Ramon Mas: “El videojuego es la ficción del futuro”

Como editor de Males Herbes, Ramon Mas (Sant Julià de Vilatorta, 1982) ha conseguido compaginar el leer y el escribir. Si hace un año y medio retrataba a los jóvenes rurales en contraposición al ámbito urbano en Estigmes, y afirmaba que “en los pueblos los chavales se drogan más”, ahora publica una nueva novela, L’endemà de la teràpia (Edicions de 1984), en que cuestiona el mundo de las terapias alternativas y la autoayuda.

“Se trata de una novela de misterio y amor –cuenta el autor–. Es la historia de un programador de videojuegos que está bloqueado en una nueva creación. Él es de pueblo y se va a Barcelona para un retiro”. Volvemos a Puigsech, claro, una especie de translación de su pueblo natal. Ernest Borginyac “se encuentra con seis personas más en un piso del Eixample siguiendo un proceso terapéutico y espiritual que lo tiene que sacar de ese callejón sin salida para acabar su proyecto”.

Borgine, su nombre de guerra, es un genio de los videojuegos, pero cuando vuelve de la terapia, “las cosas no han ido como tenían que ir, pasan unos hechos inesperados” y ya no explicaremos más. “La transformación vital del personaje a lo largo de ese proceso no es lo que esperaba, lo lleva hacia el horror”, afirma.

En la novela hay una visión satírica y humorística sobre la obsesión por ser felices”

En la novela, sin embargo, “hay una visión satírica y humorística sobre esta obsesión por ser felices”, puntualiza, y añade: “Creo que corren unos tiempos donde se está entendiendo que el dolor, el malestar, los problemas propios de vivir son patologías. Como si el estado natural del ser humano fuera la felicidad y cualquier desviación se tuviera que tratar”.

Por eso se rebela contra los pseudoterapeutas que nos rodean: “En muchos casos no son nada más que máquinas tragaperras. Si estás enfermo o se te muere alguien, es lógico que estés mal”. Uno de los personajes que tiene más los pies en el suelo y con quien Mas se identifica sentencia que la felicidad “es fugaz como un orgasmo”.

No se puede estar bien sin estar mal; no se puede eliminar la parte desagradable de la vida y solo vivir bien. Las doctrinas espirituales orientales que ahora se banalizan incluyen las dos partes, el yin y el yang, la oscuridad y la luz. No se puede eliminar la oscuridad”, afirma.

Las doctrinas espirituales orientales que ahora se banalizan incluyen las dos partes, el yin y el yang, la oscuridad y la luz. No se puede eliminar la oscuridad”

La novela presenta este objetivo: “He querido ridiculizar a esa gente que coge tradiciones esotéricas milenarias y las vende en cursillos de tres semanas o tres meses y tú ya puedes practicar la cábala, por ejemplo. Es lo que hace el capitalismo con estas cosas: las empaqueta, las banaliza y saca un beneficio”.

El lector se encuentra con una nueva palabra, rosegabudes, que es una evolución del rosegaaltars (meapilas): “Que quede claro que considero muy serias las doctrinas orientales. Es verdad que la pérdida de peso de la religión católica hace que la gente no tenga mucho donde agarrarse. Muchas veces esos tipos de autoayuda se disfrazan de ciencia porque la ciencia ha ocupado un poco el sitio de la religión. Está la aromaterapia, la cromoterapia… que se disfrazan de ciencia”.

La novela construye la historia a partir de la visión de diferentes personajes, después llega el núcleo de la novela, y el desenlace se explica a partir de noticias aparecidas en los medios de comunicación de diverso alcance, desde los diarios generalistas, como La Vanguardia, hasta los más específicos, que tocan temas esotéricos o del ámbito del videojuego. “No hay una sola realidad –opina Mas–, y todas esas voces forman una investigación para averiguarla. Solo nos podemos acercar a la realidad construyendo una ficción. Ni el punto de vista de la madre ni el artículo del diario son la verdad”.

Ha habido una voluntad de dignificar el mundo de los videojuegos como creador de ficciones. Creo que quizá será la ficción del futuro y me merece mucho respeto. Para mí, un creador de videojuegos es equivalente a un director de cine o a un escritor”

El mundo de los videojuegos también forma una realidad virtual dentro de la novela. “Ha habido una voluntad de dignificar el mundo de los videojuegos como creador de ficciones. Creo que quizá será la ficción del futuro y me merece mucho respeto. Para mí, un creador de videojuegos es equivalente a un director de cine o a un escritor”.

La chispa de la novela es “una reacción, una pataleta por la falsa promesa de felicidad permanente, de la indignación por la aceptación del placebo sin proceso crítico, de creer ciegamente, cuando algunas de esas disciplinas son claramente fraudulentas, una tomadura de pelo”.

Una sátira bien hecha provoca que quien la lee crea que el autor se está riendo de todo el mundo menos de él. Ya lo decía Jonathan Swift, el gran maestro de la sátira. Esta es un poco la intención, también por quien niega del todo los beneficios de la autoayuda, porque aquí están pasando cosas. No soy un escéptico de las cuestiones espirituales y esotéricas, pero me indigna la banalización y la comercialización que se hace de ellas. Es como reírse de la naturaleza propia de estas disciplinas”, razona Mas.

La paradoja es que este libro puede llegar a ser de autoayuda para reflexionar sobre la autoayuda: “Cualquier libro que te marque te ayuda a crecer y conocerte mejor a ti mismo. Lo que me parece absurdo es un libro que solo sea eso. Un buen libro te tiene que hacer reflexionar sobre tu punto de vista de las cosas. Te puede remover emocionalmente o te puede hacer replantear cosas. Pero lo que he querido sobre todo con este libro es que fuera divertido y distraído, con un poco de intriga y de misterio. Una historia que atrape”, concluye.

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