¿Qué mito del pop levantó polémica al deconstruir la lengua inglesa?

En la Gran Bretaña de los años sesenta, no solo el rock and roll y la música pop eran vistos con recelo por parte de la población más conservadora, que veía amenazado el establishment. También la lengua inglesa se creía en peligro en manos de esa nueva cultura juvenil, que con sus juegos de palabras y su humor absurdo deformaban el idioma poniendo en jaque un legado relativamente moderno –el inglés es un conglomerado de influencias de Escandinavia y Europa continental– que además no cuenta con una Real Academia que dicte sus reglas y prohiba su mal uso. Eso allí no sería democrático.

Y ocurrió que hubo un Beatle con aficiones lingüísticas y habilidad para el doble significado de las palabras y el nonsense (sinsentido) –fue quien le cambió una letra a beetle (escarabajo) para recoger el sentido del beat (latido, ritmo)– al que le encantaba escribir y dibujar. Construía historias que él mismo ilustraba de manera surrealista.

Escribía y dibujaba

La tía Mimi, expeditiva, llegó a tirar los cuadernos en los que de chaval se había refugiado al volver del instituto

Lamentablemente, la tía Mimi, expeditiva, llegó a tirar los cuadernos en los que de chaval se había refugiado al volver del instituto. De aquel Daily Howl (El aullido) en el que satirizaba la vida a su alrededor apenas se salvaron un par de volúmenes. Pero la vida seguía y llegó un punto en que Lennon –sí, John Lennon– se vio impelido a publicar. En 1964, en plena beatlemanía, salió su primer libro, In his own write. (Con su propia letra o De su puño y letra), un título que le sugirió Paul McCartney. Y le siguió al año siguiente A Spaniard in the works.

Paul McCartney, George Harrison, Ringo Starr y John Lennon  a su llegada a Londres procedentes de París, en 1964
Paul McCartney, George Harrison, Ringo Starr y John Lennon a su llegada a Londres procedentes de París, en 1964 (Getty Images / Getty)

En ellos se recoge incluso algún ringoísmo, aquellas construcciones gramaticales erróneas que el poco ilustrado Ringo Starr dejaba ir y que Lennon conservaba porque encontraba geniales. Como aquel Tomorrow never knows o el famoso A hard day’s night que dio no solo nombre a una canción de la banda de Liverpool sino a la que sería su primera película.

Los críticos y editores le auguraron poco recorrido a aquella filigrana de un músico pop. Pero In his own write alcanzó el número uno en la lista de bestsellers, por encima de las novelas de James Bond. “Merece la pena prestarle atención a alguien que teme por el empobrecimiento de la lengua y la imaginación inglesas”, publicó el Times en su suplemento literario.

Otro de los dibujos de Lennon en el que aparece el mapa de Gran Bretaña en el vientre de una vaca con la leyenda The National Health Cow (vaca) en lugar de Care (cuidados)
Otro de los dibujos de Lennon en el que aparece el mapa de Gran Bretaña en el vientre de una vaca con la leyenda The National Health Cow (vaca) en lugar de Care (cuidados) (.)

Sus giros bromistas con el inglés fueron un capítulo aparte en aquella Inglaterra tory que estaba a punto de ser laborista. Poco antes de que Harold Wilson ganara las elecciones, Lennon fue invitado de honor en uno de los almuerzos literarios de Foyles que se celebraba en el hotel Dorchester de Londres.

Homenaje

Del homenajeado se esperaba que pronunciara un ingenioso discurso, pero el Beatle llegó algo bebido y abrumado

Del homenajeado se esperaba que pronunciara un ingenioso discurso –por ahí habían pasado personalidades como Churchill o Chaplin–, pero el Beatle llegó algo bebido, abrumado y tenso. Y enfadó a todo el mundo al farfullar una única y poco ocurrente frase que no nadie acabó de entender pero sobre la que se creó consenso: Lennon habría dicho “Muchas gracias. Habéis hecho feliz a un hombre”.

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