¿Qué músico británico se convirtió en campesino español?

La respuesta a este reto no es un gran misterio. El tipo del que hablamos contó su historia en un libro que vendió más de un millón de ejemplares. Se trata –muchos lectores lo sabrán ya– de Entre limones: un relato divertidísimo a medio camino entre la obra de Gerald Brenan Al sur de Granada (1957), sobre la similar y anterior experiencia de este autor en las Alpujarras, y la joya de Ramón J. Sender que es La tesis de Nancy, retrato de la España de principio de los 60 a través de los ojos de una desconcertada y dulce estudiante estadounidense. Pero, aunque el suyo no sea un caso desconocido, ya han pasado 22 años desde que Chris Stewart escribió aquel primer gran libro suyo y merece la pena recordar ahora el periplo vital que en él nos dejó narrado.

Lo más conocido de él es que fue batería de Genesis y que en 1988 se estableció junto a su esposa Ana en un cortijo de Las Alpujarras granadinas

Lo más conocido de Stewart (Faygate, Sussex, 1951) es que fue batería de Genesis entre 1967 y 1968 –antes que Phill Collins– y que en 1988 se estableció junto a su esposa Ana en un cortijo de Las Alpujarras granadinas llamado El Valero . La compra no fue precisamente un chollo por muy barata que le saliera: la finca está encaramada en una colina, en el margen equivocado de un río, y carecía de agua, electricidad y carretera de acceso. Eso sí, la casa estaba rodeada de olivos, almendros y limoneros. El libro cuenta las peripecias de Stewart y su esposa Ana en los primeros y no fáciles pero sí interesantes tiempos de su nueva vida junto a los variopintos habitantes del pueblo de Órgiva, donde está El Valero y ambos siguen viviendo. Entre limones resultó la primera entrega de una trilogía, completada con El loro en el limonero y Los almendros en flor.

Entre su breve estancia en Genesis antes de que Peter Gabriel lo echara por no dar la talla entre tambores –le dijo– y su larga peripecia en las Alpujarras median unas experiencia menos públicas pero que debieron resultar jugosas. Pues en ese tiempo el bueno de Stewart viajó por India en ambulancia, anduvo de gira como percusionista en el circo de Sir Robert Fossett en el norte de Inglaterra, trabajó como ayudante de porquerizo en una granja de Bramley, Surrey, se convirtió en esquilador itinerante, fue patrón de barco en las islas griegas, se fue a China y escribió una guía de viajes a ese país, aprendió a pilotar aviones y actuó como guitarrista en un restaurante ruso de Londres. Pero la felicidad la encontró en aquel ruinoso cortijo, hoy ya muy arreglado, de la ladera sur de Sierra Nevada.

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