Retrato de Quino a doce manos

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Autorretrato de Quino

Retrato de Quino a doce manos

José María Gallego (Gallego & Rey), Idígoras y Pachi, El Roto, Sansón, Nieto y Puebla recuerdan al genial dibujante. Todos se rinden al maestro

Madrid Actualizado: Guardar

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Acostumbrados a «hablar» diariamente sin palabras desde las viñetas en sus respectivos periódicos, seis dibujantes dejan sobre la mesa sus lápices y hacen una excepción por la muerte de Quino: trazan para ABC un certero y emotivo retrato, con palabras, del genio argentino.

José María Gallego (Gallego & Rey) confiesa que era un lector de «Mafalda» en su juventud («tenía la colección completa») y se declara un gran admirador de Quino: «Tuve ocasión de conocerle personalmente en Oviedo, en un homenaje que se le hizo con motivo del premio Príncipe de Asturias. Fue un gustazo conocerle. He sentido muchísimo la noticia de su muerte. Era un tío estupendo y un dibujante maravilloso. No sólo “Mafalda”, sino muchísimos de sus chistes sin palabras, que eran una auténtica delicia para los sentidos. Me gustaban más que “Mafalda”. Quino tenía un humor finísimo, un dibujo exquisito… Era muy meticuloso en el dibujo. Le gustaba ser muy perfecto. Hasta que no encontraba lo que quería, no se quedaba a gusto».

Recuerda que Quino le tenía manía a Mafalda: «Le cogió tirria. Es lógico, después de dibujar tantos años los mismos personajes. Pero tienen una humanidad y un encanto indiscutibles. No solo Mafalda, sino toda la panda de personajes que le acompañaban, que eran deliciosos. Me gustaba mucho Felipe, era mi personaje favorito. Era muy gracioso. Y Manolito, Libertad… Son una maravilla». Aunque advierte que su dibujo no es nada parecido al de Quino, sí reconoce que le han influido sus personajes: «Hay cosas que he asimilado de él, lógicamente». En su opinión, Mafalda «tenía mucho contenido. En el mundo de habla hispana, sus tiras tenían una importancia política indiscutible. Había una crítica sutil, pero muy abierta, muy expresiva de una situación de injusticia social en todo el mundo, aunque con un reflejo más vivo en América Latina. La injusticia social, la injusticia ecológica… Adelantándose a nuestro tiempo, hablaba con la Tierra, se preocupaba de lo que estábamos haciendo con el mundo. Todos los valores de Mafalda eran muy válidos. Por eso le gustaba a la gente joven y tuvo tanto éxito. Además, su gran sentido del humor te hacía pasar unos ratos muy divertidos. El humor es la mejor manera de comunicar mensajes. Quino era muy argentino, pero también era universal».

José María Nieto, por su parte, advierte que Quino, «como Bill Watterson o Gary Larson, pertenece a esa categoría de humoristas gráficos tan exigentes con el esfuerzo de ingenio diario que en un momento dado deciden que no pueden más y abandonan a sus personajes para desesperación de los seguidores de Mafalda, de Calvin y Hobbes o de The Far Side, respectivamente. En el caso del argentino solo dibujó a Mafalda durante nueve años, lo que no impidió a la “niña repelente progre” convertirse en el dibujo en español más leído y traducido del mundo». En su opinión, el éxito de Joaquín Salvador Lavado «se explica, además de por dicho esfuerzo de ingenio, por su dibujo elegante y meticuloso, por la humanidad de sus personajes, con esa mezcla exquisita de vitalidad y tristeza, de inocencia infantil y descreimiento adulto; de esperanza y enfado ante la injusticia. Nos deja uno de los autores más influyentes del género y no hay un solo dibujante en este extremo de la Vía Láctea que no haya enfrentado alguna vez a sus monigotes a un globo terráqueo emulando a la niña morenita y mofletuda».

Idígoras y Pachi se suman al homenaje a Quino. «Quino innovó tanto en el humor que lo revolucionó todo. Fue una revolución en el humor gráfico, como lo fue el surrealismo o el cubismo. Todos los que venimos detrás de él hemos bebido de su maestría, hemos intentado inspirarnos un poco en él. Me gustan más las páginas que las tiras de Mafalda, pero Mafalda es historia del humor y del cómic». ¿Dónde radica la clave de su éxito? ¿En esa mezcla de acidez y ternura? «Incluso a los personajes «malos» que dibuja se les coge cierto cariño. Tienen una maldad tan tierna… Decía verdades como puños, que en esa época no estábamos tan acostumbrados a verlas como ahora. Las decía delicadamente, pero era como si soltara una bomba». Destacan Idígoras y Pachi que Quino ha muerto un día después del cumpleaños de Mafalda (el 29 de septiembre de 1964). Y recuerdan que los padres de Quino nacieron en Fuengirola: «Era argentino, pero era del mundo. Quizás se le quedó chico tener un solo país a una persona tan grande. Si contamos a los grandes dibujantes de humor con las manos, uno de ellos es Quino, sin duda».

Para Sansón (Rafael Vega), la gran virtud de Quino «es que tenía un corazón inmenso. Lo que hacía era dibujar el corazón que teníamos todos. Encontró ese punto que hay en común en todos los hombres, en todas las mujeres: ese niño que llevamos dentro. Y consiguió que nuestro niño interior estuviera siempre vivo. Es lo que conseguía con cada una de sus viñetas. Era un poeta de la infancia; el padre de todos, como decía Forges. Fue realmente quien inventó este oficio. Era muy bondadoso, con una alegría de vivir que te transmitía en las distancias cortas y en las largas. Lo tenía en sus viñetas y en su presencia. Alguien capaz de convertir en sencillo todo lo complicado. Sus viñetas son una gran medicina para el alma, y lo será generación tras generación». Mafalda, confiesa, es uno de sus personajes favoritos: «Con 10 u 11 años descubrí a Mafalda y me enganché a las tiras. Pero he de confesar que el personaje que más gustaba, del que estaba absolutamente enamorado, era Guille y su lápiz, en el que cabían cosas inimaginables, pintando en las paredes de casa. Me marcó desde pequeño». Quino, prosigue Sansón, «se enfrenta a una dictadura militar, vive en una Argentina terrible. Siempre ha sido un hombre muy comprometido. Trata la amargura con una sonrisa, con alegría, con sencillez… Nos ha dejado la fórmula perfecta para acabar con la maldad: la sencillez, el amor y la alegría. No había maldad que pudiera con la bondad de Quino. No solo era capaz de conectar con cualquier cultura, sino con cualquier generación. Hoy le enseñas a un niño las primeras tiras de Mafalda, de los años 60 y 70, y conecta exactamente igual, porque habla de los grandes temas. Es un clásico. Y, como todos los clásicos, habla de los grandes temas y se convierte en algo atemporal. Habla de poderosos y oprimidos, habla del abuso de poder y de las víctimas, habla de libertad e igualdad. Y lo hacía a través de la familia, del amor y la incertidumbre de la familia. Esa supervivencia cotidiana del hombre sencillo, del hombre de la calle. Convertir a una niña y su pandilla en unos grandes superhéroes sin capa y con músculo intelectual y batirse contra las prejucios, las vanidades, las arrogancias. Fue un pintor de superhéroes y conectó con todos nosotros».

Andrés Rábago, El Roto, destaca la extrema bondad como principal característica de Quino como persona y como dibujante. «Teníamos un editor común y mantuvimos algunos encuentros. De su trabajo emana una gran humanidad y una gran bondad». Ambos tienen líneas de trabajo muy distintas: «Él practicaba un tipo de dibujo que estaba quizás un poco alejado de la línea más plástica. Su línea es puramente descriptiva. Y creo que esa claridad descriptiva es una de sus principales virtudes como dibujante». Cree El Roto que «no hay duda de que su visión era crítica sobre la realidad social y lo plasmaba de una manera que podemos llamar tierna. Pero creo que lo que pretendía era que tuviese eficacia. Le gustaba la eficacia, incluso didáctica, tanto en el dibujo como en el contenido. Era una especie de maestro de escuela, de viejo maestro que intenta enseñar a los niños que son adultos, porque él no se dirigía a los niños, sino a los adultos, que veía como niños». ¿Su dibujo favorito? «A Mafalda la he seguido más a través de mi hija. A mí me gustaban mucho las páginas de historieta que hacía. Esas historias eran realmente de gran calidad. Quino tenía una visión a largo plazo, en profundidad. No se ocupaba de la anécdota inmediata, sino de los temas de fondo, trascendentes».

José Manuel Puebla dice que Quino «consiguió, a través de Mafalda, practicar un firme activismo contra las injusticias y la intolerancia desde una ternura y amabilidad insuperables. Pero, aparte de Mafalda, me fascinaba su otro mundo fuera de esa tira: unos volúmenes de humor en los que retrató la sociedad, la política; practicó el humor absurdo. Es una obra inconmensurable». «Uno de los momentos más felices que he tenido en mi vida -advierte Puebla- fue cuando el Instituto Quevedo del Humor, que ha tenido una relación muy estrecha con Quino, impulsó su candidatura para el premio Príncipe de Asturias. Se le hizo un homenaje en Oviedo dos días antes de la entrega del galardón. Guardo un recuerdo imborrable». Destaca Puebla que las tiras de Mafalda tienen «una carga de profundidad tremenda». Así, explica que la sopa que aborrecía Mafalda «significa, en realidad, el ejército y la represión militar». También subraya el hecho de que Quino comenzó su carrera como publicista, su manejo del eslogan… Mafalda nació para un anuncio: «Hay muchas frases de Mafalda que se han hecho famosas y que son una especie de eslogan publicitario, pero con un mensaje». ¿Se considera heredero de Quino? «Hace un tipo de dibujo que me gusta mucho, un dibujo claro. Al igual que Mingote, Quino dice mucho desde la ternura. Ambos te pueden dar un puñetazo envuelto en papel de caramelo. Sus personajes, sin gritar, llegaban a más personas».

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