en Cagnes-sur-Mer, una ciudad de la Riviera francesa adonde había llegado con su familia en busca de un clima más cálido y la ilusión de domesticar una enfermedad que no se lo estaba poniendo nada fácil. “A medida que su cuerpo menguaba, el alma en él parecía fortalecerse continuamente y expresarse con más radiante facilidad”, recordaría Matisse tras un encuentro con el pintor.

En 1912, visitó a un médico con la esperanza de volver a caminar. Tras dos semanas de intenso tratamiento, el artista pudo dar unos pasos por sí mismo, pero desistió: “Se necesita toda mi fuerza de voluntad, y no me quedaría ninguna para pintar”. Pertrechado bajo un pesado abrigo y cubierto por una manta, un gato enrollado en su regazo le ayudaba a conservar el calor mientras pintaba.

Renoir culminó 'Las bañistas'  con 78 años, unos meses antes de su muerte en  1919
Renoir culminó ‘Las bañistas’ con 78 años, unos meses antes de su muerte en 1919 (Inma Sainz de Baranda)

Y sin embargo, en ese idilio con la belleza, el desnudo jugó un papel esencial en su placentera visión. Las modelos posaron una y otra vez para el pintor, convirtiéndose casi en parte de su familia.

En Renoir, la película de Gilles Bourdos, vemos cómo su fuego artístico es reavivado una vez más por Andrée, la joven pelirroja que tras su muerte se casará con el hijo del pintor, Jean, uno de los grandes cineastas europeos. Ante el cuerpo desnudo de una mujer hermosa, el decrépito artista exclama: “La carne es lo que importa. Si no has entendido eso, no has entendido nada”.

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