¿Qué tiene que ver la ouija con un concierto de Robert Schumann?

Si hoy los melómanos pueden disfrutar del Concierto de violín de Robert Schumann es porque hubo una reunión de espiritismo alrededor de una ouija. La fascinante historia de esta pieza que Schumann escribió en 1853 para el famoso violinista Josef Joachim y que es una de sus más significantes composiciones se remonta al momento en que el compositor afirmó que los temas de la obra le fueron dictados por el difunto Felix Mendelssohn en una sesión de espiritismo.

Tras el intento de suicidio de Schumann al año siguiente y su posterior muerte en un sanatorio, Joachim se negó a interpretar el Concierto, le pareció que era fruto de la demencia y dio instrucciones para que no se diera a conocer al menos en cien años.

Clara Schumann no pudo evitar que Josef Joachim  impusiera su voluntad de confinar el 'Concierto de violín' de s esposo, aquí junto a ella en una. litografía de 1847.
Clara Schumann no pudo evitar que Josef Joachim impusiera su voluntad de confinar el ‘Concierto de violín’ de s esposo, aquí junto a ella en una. litografía de 1847. (Wikimedia Commons)

La obra no se publicó en las obras completas y se mantuvo en secreto todo el siglo XIX. La decisión de Joachim prevaleció por encima de la de Clara Schumann, la esposa del compositor. De hecho, durante ochenta años la pieza permaneció como desconocida para el gran público, sólo un pequeño círculo sabía de su existencia.

Pero en 1933, durante otra sesión de ouija en Londres a la que asistieron las dos sobrinanietas de Joachim, ambas también violinistas, una voz que dijo ser Robert Schumann le pidió a una de ellas, Jelly D’Aranyi, –quien aseguró no tener conocimiento de la obra inédita– que recuperase el manuscrito. Y fue entonces que se presentó también el espíritu de Joachim, fallecido en 1907, indicando el lugar exacto: la Biblioteca Estatal de Prusia.

Una sobrina-nieta del violinista Josef Joachim, para quien Schumann compuso el concierto, dijo haber escuchado la voz del compositor pidiéndole que recuperara la partitura

Pasaron cuatro años hasta que no fue interpretada en público. La editorial le envió la partitura a Yehudi Menuhin, quien a punto estuvo de celebrar su estreno mundial cuando apareció Jelly d’Aranyi reclamando el derecho a ser a primera, dado que fue a ella a quien le fue enviado el mensaje.

Con todo, fue el violinista austriaco quien recientemente –en 1988– se tomó la molestia de volver al original de Schumann y descubrir una serie de errores en la publicación. En total pasaron 140 años antes de que este incunable del repertorio sinfónico que no siempre fue bien comprendido por el público melómano comenzara a ver la luz a su debida manera.

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