¿Qué podemos esperar de «Patria»?

  • Nunca hubo víctimas de las víctimas

    Por VÍCTOR ARRIBAS

    La actividad asesina de la banda terrorista ETA en España ha tenido glosario en la pantalla en contadas ocasiones. Operación Ogro, La fuga de Segovia, La muerte de Mikel, Días contados… Se ha cuidado mucho el cine español de hacer que la glosa fuera glorificadora, aunque se recreara en la épica del crimen, algo que jamás ha sido épico. Patria no es nada de eso. Es una serie de ficción realista basada en la peor lacra que ha tenido la democracia española, y pretende mostrar las heridas que los asesinos, secuestradores, extorsionadores, acosadores, causaron en todos los estratos de la sociedad vasca, tanto en las familias de las víctimas como en las familias de los terroristas, que se consideran víctimas de las víctimas aunque nunca lo fueran.

    El propósito ya estaba en la exitosa novela de Aramburu, pero ambas dejan tan sólo subliminalmente apuntado que quienes pierden a un ser querido que les es arrebatado violentamente no eligen ni pueden condicionar el destino que les ha tocado, cosa que en cambio sí es posible para quienes ven bajo su mismo techo nacer, crecer y desarrollarse a un monstruo capaz de disparar en la nuca a sus propios vecinos del pueblo. El personaje de su padre, atormentado y hundido moralmente, sabe de lo que hablamos.

    Lo malo de una aventura como Patria es tener que justificar permanentemente la forma en que se ha abordado todo el proyecto, y las intenciones reales al acometerlo. No se justifiquen, han buscado la realidad. No es un trabajo equidistante respecto a víctimas y verdugos, no equipara el dolor de quienes pusieron la nuca y el de quienes apretaron el gatillo: expone que todos en sus respectivas familias sufrieron, padres e hijos. Los integrantes de las dos familias son retratados a cada lado del dolor, y la serie quiere mostrarles dolientes uno por uno, con sus dolorosas vivencias.

    Incluidas las del preso Joxe Mari, que sufre golpes y torturas en comisaría, lo cual sólo aporta la manida deformación de las Fuerzas de Seguridad, reducidas a agentes tardofranquistas en mangas de camisa y con cartucheras sobre los hombros que disponen pruebas falsas y abusan de su autoridad humillando física y psicológicamente a los causantes de tanta desgracia colectiva. Para dicha nuestra, estas secuencias prescindibles son aisladas, porque la historia se preocupa de demostrar que lo más asimilable al dolor de la esposa cuyo marido ha sido tiroteado bajo la lluvia no son los hematomas causados por la policía al asesino tras su detención, sino las heridas causadas por ese mismo asesino en su propia casa familiar. Aunque no compartamos esa teoría, resulta más aceptable que la anterior.

    Patria se permite dibujar caricaturas como la del párroco del pueblo, abertzale cegado por sus fobias, y desliza por esa misma pendiente a la madre del terrorista, antigua amiga íntima de la esposa de la víctima, que acabará por abrazar el credo batasuno sólo por querencia materno-filial. Esas dos mujeres componen el eje de un fresco al natural sobre una sociedad enferma y carcomida.

  • https://www.abc.es/cultura/cultural/abci-podemos-esperar-patria-202009270130_noticia.html

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