¿Quién destruyó realmente la nariz de la Esfinge?

Si fuese a la moda, llevaría mascarilla. Quizás con estampado de camellos o de chacales propios del dios Anubis, guardián, como ella, de las necrópolis. Y así sería imposible ver lo que salta a la vista desde hace siglos: que carece de nariz, aunque quizás ya sea demasiado tarde para ello. ¿Quién no se ha fijado todavía que la famosa esfinge de Guiza es incapaz de olfatear a los intrusos que se aproximan a la meseta donde se alzan las tres pirámides más conocidas del antiguo Egipto?

Esculpida hace más de 4.500 años aprovechando la forma de un montículo de roca caliza, no solo contaba con una magnífica nariz de un metro de ancho, sino que su rostro debía lucir unos vivos colores rojizos. El nemes, ahora deteriorado, que cubre su cabeza, un tocado exclusivo del faraón, mostraría sus tradicionales tonos azules y amarillentos (tal y como se aprecia en la máscara mortuoria de Tutankamon). Y lo que son las cosas. La famosa barba, atributo del rey de Egipto, expuesta en el British Museum, no formaría parte de su look inicial, sino de un añadido posterior.

La Gran Esfinge de Giza y las pirámides de Keops y Micerinos al fondo
La Gran Esfinge de Giza y las pirámides de Keops y Micerinos al fondo (pius99 / Getty Images/iStockphoto)

Son muchos los misterios que rodean esta imponente presencia de cuerpo de león y cabeza de faraón, de 20 metros de alto y 70 de longitud. Se desconoce, por ejemplo, qué rey le prestó el rostro. Muchas teorías apuntan a Kefrén, cuyo templo del valle se encuentra justo al lado, alineado a su pirámide. Aunque otras apuestan por su padre Keops. También sigue siendo una incógnita su verdadera función. ¿Era una simple guardiana de la tumba real?

De lo que no cabe ninguna duda es de su majestuosidad y de su capacidad de causar pavor a quien la observa detenidamente desde su pequeñez. Asombró y fue admirada en su tiempo e incluso fue venerada como un dios en épocas posteriores. Su nombre local en árabe no deja de ser significativo: Abu el-Hol, es decir, padre del terror.

La Gran Esfinge de Guiza​ en El Cairo (Egipto) sobe 1918 y en la actualidad
La Gran Esfinge de Guiza​ en El Cairo (Egipto) sobe 1918 y en la actualidad (: Dittrich, P. – New York Public Library / Givaga – iStock)

Pero mucho miedo no infligió a los ladrones de tumbas, o supieron cómo hacerle frente, que saquearon las pirámides ya en tiempos históricos. Ni tampoco a quien osó mutilarle la nariz. Que, por cierto, no fue Obélix, según mostraron Uderzo y Goscinny en el álbum ‘Astérix y Cleopatra’.

Falsas teorías

Popularmente se atribuye tal fechoría a los soldados de Napoleón. Pero nada más alejado de la realidad. La campaña de Bonaparte en Egipto incluía una importante tropa de sabios cuyo objetivo era documentar la geología, la biología y la historia del país y cuyo trabajo dio como resultado la magnífica obra La description de l’Égypte. Él mismo, atraído por la fascinante civilización y sus leyendas, pasó una noche a solas en el interior de la pirámide de Keops. Para su exoneración definitiva, existe una prueba fehaciente de que la esfinge ya carecía de nariz cuando la visitó: unos grabados realizados por el danés Frederik Ludwik Norden 61 años antes de su llegada.

'Napoleón ante la esfinge', de obra de Jean-Léon Gérôme.
‘Napoleón ante la esfinge’, de obra de Jean-Léon Gérôme. (Dominio público)

También se ha hablado de los mamelucos, aunque la teoría más avalada es la del historiador árabe Muhammad al-Husayni Taqi al-Din al-Maqrizi, del siglo XV, que en su libro más importante, Mawaiz wa al-’i’tibar bi dhikr al-khitat wa al-’athar (acerca del estudio de El Cairo y sus monumentos), cuenta que la esfinge sufrió un ataque iconoclasta orquestado por el líder sufi Sa’im al-Dahr en 1378 al comprobar que los habitantes del lugar todavía realizaban ofrendas a la imagen para atraer buenas cosechas.

El fanatismo del religioso no quedó impune. Fue juzgado y condenado a muerte. La esfinge era mucha esfinge para tolerar actos vandálicos, y sigue siéndolo. Aunque quizás, en realidad, el inexorable paso del tiempo sea el responsable último de su aspecto actual.

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