Raimundo de los Reyes, presidente de los directores de instituto: “Muchos opinan de la ley de educación sin haberla leído”

Raimundo de los Reyes, presidente de la Federación de Asociaciones de Directivos de Centros Educativos Públicos, en su casa.

Enrique García, estudiante de Matemáticas y Física, este viernes en Madrid.
Enrique García, estudiante de Matemáticas y Física, este viernes en Madrid.Victor Sainz

Los datos de inserción laboral y salarios de los titulados en Bachillerato cinco años después de salir del instituto, publicados este viernes por el Instituto Nacional de Estadística (INE), pueden parecer alarmantes: su tasa de paro es seis puntos superior a la de quienes terminaron una FP de Grado Medio. Y el 60% de ellos (20 puntos más que los de Formación Profesional) gana menos de 1.000 euros al mes. Pero esa imagen, concluyen los expertos, es engañosa. La FP de Grado Medio es un título que prepara para ciertos tipos de empleo y aunque la mitad de quienes lo obtienen continúan estudiando, también permite entrar inmediatamente en el mercado laboral. El Bachillerato es, en cambio, poco profesionalizante, pero representa el principal camino a la Universidad, los estudios que, a medio plazo, proporcionan más empleo y mejor retribuido.

A pesar de que un grado universitario dura en teoría cuatro años, la Encuesta de transición educativa-formativa e inserción laboral publicada por el INE refleja que para recoger los frutos de la vía del Bachillerato son necesarios, de media, más de cinco años después de haberlo acabado. Una carrera de fondo que resulta mucho más difícil de aguantar para los estudiantes que proceden de entornos desfavorecidos, advierte Lorenzo Serrano, miembro del Instituto Valenciano de Investigaciones Económicas (IVIE) y especializado en educación.

La anterior edición de la encuesta es de 2007. La nueva, con datos de 27.000 alumnos que terminaron o abandonaron los estudios en 2013-2014, muestra su situación en 2019. La tasa de paro de quienes habían terminado un Ciclo Medio de FP era del 16% (del 22% en el caso de los que cinco años antes habían terminado Bachillerato); el 40% ganaba menos de 1.000 euros (entre los de Bachillerato, el 60%); el 48% entre 1.000 y 1.499 euros (el 27% entre los de Bachillerato), y el 11% más dinero (igual que los de Bachillerato). “Pero hay que tener en cuenta que, de los que terminaron Bachillerato, el 52% seguía estudiando. Y una parte de los que trabajaban lo hacían con empleos marginales que compaginaban con los estudios”, dice Serrano. Entre los que trabajan, muchos, además, acababan de empezar a hacerlo tras al concluir la carrera: el 20% tenía contratos en prácticas o era becario.

Enrique García, estudia Matemáticas y Física en la Universidad Complutense de Madrid. Cuando lo acabe quiere hacer un máster y después, el doctorado. “La Universidad supone por lo menos cuatro años de gasto y de pocos o ningún ingreso. Los que trabajan a la vez que hacen la carrera suelen tardar más en terminar y, además, viven estresados. Si tu familia tiene problemas económicos, creo que es muy difícil”, dice.

Un informe publicado por el INE hace un mes reflejaba que, para los que pueden aguantar, el camino del Bachillerato acaba ofreciendo ventajas, en términos comparativos, en inserción laboral y salario. La tasa de paro entre quienes habían terminado la carrera en 2014 era en 2019 del 8%. Y el porcentaje de los que trabajaban y cobraban menos de 1.000 euros, del 15%. “Los beneficios van aumentando a medida que pasa el tiempo. Si continuáramos observando a estos grupos varias décadas veríamos cada vez diferencias más favorables para los que han seguido estudiando”.

El camino del Bachillerato, sigue Serrano, es como una “apuesta o inversión” a medio plazo. Si sale bien, puede resultar muy rentable. De lo contrario, como también refleja la encuesta, deja a los alumnos en tierra de nadie, con un título con el que es mucho más complicado abrirse paso en el mercado laboral que con la FP de Grado Medio. En 2030, según un estudio de la Comisión Europea, el 65% de las ofertas de empleo requerirán profesionales con cualificaciones medias y un 35% altas, por eso el Ministerio de Educación pretende crear 200.000 plazas de FP en cuatro años.

Cristina Bazán se tituló en 2017 como técnico de Farmacia y Parafarmacia. “Al terminar las prácticas encontré enseguida trabajo, y luego he ido cambiando de farmacia, pero prácticamente no he parado”, asegura por teléfono. “Mi familia es de clase trabajadora, y elegí el Grado Medio de FP porque duraba poco tiempo y podía ponerme a trabajar. Ahora no me planteo seguir estudiando porque me viene muy bien el dinero”, cuenta Bazán. A pesar de llevar tres años trabajando, sigue viviendo en casa de sus padres, jubilados, debido, asegura, al precio de los alquileres en Madrid.

Ismael Sanz, profesor de Economía de la Universidad Rey Juan Carlos, destaca otro resultado de la encuesta: casi la mitad de los alumnos que abandonaron la ESO en el 2013-2014 no habían logrado, cinco años después, ningún título. “No tenemos demasiados alumnos en Bachillerato. Los que nos faltan en la FP de Grado Medio no están en Bachillerato, sino entre los que abandonaron en la ESO”, cree. “Hace años, España tenía una tasa de graduación de universitarios superior a la de la Unión Europea y la OCDE. Entonces yo tampoco pensaba que hubiera demasiados universitarios, porque es una ventaja tener personas más formadas. Pero los últimos datos muestran que ya estamos por debajo del promedio de la OCDE y es muy probable que la Unión Europea nos supere pronto”.

Siga EL PAÍS EDUCACIÓN en Twitter o Facebook

Apúntese a la Newsletter de Educación de EL PAÍS

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *