Reguetón, una historia de rock'n'roll

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El reguetón, ese infeccioso soniquete que se ha convertido en agente cultural de primer orden y que está definiendo la estética musical del siglo XXI, tiene una historia llena de poderosos paralelismos con el rock’n’roll. Ambos términos empezaron a aparecer por primera vez en las letras de algunas de las canciones más antiguas del género. «Reguetón», en los primeros temas de Daddy Yankee para los mixtapes del productor puertorriqueño DJ Playero, y «Rock», en las grabaciones de Buddy Jones, Sister Rosetta Tharpe o Wynonie Harris. Los dos vocablos fueron finalmente popularizados por un locutor de radio, Luis J. Ortiz «El Coyote» en el caso del reguetón, Alan Freed en el del rock’n’roll.

Cuando estos dos estilos se posicionaron en el tablero de la música popular fueron tachados de vulgares e hipersexualizados. Los pioneros de ambos movimientos quedaron eclipsados por el éxito de los artistas de la segunda ola. Y a pesar de que aquí hay una diferencia importante, al no haber aparecido (todavía) ningún blanquito que les robe la gloria a los latinos (quizá Juan Magán, durante un suspiro), se podría decir que el reguetón tiene a su propio Elvis. Ese tipo que arrasa a cada paso y al que ahora todos quieren imitar: Bad Bunny. Se ha dicho que es el nuevo Bob Dylan porque su irrupción ha causado el rechazo frontal de la vieja guardia musical (comparando el vendaval de abucheos de Newport con el rechazo del universo pop-rock), pero con quien Dylan rompió fue con los suyos, y eso no se cumple en el caso del puertorriqueño. Aunque haya intentado calarse la boina de revolucionario sónico al meter guitarras y ritmos pop en su nuevo disco, ningún fan del reguetón (del de ahora, no el «de la mata», el genuino) ha visto en ello el menor rastro de sacrilegio.

Entrevistar a Bad Bunny para hablar de todo esto, y de cómo el reguetón ha conquistado España sin hacer prisioneros, es tarea imposible. Dj Playero y El Coyote están vivos y activos, pero a pesar de lanzarles varias peticiones para charlar, no dan respuesta. Así que recurrimos a alguien con un perfil menos mediático, pero seguramente no menos interesante: Víctor Sánchez Rincones, uno de los mayores expertos en la materia por estos lares, y locutor del podcast de Subterfuge Radio «No sólo reggaeton».

Víctor Sánchez
Víctor Sánchez

Al hablar sobre la consolidación del género en España, este veterano periodista y promotor de conciertos, al que sólo le falta hacer de productor para convertirse en el Mariskal Romero del reguetón, identifica otra similitud con el desarrollo del rock’n’roll en Estados Unidos. «Todo empezó en las discotecas latinas, hacia 2004. Al principio sólo iba clientela latina, aquellos locales eran como guetos. Pero poco a poco empezaron a aparecer españoles, y ya en la siguiente década se pusieron de moda las sesiones de tarde y ¡boom! La cosa estalló». Lo mismo pasó en los locales para negros de principios de los años cincuenta. Eran un territorio sin el menor interés para los blancos, hasta que de pronto, adolescentes como el propio Elvis quedaron cautivados por el último ritmo de moda y empezaron a visitarlos asiduamente. «De las discotecas también pasó a los parques de las ciudades -explica Sánchez Rincones-, donde se empezó a ver a jóvenes latinos escuchando reguetón con chicos españoles. La música rompió el gueto». Fue en esa época, hacia 2011 y 2012, cuando la chavalada de los barrios obreros de las grandes ciudades empezó a ir a tiendas de ropa, peluquerías y tiendas de alimentación latinas. A integrar lo latino en su propia cultura, en definitiva.

De perreo en una discoteca latina – De San Bernardo

Víctor Sánchez observó y analizó todo ese proceso con una mirada periodística. Porque antes de llegar a España, en 1999, Víctor Sánchez ya era un reportero curtido. Trabajó en El Universal de Cartagena, donde debutó como entrevistador musical, y después en El Meridiano de Córdoba en la sección de Orden Público, escribiendo una serie de reportajes sobre las guerrillas paramilitares que comprometió su propia seguridad. Veía auténticas masacres y decomisos de toneladas de cocaína a diario, subía a helicópteros del ejercito para cubrir sus operaciones y, en definitiva, vivió «en el filo de la vida y la muerte». Finalmente tuvo que huir de su país amenazado de muerte, tras publicar una información sobre un grupo paramilitar en la que señalaba al responsable de una serie de secuestros. Reporteros sin Fronteras le dio opciones de irse a trabajar a Costa Rica, a Canadá o a España. Se decidió por nuestro país, y le destinaron al País Vasco. Allí estaba solo, descolocado, y acabó cayendo en una fuerte depresión. «No era mi mundo. Un chico del Caribe, en un lugar tan frío… No veía mi futuro. Me sentía abandonado y triste, como si mi vida se acabara. Lloraba todas las noches, muchísimo». Se marchó a Madrid, y gracias a Reporteros sin Fronteras consiguió ayuda psicológica, y también burocrática para conseguir el asilo político. Dejó el periodismo, empezó de cero y se puso a trabajar recogiendo basura en el aeropuerto de Barajas.

Un tiempo después, en 2008, su hermana vio que necesitaban un redactor en el diario Latino, pero él no quería volver al oficio. «Ejerciendo el periodismo me habían pasado las peores cosas de mi vida, así que no quería saber nada», explica. Ella mando su currículum sin que él lo supiera, y resultó que el jefe de redacción había sido su jefe en Colombia. «Dijo que me contrataba porque sabía que era un guerrero», recuerda orgulloso. A los dos meses, investigando sobre el asesinato de un joven español a manos de un dominicano en Villaverde, tuvo la mala suerte de toparse con un grupo de nazis que le dio una paliza espantosa. «Casi me matan, y a raíz de esa «pela» que me dieron, el Latino se hizo famoso. Esperanza Aguirre vino a la redacción, y después me llevaron de gira a Colombia y Ecuador para contar mi historia. Esperanza daba las ruedas de prensa en el avión (risas). Aquellos nazis me dieron la «pela» más grande de mi vida, pero lo que más me dolió fue que cuando me metieron en la ambulancia, oí a varios vecinos gritándome que me fuera a mi país, que lo tenía bien merecido».

Por aquella época empezaban a llegar a España los primeros artistas latinos de nuevo cuño que venían a hacer promoción. Pero no encontraban cabida en ningún medio. «Todos venían al Latino», cuenta Víctor, que entrevistó a Camila, Prince Royce, Daddy Yankee, Don Omar, Tego Calderón y muchas otras figuras que ahora son celebridades. «El periódico era como una torre de Babel. Había periodistas colombianos, chilenos, ecuatorianos, venezolanos, españoles… funcionaba muy bien y nos insertaban mucha publicidad porque en esa época la economía iba bien, y los inmigrantes empezaban a tener dinero. Pero la crisis de 2009 lo mató».

Prince Royce – ABC

El desempleo le duró poco. Al cabo de unos meses le llamo el productor Marcos Calvo y le dijo: «He visto que escribes sobre música latina, y yo necesito ayuda. Quiero que promociones un concierto de Juan Magán en La Cubierta de Leganés». Víctor aceptó el trabajo, la campaña salió de rechupete y a partir de ahí siguió encadenando encargos. «Sony me llamó para promocionar a Camila, fui jefe de prensa de la primera gira de Romeo Santos, y después vinieron Don Omar, Daddy Yankee, Nicky Jam, Maluma…» y un largo etcétera hasta hoy, cuando ya ha consolidado su agencia de comunicación, El Poder de tu Música.

Hace unas semanas, Sánchez estrenó su podcast «Más que reggaeton», y ya está dando mucho que hablar porque está sacando oro de sus entrevistas a las figuras del momento. «Sentía la necesidad de abordar al artista desde otro punto de vista, más emocional y humana. Conocer la parte escondida detrás del personaje. No quedarme en los hechos musicales, que es lo que suele pasar en todos los medios de comunicación. Hago preguntas que otros no se atreven hacer. Puede que el entrevistado no quiera responder, pero no pierdo nada. A veces, llevo las entrevistas al extremo, y el artista termina echándose a llorar. Quiero ser un psicoanalista, llegar al fondo del asunto. Saber por qué ese artistas compone esas canciones, porque suele haber mucho dolor detrás. En el género urbano hay muchos artistas con carencias afectivas, y me gusta desnudar al artista para llegar hasta ellas, y entender cómo han influido en su obra».

Sánchez publicó recientemente un podcast en el que lanzaba una crítica furibunda a los periodistas que han tratado con desdén, incluso con elitismo y clasismo a los nuevos artistas latinos. «No fue un ataque, fue un reclamo que hice desde las entrañas, porque estaba frustrado. ABC nunca me ha dado la espalda. Por ejemplo, ustedes sacaron a Karol G cuando el resto de los medios la rechazaron. «No me interesa, ¿quién es esa?», decían. Mira quién es hoy en día. Yo hice la primera promoción de J Balvin, cuando sacó el disco «La Familia», y el único medio generalista que conseguí que lo entrevistara fue 20 Minutos, y porque conocía a una periodista que trabajaba allí. Aun así tuve que rogar y rogar para que le hiciera la entrevista. Ahora está pasando lo mismo con Fran Rozzano. Trabajé con él y lo ofrecí para entrevistas, y para colaboraciones. Me lo despreciaron. Y ahora lo ha fichado Daddy Yankee y es una estrella global. No hay que subestimar a nadie en el mundo de la música, a nadie. Porque quien parece que no es una estrella, puede serla al día siguiente. Los fans pueden convertirlo en estrella en cuestión de horas, quieran o no quieran los medios tradicionales».

Cuando una superestrella del reguetón aparece en los medios de comunicación tradicionales, ocurre algo muy curioso: sus entrevistas no suelen dar muchas visitas. ¿Es porque no se les hacen las preguntas correctas? ¿O quizá tenga que ver que esos artistas jamás comparten sus entrevistas en sus redes? «Yo también me he hecho esa pregunta. Por qué no les gusta compartir las entrevistas. Pero creo que tiene más que ver con que no se dan cuenta o no tienen tiempo para postearlas, que con un rechazo», dice Sánchez, antes de señalar otro fenómeno que está ocurriendo en la música urbana, en cuanto a la relación con la prensa generalista. «Hay tres influencers que se están llevando el gato al agua: el famoso Molusco de Puerto Rico, Chente, también de Puerto Rico, y Alofoke de República Dominicana. Cuando ellos entrevistan a Bad Bunny, tienen un millón y medio de visitas en un día. Eso es lo que los artistas están buscando. Se están dando cuenta de que las páginas urbanas, los Instagram de reguetón, es un movimiento que les da más visibilidad que ir a un plató de televisión. También porque en la tele no se sienten cómodos, porque les preguntan si tienen novia, qué comen, tonterías por el estilo. Ahora no necesitan nada de eso, ni pasar por la radio. Con viralizar una canción en TikTok, entras al Top50 de Spotify».

Las discográficas españolas han tenido una actitud muy similar. «Nunca he podido trabajar con una «major»», se lamenta Víctor. «Si tú entras en una multinacional y dices «levanten la mano los que les guste el reguetón», nadie alza la mano. No les gusta. Hay un desconocimiento enorme, y es ahora cuando se están dando cuenta de que la música urbana es un nicho de negocio enorme, que está dando unas cantidades brutales de dinero. Juan Diego Medina, mánager de Nicky Jam, Manuel Turizo y otros artistas, dijo en una entrevista que la música urbana es como el narcotráfico, porque de la noche a la mañana puedes ganar tres millones de dólares con una canción. A los jefazos de las multinacionales no les preocupa la pandemia, porque el streaming sigue generando muchísima pasta, y los artistas más top están sacando discos cada tres meses. Porque esa es otra: como no hay conciertos, los artistas hacen singles cada semana. Y featuring, featuring, featuring, featuring, featuring…. es un negocio que está generando mucho, mucho dinero a las multinacionales, que son accionistas de Spotify».

Bad Bunny – ABC

Hay una cuestión importante que la pandemia ha puesto en pausa: la de la traducción de las cifras de streaming en entradas de conciertos. No son pocos los artistas urbanos que tienen medio millón de seguidores en las redes, y luego no son capaces de llenar recintos de diez o quince mil. Le preguntamos a Víctor si cree que Bad Bunny llenaría él sólo el Santiago Bernabéu, y responde que «lo petaría», antes de recular para decir: «Bueno, veinte o treinta mil personas sí metería». ¿Entonces, cómo se come que el artista más grande del planeta no sea capaz de llenar un estadio? «Es que ochenta mil personas no las va a meter nunca», explica Víctor, «porque la mayoría de sus seguidores son muy jóvenes y no tienen dinero para comprar una entrada de cincuenta euros. Y en muchos casos, sus padres tampoco».

Por razones pandémicas y económicas queda asumido, pues, que la explosión de este movimiento sobre los escenarios aún está lejos de acercarse a la que ha generado en el ciberespacio, donde no paran de surgir nuevas tendencias sin apenas dar respiro. El propio Víctor asegura que a veces él también siente que se queda desfasado, y tiene que dar un buen repaso de artista emergentes. «¿Qué será lo próximo en este universo musical?», responde a la última pregunta. «El dembow dominicano y el drill. Son los subgéneros que van a pegar fuerte en los próximos meses». Él sin embargo, tiene la mirilla puesta en otro objetivo. «Quiero convertirme en un periodista defensor del vallenato fuera de las fronteras de Colombia. Voy a publicar un libro sobre ello, además estoy entrevistando a todos los artistas importantes del género, y está trascendiendo en mi país. Eso me da mucha satisfacción».

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